EDITORIAL. El Partido Colorado, fundado el 11 de septiembre de 1887, es alma de la nación porque ha sido la correa transmisora de los grandes hitos de la paraguayidad. En sus raíces se reconocen la revolución comunera de Mompox y Antequera, la gesta independentista de 1811, la resistencia heroica de la Guerra Grande, la victoria en el Chaco y la revolución del 47. Cada uno de estos acontecimientos se inscribe en una tradición que nos inspira a proyectar un partido moderno e indispensable, capaz de dar respuestas a las demandas insatisfechas y de seguir modernizando el país.
Entre 1904 y 1940, el Partido Colorado supo resistir y forjar una doctrina nacional y popular que, en el poder, se tradujo en conquistas sociales históricas: las vacaciones pagas para los trabajadores, el voto femenino y el primer Código Laboral del Paraguay. En el siglo XX, lideramos también la primera experiencia democrática de nuestra historia, demostrando que tenemos la capacidad de abrir caminos en los momentos cruciales.
Desde 1947 en adelante, el Partido Colorado fue el artífice de la construcción del Estado paraguayo moderno. Reconstruimos la nación desde las ruinas que dejó el largo periodo liberal, alimos el país de las guerras civiles y derrotamos los golpes de Estado. Con la Constitución de 1967 y posteriores modificaciones, modernizamos la sociedad paraguaya, sentando las bases que cambiaron para siempre nuestro destino con la construcción de las grandes hidroeléctricas binacionales. Las obras de infraestructura y de integración territorial, junto con las reformas en educación y salud, consolidaron a un Paraguay más modernizado y con mayor proyección regional.
En el siglo XXI, la obra colorada ha sido igualmente decisiva. Desde 2003, el Partido Colorado cimentó el orden macroeconómico y la estabilidad que hoy son orgullo nacional y que nos brindan confianza internacional. Fuimos los primeros en instalar las primeras políticas sociales universales, abriendo una nueva etapa de inclusión. Durante el gobierno de Horacio Cartes se consolidaron avances institucionales inéditos, como la promulgación de la Ley de Acceso a la Información Pública, que hoy transparenta el Estado paraguayo. Y en materia de infraestructura, ningún otro periodo político puede exhibir logros comparables: la modernización vial y la ampliación sanitaria de la última década han transformado la vida cotidiana de los paraguayos y puesto al país en ruta hacia un desarrollo más equilibrado.
Hoy, el gobierno del presidente Santiago Peña, con el respaldo político de la Junta de Gobierno presidida por Horacio Cartes, reafirma esa tradición de conducción histórica. Con políticas inéditas como Hambre Cero en las Escuelas y Che Róga Porã para la población más desfavorecida, el Partido Colorado ha asumido una renovada responsabilidad con la justicia social y la equidad. Con estas medidas, en apenas un año de gestión, se ha alcanzado la convergencia fiscal. El Partido Colorado entiende que la justicia social solo es posible sobre la base de la estabilidad fiscal, que es la garantía de la sostenibilidad del país.
Esa titánica tarea, sin embargo, no está exenta de desafíos: aún persisten enormes deudas en educación, en infraestructura vial y sanitaria, en distribución equitativa de los recursos, más y mejores servicios públicos, más y mejores servicios de salud, más oportunidades y más equidad. Reconociendo estos desafíos, el contraste con los periodos de gobierno del anticoloradismo es evidente. En la era liberal, primaron las guerras civiles con saldos trágicos, la violación sistemática de la Constitución de 1870, los cuartelazos como único mecanismo de acceso al poder y el uso temprano y generalizado del estado de sitio como herramienta de represión.
En la única experiencia de gobierno del anticoloradismo en el siglo XXI, durante la presidencia de Fernando Lugo, se reeditaron las prácticas históricas del liberalismo: enfrentamientos internos, conspiraciones y divisiones entre aliados, conspiración unos contra otros y aislando al país del mundo.
Frente a esas trágicas horas de la historia, la diferencia es clara: el Partido Colorado es el único partido con una institucionalidad genuinamente democrática, con reglas claras para la disputa electoral interna y procesos de legitimación donde las autoridades reconocidas por todos. La unidad del coloradismo es el motor de nuestra vigencia, y es la fuerza que nos permite seguir conduciendo al país hacia un futuro mejor. Por eso contrastan, con la improvisación y la desorganización de los demás partidos, nuestra experiencia, capacidad y liderazgo.
El Partido Colorado es la correa transmisora de la nación porque, en cada etapa de la historia paraguaya, supimos interpretar el clamor popular y responder con conquistas sociales. El Partido Colorado es nacional y popular, abierto al debate, pero consciente de su misión histórica de seguir garantizando el progreso y la justicia social. En el siglo XXI, el Partido Colorado demuestra que es la fuerza que más puede modernizar al Paraguay y garantizar una vida mejor para los paraguayos. Por eso renovamos hoy nuestro compromiso con el futuro, con seguir ofreciendo oportunidades a sus talentos y de convertirnos en una gran nación sustentada en un futuro de esperanza, prosperidad y justicia



