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viernes, marzo 6, 2026

Prieto, Johanna y Austin: cómo hacer política con palabras

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El respaldo de Miguel Prieto a Johanna Ortega no es simplemente una jugada táctica, es más bien un acto performativo que redefine la oposición paraguaya. Desde el Este, Prieto impone su liderazgo con una simple frase que crea una nueva realidad política y, así, marca la cancha. Al mismo tiempo que desplaza al PLRA a un rol secundario, convierte a Asunción en el laboratorio del nuevo orden opositor. Con Kattya González en la ecuación, se consolida un eje que ya no pide permiso ni hereda poder: lo construye con palabras que hacen política.

 

El apoyo de Miguel Prieto a Johanna Ortega no es un gesto improvisado ni un simple cálculo político. Se trata de un acto de liderazgo. Es, sobre todo, una acción performativa en el sentido de J. L. Austin: no solo dice algo, sino que hace algo.

Con su declaración pública, Prieto crea una nueva realidad política. Marca la cancha con una claridad que nadie más en la oposición había mostrado. Y lo hace justo en el momento clave: las municipales de Asunción, donde se juega mucho más que la intendencia de la capital.

Después de su victoria contundente en Ciudad del Este, con más de 70 mil votos y una diferencia aplastante, Prieto demuestra que ya excede lo que sería solamente un liderazgo local.

Desde el Este, proyecta un nuevo tipo de conducción opositora, que se caracteriza por ser joven, sin ataduras con el PLRA y capaz de ordenar el espacio político con un gesto. No necesita asambleas ni congresos partidarios. Basta una frase: “apoyo a Johanna”. Con esas palabras, logró crear un nuevo eje en la política paraguaya.

El movimiento no se agota en el gesto. Se suma Kattya González, consolidando un polo que trasciende los viejos límites de la oposición. Ortega pasa de ser la candidata de un partido menor a representar un espacio que se amplía y se reordena.

Al mismo tiempo, el PLRA queda expuesto como una estructura en disponibilidad, sin conducción real, útil apenas para acompañar en el “día D” con su experiencia logística y poner sus comités del interior como puntos de llegada. Pero ya no lidera.

El liberalismo, que decidió acompañar la candidatura de Soledad Núñez, mantiene su histórico nombre y su presencia política, pero ya no conduce el proceso. Asunción se convierte, así, en el laboratorio del fin del PLRA como fuerza que marca un rumbo. Ahora es un vagón de cola.

Prieto, en cambio, impone su estilo de conducción, caracterizado por ser directo, vertical, decidido. En una oposición sin reglas internas ni árbitros, su legitimidad nace del resultado electoral, no de un reglamento. Y sus resultados hablan por él. Con ese respaldo, su palabra ya no comenta la realidad, la crea.

Para entenderlo mejor, volvamos a Austin. Según el filósofo británico, hay frases que  que hacen cosas (en vez de describirlas). Por ejemplo, cuando un juez dice “los declaro marido y mujer”, el acto ocurre al ser pronunciado.

Lo de Prieto funciona igual: al decir “apoyo a Johanna”, genera un hecho político nuevo. No es solo un anuncio, es, al mismo tiempo, una creación. La pregunta es qué efecto tendrá ese acto, lo que Austin llamaba el efecto perlocucionario (cómo reacciona el entorno).

¿Qué harán ahora los dirigentes barriales, los intendentes, los donantes, las bases liberales? ¿Seguirán a Prieto o resistirán la ola? El futuro de esta movida dependerá de si logra consolidar una estructura detrás del gesto.

Harán falta tres cosas: una mesa chica que tome decisiones rápidas, un relato que conecte con las expectativas urbanas (seguridad, movilidad, suelo, control del gasto) y una ingeniería de listas que no se fracture a la primera tensión.

Si eso se consigue, el movimiento pasará de ser solo un acto simbólico para transformarse en una organización real.

De todas formas, hoy Prieto ya no es una voz más dentro de la oposición. Es quien la ordena. Y al hacerlo, reescribe su gramática porque la vuelve posliberal (ya no depende del PLRA), metropolitana (con Asunción como nuevo eje) y performativa (donde decir es hacer). En ese escenario, el PLRA queda reducido a acompañar, no a conducir.

Las municipales de Asunción serán la prueba de fuego. Si la jugada de Prieto funciona, se consolidará una nueva manera de hacer política, menos discursiva y más performativa, donde las palabras no solo cuentan lo que pasa, sino que lo hacen pasar.

En el fondo, Prieto y Johanna están demostrando algo que en política vale más que mil programas: que a veces el liderazgo no se hereda ni se proclama, se ejerce. Y se ejerce con palabras que cambian la realidad.

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