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viernes, marzo 6, 2026

El nuevo tiempo del CONACYT y la necesidad de recambios

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Desde el inicio de su gestión, el presidente Santiago Peña confió la conducción del CONACYT al Dr. Benjamín Barán, un referente indiscutido de la investigación científica, reconocido nacional e internacionalmente por su excelencia, rigor y compromiso con el país. Fue una decisión visionaria que colocó al frente de la institución a un científico de probada solvencia moral y académica. Hoy, esa visión debe profundizarse con una renovación integral del Consejo y un horizonte claro: una ciencia al servicio del Paraguay.

El vencimiento del mandato de todos los consejeros y representantes del CONACYT marca un punto de inflexión para la ciencia paraguaya. Es el momento de un recambio generacional, institucional y ético que reoriente la política científica hacia los verdaderos intereses estratégicos de la nación.

Durante años, un grupo de investigadores desempeñó un papel importante en la consolidación institucional del CONACYT. Pero todo ciclo cumple su etapa, y la vitalidad de una institución se mide por su capacidad de renovarse sin romper su continuidad. Ha llegado la hora de dar espacio a nuevas generaciones de científicos y académicos, muchos de ellos formados con recursos del Estado a través de BECAL, que regresaron al país con nuevas ideas, nuevas redes y una profunda vocación de transformación.

El desafío es que la ciencia paraguaya oriente más claramente su producción hacia el desarrollo nacional, con líneas de investigación alineadas a los intereses estratégicos del país en todas las disciplinas: desde la tecnología y la ingeniería hasta las ciencias sociales y las humanidades. La investigación debe tener utilidad pública y traducirse en soluciones concretas para la economía, la educación, la salud, la producción y el bienestar del pueblo.

Esa transformación exige también poner fin a las lógicas corporativas que han concentrado recursos y decisiones en pocos espacios. El conocimiento no puede ser patrimonio de claques ni de grupos de poder; debe ser una construcción colectiva, abierta y transparente. Por eso, es momento de liberar al Dr. Barán de cualquier captura de intereses particulares y consolidar un nuevo consejo con hombres y mujeres que representen la renovación y la innovación.

A la par, el nuevo CONACYT debe ejercer una creatividad institucional inédita para garantizar la sustentabilidad del financiamiento de la ciencia. La búsqueda de fuentes mixtas, alianzas público-privadas responsables y mecanismos innovadores de inversión en conocimiento serán claves para sostener en el tiempo una política científica autónoma y vigorosa.

Finalmente, la ciencia paraguaya necesita salir de su círculo técnico y hacerse visible para toda la ciudadanía. Es hora de una difusión amplia, masiva y estratégica del papel del CONACYT, mostrando que cada investigación, cada beca, cada innovación que apoya esta institución tiene un impacto directo en la vida del pueblo paraguayo: en la calidad de sus escuelas, en la productividad de su campo, en la salud pública, en la protección del ambiente y en la creación de oportunidades.

El Paraguay cuenta con talento, con instituciones y con liderazgo para dar este salto. El Dr. Benjamín Barán puede ser el artífice de esta nueva etapa: una ciencia plural, creativa, sostenible y profundamente nacional, que ponga el conocimiento al servicio del desarrollo y de la dignidad del país.

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