Asuncion es la prueba de que no existen leyes de hierro contra el oficialismo colorado. Cuando la ANR combina una oferta audaz y base territorial sólida, gana como ocurrió con Evanhy. La misma apuesta representa Camilo Pérez.
Martínez Escobar es una de las voces que piensa con mayor agudeza las dinámicas de la ANR en democracia, observando tanto las reglas formales del poder como sus códigos informales, un ejercicio escaso y necesario en el análisis político paraguayo. Su reciente artículo plantea un patrón general de castigo a los oficialismos, pero esos datos, mirados desde lo territorial, pueden conducir a otra interpretación: Asunción ha funcionado distinto.
Las internas coloradas han sido las disputas más reales y competitivas del sistema de partidos en Paraguay, y eso muchas veces genera desgaste a los oficialismos dentro del partido. Pero ese desgaste no ha significado un bloqueo automático en todas las ciudades. En Asunción, la ANR ya demostró que puede ganar desde el poder y que la oferta electoral pesa más que la etiqueta del movimiento interno.
En 2006, Evanhy de Gallegos ganó la intendencia desde el oficialismo, refutando la lectura de que la capital fuera necesariamente adversa a los candidatos impulsados por las cúpulas del poder. Esa elección mostró que el electorado urbano no patrulla el origen interno del partido, sino la fuerza y atractivo de la propuesta. Cuando la candidatura logra conectar con expectativas amplias, la ANR es competitiva en ese suelo.
Evanhy ganó porque su figura era nueva, fuerte y conectaba con la ciudad. Fue la primera mujer en ganar la intendencia de Asunción en la historia del Paraguay y esa apuesta audaz abrió el voto urbano más allá del partido.
Su caso muestra que las tendencias pueden cambiar cuando hay un buen candidato y organización interna sólida. Pero sobre todo exponen que no estamos ante una regularidad inquebrantable, mucho menos frente a una ley de hierro. Las derrotas de los oficialismos colorados son hechos y no necesidades históricas.
Hoy, la ANR impulsa a Camilo Pérez López Moreira, un precandidato que comparte similitudes claras con aquella apuesta de Evanhy. Es una figura fuera del molde político clásico, pero verde en competitividad deportiva, proyección internacional y gestión empresarial. Cuenta con una dirigencia de base barrial y comunitaria que lo sostiene en el tejido vivo de la capital.
La conversación urbana de Asunción hoy está marcada por la inflación de alimentos, la demanda de mejores calles, plazas más lindas, espacios cuidados para las familias y barrios mejor organizados. En ese mercado emocional, la candidatura moderna, fresca y con narrativa transversal tiene ventaja frente a la tradicional. La ciudad no vota contra el poder: vota contra la desconexión.
El liderazgo deportivo de Camilo, su estatura simbólica y su capacidad de proyectar Asunción como capital de megaeventos, dialoga con una parte del electorado que busca modernidad, sin perder organización territorial ni identidad comunitaria. Eso no es improvisación, es una combinación que ya tuvo tracción en la capital: la renovación conectada a estructura partidaria real.
Si los datos de Martínez Escobar describen una tendencia nacional, Asunción ya mostró que las excepciones importan. Cuando la ANR presenta una oferta atractiva para la ciudad, puede ganar de nuevo, incluso desde el oficialismo. En este territorio, el problema no es ser oficialismo: el problema es no entender el voto urbano asunceno —y la historia, y el presente, siguen diciendo lo contrario.



