Editorial. El retorno de la multinacional brasileña JBS a Paraguay, con una inversión proyectada de alrededor de 70 millones de dólares y la generación de más de 1.100 empleos directos, no es un hecho aislado ni casual. Es la consecuencia directa de un país que en 2024 alcanzó por primera vez la categoría de economía con grado de inversión, bajo la conducción del presidente Santiago Peña, un logro histórico que transformó la percepción internacional sobre Paraguay y lo colocó en el radar de los grandes capitales globales. Que una de las mayores compañías cárnicas del mundo vuelva a apostar por Paraguay no se explica en clave de coyuntura, sino como el resultado de un proceso político y económico orientado a construir credibilidad, estabilidad y confianza en el futuro.
La adquisición de la planta de Pollos Amanecer en Juan Eulogio Estigarribia y el plan de expansión que permitirá procesar hasta cien mil aves por día son símbolos de lo que representa esta nueva etapa. No se trata simplemente de abrir un negocio más, sino de instalar un complejo productivo que activará cadenas de valor en transporte, logística, granjas avícolas, incubadoras, balanceados y servicios conexos. JBS no viene a improvisar, viene a instalarse con una visión de largo plazo, y lo hace porque encuentra un país distinto: un Paraguay que ofrece previsibilidad jurídica y estabilidad macroeconómica, que transmite al mundo la seguridad de que las reglas no cambiarán de un día para otro y que cuenta con un liderazgo político capaz de generar confianza.
Frente a esta realidad, el discurso opositor que insiste en pintar un país ficticio, dominado por el caos, la incertidumbre y el desorden institucional, se desmorona ante los hechos. Mientras algunos se aferran a narrativas derrotistas, las cifras muestran que las inversiones llegan, que el empleo se multiplica y que Paraguay comienza a consolidar un lugar propio en el mapa de las economías emergentes más atractivas de la región. El país imaginario de la oposición se estrella contra la evidencia del Paraguay real, donde los anuncios de capitales internacionales se convierten en fábricas, granjas, producción y empleos concretos para miles de familias.
El gobierno de Santiago Peña está demostrando que la confianza internacional no se construye con discursos vacíos, sino con políticas consistentes: disciplina fiscal, estabilidad política, promoción activa de inversiones y un diálogo público-privado basado en la previsibilidad. El ascenso crediticio de 2024 fue el punto de partida, la credencial que abrió puertas en los mercados globales y que permitió que multinacionales como JBS miren al Paraguay no como una alternativa secundaria, sino como un polo estratégico de expansión. Hoy ese reconocimiento internacional se traduce en hechos: una planta que genera empleo, una inversión que dinamiza la economía regional y una señal inequívoca de que el modelo de gobernanza implementado por Peña está dando resultados visibles.
No es menor el simbolismo que representa que sea justamente JBS, gigante mundial de la proteína animal, la que decida regresar. Su nombre se asocia a escala global, a competitividad y a mercados exigentes. Que haya elegido a Paraguay como destino es un mensaje que trasciende lo económico y se convierte en político: el país es confiable, el país es seguro, el país está preparado para ser protagonista en el desarrollo regional.
Lejos de las consignas opositoras que hablan de parálisis, lo que se observa es movimiento, dinamismo, crecimiento. Mientras la crítica insiste en un país que no existe, el Paraguay real sigue avanzando con indicadores concretos: más inversión, más empleo, más confianza internacional. El regreso de JBS, potenciado por el nuevo estatus financiero alcanzado el año pasado, es la prueba más contundente de que el camino tomado por este gobierno es el correcto. Y no se trata de un dato técnico ni de un titular pasajero: se trata de un cambio estructural en la forma en que el mundo percibe y apuesta por el país.
El efecto Peña ya está a la vista. No es un eslogan: es la evidencia palpable de que con rumbo claro, liderazgo firme y políticas coherentes, Paraguay puede romper viejos techos, derribar prejuicios y convertirse en un polo de confianza para los grandes capitales internacionales. El reconocimiento internacional en 2024 fue la llave, y el regreso de JBS es la puerta que se abre para que más inversiones lleguen. La diferencia entre el Paraguay real y el imaginario no podría ser más evidente: de un lado, empleo, crecimiento y capital productivo; del otro, un relato vacío que se queda sin sustento cada vez que un nuevo anuncio internacional confirma que el país se está transformando en la tierra de las oportunidades.
Estos éxitos, así como otros que se vienen consolidando, son la expresión de un modelo de desarrollo equilibrado, que avanza hacia la convergencia fiscal, con el mejor clima de negocios de la región y un crecimiento económico sostenido y previsible, características que sitúan a Paraguay en un lugar de privilegio en el escenario regional e internacional.



