21.8 C
Asunción
jueves, junio 11, 2026

Dos pelis ideológicas

Más Leído

Paranaländer fue al cine a ver docu parawayensis y salió con ganas de explicar un par de ideas que piafaban en su cerebroebrio con esta breve e hirsuta columna.

 

La Ideología es reducida por Napoleón a un conjunto de opiniones particulares, propias de un grupo o de un partido. No se trata ya de la pretendida «ciencia de las ideas», vinculada a verdades universales, sino de opiniones de una parte de la sociedad que pretende imponer su ideología, mediante leyes ideológicas y la educación en la ideología, a toda la sociedad: «yo opondré –viene a decir Napoleón– a todo el pueblo francés a este partido».

En estos días asistí a dos pelis documentales paraguayas, ya por el tema y el origen del director, como Bajo las banderas, el sol (2025) de Juanjo Pereira, ya por el tema solamente, como El príncipe de Nanawa (2025, Argentina-Paraguay) de Clarisa Navas.

Si uno ingresa en Netflix creo no encontrará ningún nicho etiquetado como cine ideológico. A falta de una categoría más precisa la he acuñado a partir de la famosa definición napoleónica. Lanzado este disclaimer, allá vamos.

El docu de Pereira funciona como una intro al stronismo. Una historia audiovisual del stronismo. Pereira no filma ni medio centímetro. Toda su fuente audiovisual es obtenida en archivos. De alguna manera se nos viene a la mente Guy Debord (La sociedad del espectáculo, 1973): también hacía cine sin filmar usando imágenes de archivos y por su vena de demonización de la sociedad capitalista. Pereira demoniza al stronismo. Después edita y monta archivos multilingüísticos para narrar la historia del stronismo, que va de un golpe, 3 de mayo de 1954 al golpe de 3 de febrero de 1989. El director al parecer nació cuando Stroessner agonizaba en Guaratuba. Nosotros, muy mayores ya, reconocemos muchas imágenes ya columbradas en nuestra infancia y adolescencia. El montaje tiene una banda sonora que funciona como el pespunte entre la variopinta fuente archivística. Busca no solo pespuntar sino muchas veces apuntar y enfatizar con una edición irónica ciertas escenas, como la del mozo en calle Palma que nunca entrega su pedido retrocediendo a cada paso que da sobre el asfalto ochentero…Mi primera critica es positiva. El docu vale por la exposición elemental, por la puesta en obra de la materialidad de las imágenes rescatadas. Una amiga que me acompañó en la exhibición, por ejemplo, valora sobre todo al Stroessner del final, el supremo, el caído y ya exiliado en Tupilandia: responde por primera vez en la peli sin apoyo de teleprompter analógico alguno, estoy aquí porque es lo que convenía ahora, declara. Mi escena favorita: la de los Saltos del Guairá, que Azara en el siglo 19 había proclamado de edénica y sublime…La crítica negativa la pondría en el montaje, en ese cosido invisible de las teselas que forman el gran mosaico del stronismo. Es ideológica para mí porque demoniza al stronismo. Si la alabara, como el docu stronista setentero La voluntad del pueblo, igualmente la calificaría de ideológico.

Bueno para pasar a la otra peli, debo enumerar las debilidades de este tipo de cine que se hace para juzgar un gobierno o una época. El título sesentayochista no pega ni con chicle. Hubiera sido más llegadero un título que aludiera Paraguay o al stronismo directamente. Un título que sintetizara 35 años de régimen stronista. Del tipo 90 por cientos, Reelección hasta la tumba, Stroessner el rerereconstructor, etc. En el fondo no funciona como breviario del stronismo este tipo de abordajes pues la manipulación es muy brutal. Dos ejemplos y acabo. Muestra al villano de cine z de Videla visitando a Stroessner, pero omite otras visitas más paradójicas: las de De Gaulle, Príncipe Felipe de Edimburgo, Perón, Isabelita, incluso la de Nixon….bailando la danza de la botella. Itaipú, cuya construcción fue minuciosamente filmada por el pionero del cine nativo, Carlos Saguier. Creo aquí no usa ninguna de las filmaciones del autor de El Pueblo. Y el montaje ideológico queda explícito en este punto: se muestra más tal eclosión como destrucción de la naturaleza antes de que un salto cuántico a la modernidad. ¡La mayor represa del mundo hasta que se construya la china de Las tres gargantas! Una peli es ideológica cuando reduce maniqueamente con un brochazo no zen un mundo que no ha vivido, al presentarlo sin ningún rasgo positivo. Toda la buena intención crítica queda ahogada por este impulso apriorísticamente condenatorio.

El príncipe de Nanawa para comenzar dura casi 4 horas. El príncipe es un niño rubito -habitante de puerto Nanawa, ciudad’i chaqueña sobre el río Pilcomayo frente mismo a Clorinda, al que se cruza caminado sobre un puente’i amistoso-, cero facha paraguayensis filmado durante 10 años en su hábitat. Cine antropológico tiene como fachada. Secuestrar al espectador durante tal disparatada medida de tiempo ya nos da un indicio de su contenido. No se trata de entretenimiento ni de arte menos de cine. Para que sea cine hay dos opciones: filmar o montar imágenes pre-existentes.

Cine antropológico, pues la directora viajaba cada semestre durante 10 años para filmar la vida de Ángel, el príncipe de Nanawa. Esta premisa interesante se desmorona, para mí, principalmente en dos escenas. Cunado el príncipe le comenta a la directora que quiere ser o militar o veterinaria. La Navas le dice, patififusa, que qué ondas…Porqué mejor no estudiar para hacer cine…, etc. En otra escena, típica del guión de la directora, en que interpela al niño de 11 años sobre temas peliagudos incluso para mí, adulto al borde de la tumba. En este caso, el aborto. Que el cuerpo es de la mujer, que no es humano el ente abortado, apenas embrión, y blablablabla.

No me sorprende que hayan financiado esta peli posmo, woke, friendly woke, políticamente correcta, etc., la buena gente satánica de Ibermedia e Incaa. Pienso, para que se entienda lo que quiero expresar, que Bela Tarr o Tarkovski, uno metafísico pesimista y el otro místico metafísico jamás hubieran podido filmar sus obras controversiales si hubieran dependido de esta corpo iberoamericana. La ley de protección al niño ha sido avasallada a lo largo de casi 4 horas tediosas, pasando panchamente el filtro de control de estas productoras. La madre, humilde y sin lecturas, aichejáranga, habrá dado el permiso para que filmen al hijo pero ni se habrá dado cuenta de los innúmeros intentos de reformatear la cabeza del mita’í. Finiquito la cuestión dejando una pregunta: ¿para qué piko una gente de otro planeta, Bayres, civilizado, feminista, no patriarcal, etc., viene, arriba, al inframundo machista y retrógrado parawayensis a filmar la vida de un niño que crece en tal medio bárbaro sarmientista si no desea eternizar la autenticidad antropológica de ese mundo, autenticidad que aparentemente no halló en las villas del cono-urbano donde los narcos descuartizan niñas contradiciendo su estatus de city feminista? Esto no es kaka de cineasta, diría que se trata más de educadores, o como decía Nietzsche, de mejoradores del mundo. No quieren filmar lo real, a pesar de que han participado en más de un festival de lo real, sino educar a sus personajes bárbaros y paleolíticos, lanzados quizá a una misión conspiranoica de reeducar a sus héroes, naranjas mecánicas blandas.

Más Artículos

America TV

Últimos Artículos