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miércoles, agosto 19, 2026

Adelanta: la apuesta del MIC para financiar a las mipymes anticipando el cobro de sus facturas

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El Ministerio de Industria y Comercio lanzó «Adelanta», una plataforma que permite a las micro, pequeñas y medianas empresas anticipar el cobro de sus facturas mediante un sistema de subastas para hacerse de capital de trabajo. La herramienta apunta al problema de fondo del sector —la falta de acceso a crédito formal— y arranca, en una primera etapa, con los proveedores del programa Hambre Cero.

El cuello de botella de buena parte de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) paraguayas no es la falta de ventas, sino el tiempo que tardan en cobrarlas. Una empresa que gana un nuevo mercado factura, entrega y luego espera. Durante esas semanas o meses necesita capital de trabajo para seguir produciendo, pero al carecer de un historial financiero consolidado no califica para el crédito bancario tradicional. Ese vacío suele llenarse con financiamiento informal y, en su versión más nociva, con la usura. Sobre ese diagnóstico se apoya «Adelanta», la plataforma que presentó el Ministerio de Industria y Comercio (MIC) como una herramienta pensada para el conjunto de las mipymes.

En lo esencial, «Adelanta» es un mecanismo de anticipo de facturas: una mipyme que tiene una factura pendiente de cobro puede ofrecerla en la plataforma para obtener liquidez de inmediato, en lugar de esperar el plazo de pago. Lo que introduce el diseño es una subasta, de modo que distintos financiadores compitan por adelantar esos fondos y la empresa acceda a tasas más competitivas y a un proceso más ágil que el de los canales informales. El titular del MIC, Marco Riquelme, lo planteó como la posibilidad de que una empresa disponga por adelantado de recursos que ya tiene comprometidos en una venta, sin recurrir a atajos.

Que el programa arranque por Hambre Cero responde a una razón técnica, no a un límite de su alcance. La clave del anticipo es de quién es la factura que se descuenta: en esta primera etapa, «Adelanta» se orienta a los proveedores de Hambre Cero en las Escuelas, es decir, a empresas que facturan contra el Estado. Un pagador estatal reduce el riesgo de incumplimiento y, con ello, abarata el costo de adelantar esos fondos: la misma factura que un prestamista informal descontaría a tasas altas se vuelve, con respaldo público, un activo más barato de financiar. Por eso el circuito de Hambre Cero funciona como punto de entrada natural. El arranque es acotado —25 proveedores iniciales, con unos 1.500 productores detrás—, pero la meta que fijó el Ministerio es llegar este año a alrededor de 1.500 mipymes proveedoras, con el programa —que garantiza la alimentación de más de un millón de estudiantes— como el mercado que genera esas facturas.

El encuadre político de la herramienta es explícito. Riquelme la inscribió en lo que definió como una «guerra frontal» contra la usura, a la que señaló como uno de los principales obstáculos para el desarrollo del sector. «Con créditos dignos, con tasas dignas, la Mipyme va a poder crecer de la forma más sana posible y trabajar para hacer crecer su negocio, mejorar su calidad de vida y no trabajar para pagarle a un usurero», sostuvo el ministro. En la misma línea, el viceministro de Mipymes, Gustavo Giménez, presentó la plataforma como una oportunidad para las empresas que avanzan en su formalización, que ganan a la vez acceso a un mercado de gran escala y una vía para anticipar los recursos de sus ventas; y el ministro de Desarrollo Social, Tadeo Rojas, subrayó que Hambre Cero, más allá de la alimentación escolar, dinamiza a las mipymes y a la agricultura familiar, genera empleo y fortalece la producción nacional.

El horizonte que dibuja el MIC —que las microempresas escalen a pequeñas, las pequeñas a medianas y estas se proyecten más allá— dependerá menos del anuncio que de tres variables que recién empezarán a medirse. La primera, la adopción: cuántas de esas 1.500 mipymes proyectadas terminan operando en la plataforma. La segunda, las tasas efectivas que arroje la subasta, que son las que definen si «Adelanta» desplaza de verdad al financiamiento informal o solo lo acompaña. Y la tercera, la más decisiva a mediano plazo, la extensión del modelo más allá de Hambre Cero hacia otras cadenas de facturación —públicas o privadas—, el paso que separa a una herramienta atada a un programa puntual de una política de crédito para el conjunto del universo mipyme.

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