Derian Passaglia presenta la segunda y última parte de sus libros favoritos leídos en 2022.
Acá va la última parte de los mejores libros que leí el 2022. Creo que nunca leí tantos buenos libros como en este tiempo. Se los voy a confesar, tengo un método. Es sencillo: hay que abrir un libro, leer una página, si el libro no seduce o no engancha o no tiene alma, se lo deja. Nunca se sigue más allá de las dos o tres páginas, como mucho. Si el libro supera esa prueba, puede que sea bueno o no. Pero avanzar más allá de ese límite es toda una prueba de calidad para el libro. Si uno pone a prueba este método, se va a dar cuenta cómo progresivamente las buenas lecturas empiezan a aumentar. Yo dejo más libros de los que termino.
7) Una vida violenta, de Pier Paolo Pasolini. Me encanta el vanguardismo “social”, si se quiere, de Pasolini: escribe sobre chicos sin nada, chicos solos y a la deriva en la Roma de los años 50. Le han llamado “neorrealismo” a esto que hace acá Pasolini, pero no sé, para mi es otra cosa, es el intento desesperado y siempre utópico y vano de despertar las conciencias por medio del arte. Hay una escena de violación escrita hace más de setenta años.
6) Operación masacre, de Rodolfo Walsh. Por fin leí este clásico argentino. Me sorprendió mucho, más de lo que esperaba. El libro es todo lo que dicen de él: un policial no ficticio, historia que se mezcla con la mano aparentemente objetiva del autor, solo objetiva en apariencia, porque Walsh elige, recorta y selecciona escenas, y a veces se deja poseer por lo que cuenta. Las escenas de fusilamiento son imborrables. Todavía no se escribieron mejores, salvo en el cine, quizá, Tarantino.
5) Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos, de Emmanuel Carrere. La biografía de Philip Dick contada por Carrere es como si fuera otro libro más de Philip Dick después de muerto. Dick es un personaje de Carrere, pero también Carrere parece un personaje de Dick. ¿Cómo puede Carrere acceder al pensamiento de Dick, a escenas íntimas matrimoniales, y contarlas como si hubieran pasado de verdad? Siempre me olvido, y cada tanto me vuelvo a acordar de que Carrere es un genio.
4) A la sombra de las muchachas en flor, Marcel Proust. No hay que tenerle miedo a Proust, hay que entrarle así, sin prejuicios, sin ese pensamiento de que hay que prepararse de antemano porque es difícil. Enseguida uno ya está metido en ese universo, de esas frases, y solamente hay que dejarse arrastrar a fines del siglo XIX francés de las clases acomodadas. Ideal para vacaciones, una playa, una montaña.
3) Walden, de Thoreau. Es uno de los mejores libros que leí en mi vida. Había intentado previamente leerlo, como unas tres veces, y las tres las dejé. La cuarta fue la vencida. ¿O fue la tercera? Walden es un libro sobre la propia condición humana en un medio natural, quizá el mejor libro romántico de todos los tiempos, mal que le pese a Goethe.
2) Ubik, de Philip Dick. Esta novela me hizo estallar la cabeza, y desde el momento en que la terminé, o tal vez antes, me volví un soldado de Philip Dick, o Felipe Pito como le llamo. En un futuro probable de 1992 (la novela fue escrita en los sesenta), existen “semivivos”: personas que no murieron del todo, y que pueden comunicarse con los vivos por medio de teléfonos. La de los semivivos es una gran industria cooptada por las funerarias. Es como si todo en Felipe, cada sentimiento, pensamiento o descubrimiento humano, fuera finalmente absorbido por el capitalismo.
1) Obra completa, de Juan L. Ortiz. Empecé a leer “Juanele” a los 18, sin entender una sola palabra de lo que estaba leyendo, en la biblioteca argentina “Dr. Juan Álvarez”, de Rosario, y lo terminé de leer a los 34. Pasaron 16 años. Lo siento de una manera profunda, como si fuera mi amigo, o un tío abuelo lejano, de provincia. Juan L. Ortiz es el mejor poeta del siglo XX