Durante la Misa Central en honor a la Virgen de Caacupé, el obispo Ricardo Valenzuela llamó a promover el bien común como base para una vida digna y advirtió que sin honestidad no es posible superar los grandes problemas del país, en una homilía que fue ovacionada por miles de fieles.
La homilía de la Misa Central en honor a la Virgen de Caacupé estuvo centrada en el llamado a promover el bien común para garantizar una vida digna a todos los paraguayos, proceso que, según el obispo Ricardo Valenzuela, requiere superar el individualismo, el egoísmo y la arrogancia.
En ese contexto, monseñor lanzó una fuerte prédica dirigida a las autoridades del Gobierno y a los funcionarios públicos, a quienes recordó que tienen la obligación de fomentar de manera permanente el bien común. Señaló que la honestidad debe iluminar el actuar de los gobernantes para que su gestión sea creíble, acompañada de un profundo espíritu de servicio, especialmente hacia los sectores más vulnerables.
Valenzuela subrayó que la búsqueda del bien común y de una vida digna no puede regirse únicamente por intereses de mayorías o allegados, sino que debe enfocarse en el bienestar de todos los miembros de la sociedad civil. En ese sentido, enfatizó que la promoción de una vida digna exige erradicar la corrupción, fenómeno al que responsabilizó por la pérdida de la confianza y de la dignidad de las personas.
Sus palabras fueron ovacionadas por los miles de feligreses que coparon la explanada de la Villa Serrana y participaron de la Misa Central. El obispo sostuvo que eliminar la corrupción implica una educación de calidad, empleos dignos y el fortalecimiento de servicios básicos como la salud, el trabajo y la vivienda digna para cada ciudadano.
Asimismo, alentó al Gobierno, a los funcionarios públicos y a la ciudadanía en general a ser honestos, al afirmar que se trata de una misión tan imperiosa como indispensable. “Sin honestidad, no se gana ninguna guerra, no se puede superar ningún problema. Miremos cómo estamos, miremos”, expresó.
Valenzuela también cuestionó la falta de cambios en las últimas décadas, al remarcar que, pese a denuncias y sermones reiterados, “todo sigue igual”. Por ello, pidió no olvidar la sentencia “Dando, se recibe”, e instó a colocarla como recordatorio visible en oficinas públicas, hogares e instituciones educativas.
Finalmente, llamó a luchar siempre con la ayuda de María y su Hijo Jesús para animarse ante las dificultades, fortalecer la fe y renovar la esperanza de tiempos mejores para el Paraguay, un sueño largamente deseado por la ciudadanía.



