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viernes, marzo 13, 2026

Asunción 2026: internas opositoras, el golpe de Kattya y la incógnita liberal

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El tablero opositor en Asunción comenzó a clarificarse, pero no necesariamente a ordenarse. La disputa por la candidatura única de la oposición capitalina tiene ya dos protagonistas visibles: Johanna Ortega y Soledad Núñez, ambas con buena valoración en la opinión pública, presencia consolidada en redes y una capacidad discursiva que las diferencia del resto del campo opositor. Sin embargo, el factor que reconfiguró todo el mapa no fue la declinación del concejal Álvaro Grau, sino el respaldo explícito de Kattya González a Ortega, hecho que selló un nuevo equilibrio de poder dentro de la oposición y dejó al Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) en el centro de la incógnita.

Durante semanas, los rumores apuntaban a que Kattya podría convertirse en la “candidata de consenso” dentro del espacio opositor, aglutinando a los sectores liberales, progresistas e independientes. Esa hipótesis se desvaneció el 25 de octubre, cuando País Solidario proclamó oficialmente a Johanna Ortega como su precandidata para la Intendencia de Asunción y Kattya tomó el micrófono para hacer público su respaldo. La presencia de la senadora Esperanza Martínez completó la escena: la izquierda urbana, hasta entonces dispersa, se alineó detrás de una figura con trayectoria, discurso ético y una narrativa de control ciudadano que resuena especialmente en los votantes jóvenes y en los sectores medios desencantados con la política tradicional.

Del otro lado del espectro opositor, Soledad Núñez mantiene un perfil más ecléctico, apoyado en su fe en la tecnocracia y en un discurso centrado en la gestión y las políticas públicas. Su zona de confort no está en la tribuna sino en la planificación: habla de digitalización, eficiencia del gasto, transparencia administrativa y combate al planillerismo. Formalizó su plataforma con la inscripción de “Alternativa Asunción”, recibió el respaldo del PDP anunciado por Desirée Masi, y trabaja en sumar sectores liberales y ciudadanos que buscan una opción opositora sin carga partidaria.

En este sentido, Núñez representa la continuidad de un proyecto de modernización con sello técnico, mientras Ortega capitaliza el lenguaje de la representación política y la energía militante. Ambas tienen buena llegada mediática y social: en el CIIS, Ortega y Núñez se encuentran entre las figuras opositoras con mayor imagen positiva, y comparten la capacidad de conectar con públicos distintos, parcialmente solapados, pero estratégicamente complementarios.

Sin embargo, el elemento que podría definir el curso de la interna opositora no está en las candidatas, sino en el PLRA, cuya decisión marcará el rumbo final. El liberalismo habilitó formalmente alianzas y concertaciones durante su Convención Extraordinaria del 12 de octubre, pero en Asunción aún no definió cómo ni con quién aplicará esa autorización. El hasta ahora precandidato Agustín Saguier “evalúa su continuidad” y es probable que en los próximos días anuncie su retiro de la carrera, ya que en las bases liberales la discusión dejó de ser “quién más se suma” para pasar a “¿Sole o Johanna?”.

Si el PLRA termina apoyando uno de los dos carriles —como parece inevitable—, la oposición habrá dado un paso sustancial hacia la simplificación del mapa electoral. Si, en cambio, se demora en definir un método, corre el riesgo de perder el impulso que ambas candidatas han sabido construir en estos meses.

El problema estructural sigue siendo el método de selección. Ortega insiste en una elección interna, incluso con un formato flexible de “urnas delivery”, como ya se ensayó en otras experiencias opositoras. Núñez, en cambio, propone una definición por encuestas, bajo el argumento de que ese mecanismo permite ahorrar tiempo, recursos y evitar fracturas. Ambas posiciones tienen lógica, pero la falta de una decisión compartida y verificable mantiene al bloque opositor atrapado en su paradoja: dos candidatas con potencial competitivo, pero sin una estructura que garantice que la competencia derive en unidad.

El contraste con la disciplina organizativa del oficialismo no necesita ser subrayado. Donde el Partido Colorado cuenta con un sistema consolidado de internas, competencia y unidad posterior, la oposición sigue debatiendo cómo elegir y con qué reglas. Esa diferencia no es ideológica, sino institucional: quien define antes, controla el ritmo de la agenda pública.

La oposición tiene dos candidatas con discurso y buena imagen. Ambas con historias capaces de conectar con un electorado urbano golpeado de las promesas y las gestiones ineficientes. Si logra establecer un mecanismo claro —sea una primaria abierta con árbitro y fecha o una encuesta auditada con parámetros públicos—, la oposición podría transformar la fragmentación en fortaleza y llegar al tramo final con una candidatura única y un relato coherente.

El mapa hoy muestra lo siguiente: Johanna Ortega, respaldada por Kattya González y País Solidario, representa el núcleo ético y militante del campo progresista; Soledad Núñez, sostenida por el PDP y sectores liberales, encarna la apuesta por la eficiencia técnica y la gestión moderna. Entre ambas se juega no solo la interna, sino el ensayo general de lo que podría ser —si hay método— una oposición capaz de articularse en torno a un proyecto de ciudad y no a una suma de nombres.

La incógnita liberal, el peso del método y la inteligencia política para administrar la competencia marcarán si esta oportunidad se consolida o se disuelve.

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