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jueves, abril 3, 2025

Un presidente fuerte y resiliente

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A tres años de haber comenzado su periodo, Mario Abdo Benítez atravesó crisis de diversas índoles. El tiempo va dejando en claro que, lejos de ser un presidente débil, su fortaleza y resiliencia fueron fundamentales para darle estabilidad al país.

Si en periodos pasados se cuestionaba a los presidentes por sus supuestos rasgos autoritarios y sus ansias reeleccionistas, ahora ocurre lo contrario: el calificativo que se martilla contra el presidente es el de su presunta “debilidad”.

Este tipo de cuestionamientos no resiste una mínima confrontación con los hechos. Al considerar los diferentes escenarios de adversidad que le tocó atravesar a este gobierno -crisis económicas, climáticas, una pandemia-lo que debemos concluir es que tenemos un presidente con una enorme fortaleza y una gran capacidad para superar los desafíos que la realidad presenta.

Llevamos tres años de un gobierno que ejerce el poder respetando la Constitución, el Estado de derecho y la división de poderes. Un gobierno que siempre utilizó el diálogo para resolver los diferentes escenarios de conflicto, crispación y dificultades que todos los países del mundo enfrentan en esta época de grandes desafíos.

Marito es un presidente fuerte y resiliente. Su estilo de liderazgo, su capacidad de negociación y su temperamento hicieron posible derrotar, en sucesivas ocasiones, a la desestabilización política: venció dos intentos de juicio político y, pese a lo que se buscó instalar, el gobierno logró mantener el orden público, la estabilidad social y la actividad económica.

Cuando comenzaba la pandemia, los más connotados analistas de la realidad social paraguaya pronosticaban un panorama sombrío para nuestro país, la debacle inminente, la bancarrota integral de la nación. Lo que ocurrió en realidad fue que, en tiempo récord, el gobierno comenzó a revertir déficits históricos en salud e infraestructura, llevando adelante una gestión que priorizó la vida sin descuidar la economía, el empleo y el consumo.

Para frustración de los que cifran sus esperanzas y apuestas políticas en el dolor del pueblo, Paraguay será este año la economía de mayor crecimiento en la región, también es la economía donde el impacto del desempleo y de la inflación es el más bajo, y en la que se redujo la pobreza extrema en un momento en el que el tejido social de casi todos los países del mundo se destruye. En contra de los predicadores de la catástrofe, nuestro país es el que más inversiones extranjeras directas atrae en el continente y al que el mundo mira como tierra de oportunidades para la producción y el trabajo.

Las inéditas inversiones en obras públicas, la ampliación sin precedentes de la infraestructura sanitaria e incorporación de personal de blanco, el salto en la modernización de los programas sociales, la construcción récord de viviendas, son logros de este gobierno que pueden momentáneamente ser invisibilizados por los enemigos de la realidad, pero que día a día impactan en la vida de las personas de carne y hueso, sin distinción de pertenencias políticas, posiciones ideológicas o credos religiosos.

Faltando todavía dos años, el gobierno de Mario Abdo Benítez ya deja la vara muy alta para el siguiente periodo. El que quiera gobernar deberá demostrar a la ciudadanía que está en condiciones de seguir el camino trazado, profundizando los logros actuales, revirtiendo las falencias que todavía quedan y mejorando aún más la calidad de vida del pueblo paraguayo.

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