Honor Colorado se dio de baja y la agenda mediática busca al culpable. Presuroso a la respuesta sin reflexión Beto Ovelar afirmó que Nicanor lo hizo implosionar y, por si quedaban dudas, aclara que tampoco tiene demasiada relevancia. Por su parte, Bachi Núñez aseguró que Nicanor nunca estuvo adentro. Las tres cosas, el mismo día, y el que no quiera entender la coherencia de estas sentencias que busque otro show.
Reiteremos: según Bachi, Nicanor nunca perteneció al movimiento ni conocía sus entramados reales. Según Beto, es responsable de su derrumbe, aunque carezca de mayor relevancia política. Resumiendo, un señor que no estaba, no sabía nada y encima no importaba demasiado consiguió desmantelar al movimiento político más poderosa del país.
Nicanor sería entonces una suerte de deus ex machina del caos. En el teatro antiguo, el deus ex machina era una divinidad que aparecía inesperadamente para resolver desde afuera los enredos de la obra. Aquí tenemos su versión paraguaya: un personaje que interviene desde afuera, pero no para resolver el drama, sino para provocarlo. Y todo eso sin siquiera pertenecer al movimiento.
Nicanor, por supuesto, reúne todas las condiciones para convertirse en el chivo expiatorio perfecto. Su grandilocuencia, sus declaraciones sin filtros y la potencia de sus palabras lo convierten en un candidato irresistible. Mientras otros conspiran discretamente, él habla, gesticula, pontifica y regala titulares. Tiene la enorme desventaja de ser un político que dice lo que piensa. Para atribuirle cualquier catástrofe no hace falta demostrar demasiado, alcanza con reproducir alguna de sus declaraciones.
El pequeño inconveniente es que todavía falta identificar qué hizo exactamente. Por ahora su único acto comprobable consiste en haber opinado en voz alta, una actividad aparentemente capaz de producir implosiones a distancia, mediante algún misterioso dispositivo bluetooth.
La lista de culpables anteriores tampoco era corta: la prensa, las encuestas, la victoria de Sole Núñez, los traidores, los grupos de WhatsApp, las operaciones mediáticas y la ingratitud humana. Nicanor apareció último y ganó por walk over a todos los demás.
El hecho tiene una venerable tradición. La culpa siempre pertenece al que no estaba en la sala, al que se fue, al que habló demasiado o, en última instancia, al periodista que publicó las declaraciones. Lo único que jamás figura entre los sospechosos es el comando, cuyos integrantes parecen gozar de una misteriosa inmunidad frente a las consecuencias de sus propias decisiones.
Habrá que reconocer que el descubrimiento del «implosionador» abre posibilidades extraordinarias. A partir de ahora, cualquiera podrá implosionar un partido sin pertenecer a él, una empresa sin trabajar en ella o un matrimonio sin conocer a los cónyuges.
Lo más maravilloso es que, con un poco de suerte, hasta se puede implosionar algo que uno ignora que existe. El diccionario, por supuesto, no contempla semejante acepción, pero tampoco hay que pedirle que esté al día, ya actualizado, con los avances de la política paraguaya.



