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domingo, abril 6, 2025

Borges visita Barracas

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«Borges idealiza la pobreza, le parece sencilla y feliz. No se necesitan grandes palabras para describirla, es suficiente con dos o tres adjetivos y unos cuantos diminutivos». Por: Derian Passaglia

Para el año 1928, Borges registra una visita al barrio de Barracas donde le fue revelada la idea de eternidad. Sintió el tiempo en su presente, capturó el momento mismo de la experiencia, el momento en que conciencia y sensación se vuelven uno. Pasó en un atardecer que se transformó en noche de repente, como pasa con los atardeceres: ahora está y después ya no está. Hay varios tiempos en el proceso de escritura: la tarde que vive Borges en Barracas, la noche posterior en que escribe la anécdota, la sensación de que está viviendo no en mil novecientos tantos sino en mil ochocientos y pico, la publicación del texto en 1928 y la recuperación de ese mismo texto en el ensayo Historia de la eternidad, de 1936. En esas calles penúltimas como las llama, en los portoncitos, en la higuera sobre la ochava, en el barro elemental de la calle (barro de América no conquistado todavía), en ese fondo, en ese callejón ya campeano, no existe el tiempo.

Borges idealiza la pobreza, le parece sencilla y feliz. No se necesitan grandes palabras para describirla, es suficiente con dos o tres adjetivos y unos cuantos diminutivos. Por un pájaro que cantaba sintió un cariño chico y de tamaño de pájaro; una tapia rosada efundía una luz íntima. Ese rosado le resulta tierno. ¿A qué calle habrá llegado, el viento fresco del riachuelo lo hizo flashear? El barrio lo transporta a los grandes temas. Estas paredes pintadas con aerosol, las rejas negras que resguardan una pareja de viejitos podando el jardín, esta comunidad familiar que para el ritmo de la vida para dormir la siesta, provocaron la metafísica. El movimiento en Borges va de lo particular a lo universal, de una caminata sin destino a que el tiempo es una ilusión.

Es más difícil, para Borges, pensar que el tiempo es una mentira antes que sentirlo. Los vecinos de Barracas lo saben. Acá el tiempo no pasa, 1892 es igual a 1977 y 1977 sería lo mismo que 2001 y 2022, que no se diferenciará, en el futuro, de 2094, una vez que nada de lo conocido quede en pie y que todo lo que haya existido en el mundo esté muerto. Pero no sé si es así, el eterno presente del tiempo se juega en la conciencia del escritor, que siente los cambios en el pasaje de un barrio a otro, mediante la observación. El tiempo es un efecto sobre las cosas quietas, que se nos aparece de un momento a otro, frente al espejo, ante una bombilla de mate, un paseo por un barrio perdido de la ciudad.

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