La oposición paraguaya volvió a montar su circo favorito: agitar fantasmas para tapar su vacío.
Sin propuestas, sin liderazgo y sin conexión con la gente, ahora necesita inventar un enemigo invisible —la supuesta reelección de Horacio Cartes— para simular que todavía existe.
El problema es que nadie dentro del Partido Colorado habló de reelección, ningún proyecto fue presentado en el Congreso y ninguna autoridad oficial —ni Cartes ni el presidente Santiago Peña— mencionó el tema.
Pero el PLRA y sus aliados lo repiten igual, como si denunciar una amenaza inexistente los hiciera parecer relevantes.
Esa estrategia —vieja, previsible, gastada— busca suplir con miedo lo que no pueden construir con propuestas. La oposición no tiene programa, no tiene bandera, no tiene plataforma política. Vive de un anticoloradismo primario que no conecta con las masas y que, en lugar de interpelar al poder, solo refleja su desconexión con el país real.
El Partido Colorado, en cambio, no necesita hablar de reelección para mantener el poder político: lo ejerce todos los días, con cohesión interna, conducción firme y una relación orgánica entre liderazgo partidario y liderazgo gubernamental. Mientras tanto, los liberales y sus aliados juegan a la guerra de sombras, denunciando conspiraciones que nadie tramó y peleando batallas que nadie les declaró.
La reelección imaginaria de la oposición solo desnuda el miedo a una paliza electoral si alguno de sus referentes tuviera que medirse con Cartes en condiciones reales. Un miedo que contrasta brutalmente con el relato fallido que intentan difundir sobre el país, el Partido Colorado y el propio Horacio Cartes como supuestas fuentes del mal.
La reelección de Cartes no está en agenda actualmente. Lo que sí está —y de eso la oposición no quiere hablar— es la distancia abismal entre su retórica y la realidad. Un país con estabilidad, crecimiento y conducción política clara, frente a una oposición sin brújula, que solo encuentra sentido en negar lo que el pueblo mayoritariamente respalda.



