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viernes, marzo 6, 2026

El coloradismo conserva la mayoría, según encuesta nacional del CIIS

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El politólogo y doctor en Ciencias Sociales, Fernando Martínez Escobar, docente de la Universidad de Buenos Aires, analizó en su cuenta de X los resultados de la última encuesta del Centro Interdisciplinario de Investigación Social (CIIS), correspondiente a julio y agosto de 2025.

El estudio muestra que el 47% de los paraguayos simpatiza con la Asociación Nacional Republicana (ANR), casi el mismo porcentaje registrado hace más de veinte años. “Cambió todo, menos la estructura”, escribió Martínez Escobar. En 2001, el CIRD había medido una afinidad del 48,4% con el Partido Colorado. Dos décadas después, el dato revela una continuidad estructural en la identidad política del país, resistente a los cambios de época, las crisis y las modas discursivas.

La hegemonía que perdura

Martínez Escobar destaca que el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) mantiene su base histórica —entre 16% y 20%— sin señales de expansión, mientras que los intentos de construir alternativas duraderas al coloradismo, como UNACE o Patria Querida, no lograron consolidarse. “En 2002, el UNACE representó la amenaza más importante al predominio colorado”, recordó el analista. Hoy, esa fuerza apenas alcanza el 2,3%, según el CIIS.

El dato refuerza una interpretación sostenida por varios estudios comparativos: la ANR no solo es un partido político, sino una estructura de socialización y pertenencia colectiva, profundamente anclada en el tiempo histórico paraguayo. Frente a la fragmentación de sistemas partidarios en otras democracias latinoamericanas, Paraguay conserva una continuidad que combina tradición, organización territorial y una narrativa propia de identidad nacional.

La narrativa anticolorada y la fidelidad cultural

El análisis del Dr. Martínez Escobar resulta aún más significativo al considerar el contexto actual. La afinidad colorada se mantiene inalterable pese a una narrativa intensamente anticolorada, impulsada durante años por medios de comunicación, organizaciones no gubernamentales e incluso por ciertos referentes del propio partido que mantienen una relación ambigua, casi culposa, con la historia grande del coloradismo.

Sin embargo, esa narrativa no ha logrado quebrar el lazo de identidad entre el pueblo y la ANR. No se trata de una adhesión ciega ni meramente electoral, sino de una lealtad cultural, un sentido de pertenencia que trasciende coyunturas. El Partido Colorado ha sabido mantener viva una red de vínculos simbólicos y materiales que sostienen su presencia en la vida cotidiana de los paraguayos: en los barrios, en las comunidades rurales, en los espacios de representación y en la memoria colectiva.

Una excepción latinoamericana

El politólogo plantea que Paraguay constituye una excepción en el panorama político regional. Mientras buena parte de América Latina atravesó procesos de volatilidad electoral, colapsos partidarios y populismos efímeros, el sistema paraguayo mantiene una forma de estabilidad que se explica no por inmovilismo, sino por una articulación histórica entre estructura partidaria y tejido social.

El 47% de simpatía colorada no solo refleja un voto, sino una forma de comprender la política. Es la persistencia de una cultura política que ha resistido intentos de deslegitimación moral, cambios generacionales y ciclos de desencanto, conservando una legitimidad que se renueva más en la experiencia cotidiana que en los discursos.

A contramano de los diagnósticos que anuncian el fin de los partidos tradicionales, el caso paraguayo muestra que la historia pesa, las estructuras importan y las identidades políticas pueden ser más duraderas que cualquier campaña mediática.

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