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sábado, marzo 7, 2026

Hambre Cero, Che Róga Porã y las titulaciones del INDERT: el círculo virtuoso que ya dinamiza la economía real

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Un almuerzo caliente que llega 180 días al año, una cuota hipotecaria al precio de un alquiler y un título de propiedad que abre la puerta del crédito: tres políticas distintas —Hambre Cero, Che Róga Porã y la titulación masiva del INDERT— están moviendo dinero, empleo y confianza en los barrios y en el campo. No son promesas: ya hay cifras y resultados.

La escuela vuelve a ser el centro de la comunidad. Con la Ley 7264/2024 se creó el Fondo Nacional de Alimentación Escolar (FONAE) y el programa Hambre Cero dio el salto a la universalización.

En 2025 su cobertura alcanza 977.000 estudiantes en 7.038 instituciones con 180 días de provisión, un estándar que fija previsibilidad para familias y proveedores. Es política social, sí, pero también política económica: más producción, logística y empleo alrededor de cada escuela. 

El Presupuesto 2025 reforzó esa apuesta con USD 185 millones adicionales para Hambre Cero, con el objetivo de cubrir al 100% a la población en edad escolar hasta 9.º grado. El propio Ministerio de Economía subraya su efecto de encadenamiento productivo: mayor demanda de bienes y servicios que derrama en empresas y microemprendedores. 

El diseño operativo también bajó a territorio el impacto. El pliego estandarizado exige inversión local mínima: 20% de personal de la zona, 10% de compras a la Agricultura Familiar Campesina y 5% a MIPYMES, además de precios de referencia que ordenan el mercado. Esa regla simple hace que el dinero gire en el distrito y sostenga puestos de trabajo formales. 

A la par, Che Róga Porã está convirtiendo el sueño de la vivienda propia en obra concreta y actividad económica. El programa ofrece créditos hasta 180 salarios mínimos, plazos de hasta 30 años y una tasa del 6,5% anual, abriendo el sistema financiero a hogares de 1 a 5 salarios mínimos; es clase media emergente con llave en mano y constructoras en actividad. 

Los números muestran escala y velocidad: en dos años de gestión, el MUVH reporta 3.900 créditos preaprobados y 2.600 ya concretados (unos USD 96 millones en créditos), mientras la AFD detalla 674 familias aprobadas y ₲ 153.000 millones movilizados en la versión 2.0 del programa.

Eso es empleo para oleros, carpinteros, electricistas y proveedores locales; es formalización y consumo en ferreterías y comercios. 

El tercer motor es la titulación de tierras. El INDERT batió récord con más de 5.000 títulos en 2024, mejoró recaudaciones y aceleró trámites; y proyecta 50.000 títulos hasta 2028, un valor de USD 3.420 millones a precio de mercado.

Titular no es un gesto burocrático: es activar patrimonio para invertir, heredar en paz, acceder a crédito y arraigar a la familia en su comunidad. 

La experiencia internacional lo respalda: al formalizar la propiedad se transforma el “capital muerto” en activo bancable, se amplía la seguridad jurídica y sube la inversión de los propios hogares. Hay debate sobre los límites y condiciones, pero la dirección es clara: derecho, registro y crédito como plataforma de desarrollo. 

Cuando estas tres palancas se mueven juntas, aparece el círculo virtuoso: Hambre Cero sostiene más matrícula y asistencia —con ampliaciones recientes incluso en media, y controles que sancionan incumplimientos—; Che Róga Porã empuja el sector construcción con cuotas previsibles; y las escrituras del INDERT convierten posesión en propiedad plena que vale y produce.

El Gobierno eligió políticas que mueven la economía real: comida en la escuela que activa proveedores locales, hipotecas accesibles que ponen a la gente a construir, y títulos que despiertan valor dormido.

El desafío ahora es sostener el ritmo con calidad, competencia y control: licitaciones que premien cumplimiento y precio, bancos que aceleren desembolsos, catastros y registros que hagan de la formalidad un camino rápido y seguro.

Porque el desarrollo no se predica: se implementa, se construye y se firma. Y cuando el Estado ordena el juego, el mercado responde con inversión, empleo y oportunidades donde más falta hace. Hambre Cero, Che Róga Porã y la titulación del INDERT son, hoy, la mejor demostración.

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