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miércoles, marzo 11, 2026

Eligio Ayala y las aduanas del contrabando

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Seguimos con la serie de artículos que revelan verdades que pocos quieren afrontar respecto al gobierno de Eligio Ayala. Su famoso rival, el doctor Teodosio González, nos brinda más informaciones que rescata el uruguayo Juan de Ibarburu.

Por: Juan de Ibarburu

En los capítulos anteriores de esta zaga, mencionamos a dos casos de terrible dilapidación de los recursos públicos que ocurrieron durante el gobierno del presidente Eligio Ayala en 1923 – 1928. Uno de esos casos fue el pago de la deuda espuria con Inglaterra: seis millones de pesos oro para un monto que en realidad no superaba 1.500.000 en base a la depreciación de los títulos de la deuda paraguaya. El otro caso fue similar: cerca de 50.000 pesos oro que con los intereses, alcanzaban 150.000 pesos oro, onerosa y odiosa deuda que se pagó sin motivo alguno al Banco Nacional Argentino cuando ella ya estaba extinta.

Ahora seguimos con más acusaciones, graves y nunca refutadas, contra el gobierno del presidente Eligio Ayala. Ellas provienen, como en los artículos anteriores, del libro «Infortunios del Paraguay», escrito por el prestigioso doctor Teodosio González y que se publicó, en su primera edición, en el año 1931.

En el título VI, capítulo IX de dicho libro se empieza a hablar sobre «El Contrabando».

Según González, a comienzos del siglo XX «la Aduana de Asunción» era la principal fuente de ingresos para el gobierno paraguayo, en donde se practicaba la piratería y el tráfico ante la vista gorda de las autoridades y la paciencia del público.

Se produjeron muchos proyectos y propuestas para intentar combatir el contrabando rampante que acontecía, no solo en la aduana capitalina sino también en otros muelles y puertos del país, como por ejemplo, en el Alto Paraná. Lo cierto y concreto es que tras la sangrienta Revolución de 1904, el nuevo gobierno del partido Liberal (que había derrocado al partido Colorado) estaba buscando fuentes de financiación y la mejor idea que se les ocurrió, fue realizar una «concesión» del muelle de la Aduana Central de Asunción. A través del «Banco Francés», los capitalistas proveyeron de 1.000.000 de pesos oro de la época al gobierno paraguayo a cambio de dicha concesión que debía ser por diez años pero ella se extendió, inclusive, a más allá de 1912 (por otro préstamo de 500.000 pesos oro en ese año).

Es decir, ya en tiempos del partido Colorado, se entregó a capitalistas extranjeros el manejo de la Aduana de Asunción pero el partido Liberal continuó y profundizó esa política expoliadora a cambio de unos 1.500.000 pesos oro de la época (casi 340 millones de dólares estadounidenses de nuestros días).

Supuestamente, ese dinero «había de emplearse enseguida en poner a la república en estado de defensa contra la invasión boliviana que ya comenzaba por entonces, aunque más tímida y lentamente que por ahora», dice Teodosio González, pero luego remata que todo ese dinero «llevó al coronel Duarte a Europa para adquirir el armamento que después había de servir para derramar tanta sangre paraguaya por manos de los conspiradores del 2 de julio», refiriéndose a los levantamientos del coronel Albino Jara y sus secuaces.

Con buenas intenciones, el ministro Eligio Ayala empezó sus medidas económicas (que fueron desastrosas y condujeron a la Guerra Civil de 1922 – 1923) intentando sanear las finanzas paraguayas pero el remedio resultó ser peor que la enfermedad. Eligio Ayala ideó unos arbitrios y regulaciones con las que pretendía quitar el poder a las Aduanas y reducir los contrabandos que eran tan lucrativos para los capitalistas que manejaban todos esos muelles y puertos.

El resultado fue catastrófico, según el doctor Teodosio González:

«La cacareada capacidad financiera del Dr. Eligio Ayala ideó un arbitrio para concluir con los contrabandos del Alto Paraná; el impuesto único aduanero a los establecimientos madereros y yerbateros que pueblan sus costas. Pero el remedio fue peor que la enfermedad. Con seis años de vigencia de ese arbitrio, y una desastrosa reglamentación de la ley de cabotaje, el Dr. Ayala mató a esa, otrora floreciente región, indiscutiblemente la más hermosa y más promisoria para el porvenir de la nación paraguaya».

No solamente que la Aduana de Asunción siguió siendo manejada por capitalistas que se enriquecían con el contrabando rampante, sino que las reglamentaciones impuestas por el doctor Eligio Ayala liquidaron al comercio maderero y yerbatero de los antiguos pueblos de Tacuru Pucú y Flor de Lys (cerca de las actuales Hernandarias y Ciudad del Este). ¡Los contrabandistas siguieron operando, los únicos que dejaron de trabajar fueron los obreros honestos!

Habría que enseñar a los liberales como Eligio Ayala que las «leyes», las «reglamentaciones» y los «papelitos mágicos» no funcionan para disuadir a los delincuentes. Estos solamente obedecen al castigo, a la punición de sus delitos. ¿Y cayó preso algún «gran contrabandista» en tiempos de Eligio Ayala? Según el doctor Teodosio González, ninguno fue apresado… Impunidad total…

Tal vez por esto muchos políticos de la «era democrática» en el Paraguay admiran tanto al presidente Eligio Ayala… ¡Es exactamente como ellos! ¡Puro humo, muchos supuestos títulos, pero gran ineficiencia y enorme impunidad con los corruptos!

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