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sábado, junio 13, 2026

La revolución industrial que Paraguay necesita

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Cuando Marco Riquelme tomó el Ministerio de Industria y Comercio, fue directo al punto central. “Hoy iniciamos la revolución industrial en Paraguay”, afirmó, y esa frase simple pero potente despierta una esperanza de ver una nueva agenda que innove en las potencialidades de nuestro modelo social y económico. El impulso llega justo ahora, cuando la economía viene mostrando signos de diversificación con fuerza propia. El agro viene incorporando valor agregado, la maquila se abre paso en nuevos mercados, las mipymes empiezan a exportar con mayor ambición y los rubros de energía y servicios muestran un pulso que hace unos años parecía lejano.

 

El desafío principal es acelerar ese movimiento,  coordinando políticas públicas que se apoyen entre sí, con incentivos claros para la inversión productiva, financiamiento que llegue de verdad a las mipymes y trámites liberen aún más las fuerzas productivas dormidas. Sobre todo, se necesita una mirada integral al capital humano, porque la diversificación solo se sostendrá si contamos con personas formadas para llevarla adelante y con competencias que respondan a lo que el mundo demanda en este momento.

Por eso conviene colocar desde ya el Marco Nacional de Cualificaciones en el corazón de la agenda. Ese instrumento crearía el lenguaje común que aún falta entre universidades, institutos técnicos y empresas, para definir con precisión qué habilidades exige hoy la industria, la agroindustria, la transición energética o la manufactura avanzada. Sería el mapa que permita a los jóvenes trazar trayectorias claras, con certificaciones que pesen de verdad en el mercado y títulos que abran puertas en lugar de quedarse en un marco.

En ese esfuerzo la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (ANEAES) está llamada a ocupar un lugar central y visible. Como aseguradora de calidad de la educación superior, su acreditación funciona como una señal de confianza directa para los empleadores. Cuando una carrera obtiene ese reconocimiento, el empresario sabe que los egresados traen competencias actualizadas, que el programa cumplió estándares internacionales exigentes y que esa formación prepara realmente para insertarse con éxito en el mundo laboral.

Esa certeza reduce riesgos, acelera las contrataciones y multiplica el retorno de cada inversión productiva. La ANEAES, ya consolidada en sus procesos, tiene la autoridad y la experiencia para convertirse en el puente natural entre la academia y la productividad nacional

La estabilidad macroeconómica sigue siendo el cimiento indispensable y hay que seguir protegiéndola con la misma disciplina. Pero el próximo paso, el que decidirá si duplicamos el PIB en una década, es la productividad. Y esa productividad surge precisamente de coordinar políticas que impulsen la diversificación con incentivos concretos y una visión profunda del capital humano unido a la educación.

El presidente Peña ha insistido en la meta de duplicar el PIB en diez años. Ese sueño no se cumple solo con cifras macro. Se cumple formando a los paraguayos que lo harán realidad. Para que revolución industrial se ponga en marcha corresponde transitar con urgencia y con visión compartida el camino que convierta nuestra diversificación en prosperidad profunda y duradera.

Es hora de proponer, de coordinar y de actuar. Paraguay ya se mueve y necesitamos que avance más rápido, con más profundidad y con la convicción de que esta vez estamos construyendo el futuro que merecemos.

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