Mientras Kattya González se consolida como la gran electora de la oposición y respalda a Johanna Ortega, la candidatura de Soledad Núñez se desinfla: sin estructura ni aliados relevantes, hoy solo cuenta con el apoyo del minúsculo partido de maletín PDP.
El tablero opositor en Asunción cambió drásticamente: Kattya González, figura con mayor imagen y liderazgo dentro del electorado opositor, decidió respaldar la candidatura de Johanna Ortega para la intendencia de la capital. La exsenadora, convertida hoy en la gran electora de la oposición, busca ordenar un espacio hasta ahora fragmentado y sin conducción clara.
Fuentes cercanas a su entorno —ligadas al ámbito académico— aseguran que Kattya también evalúa un plan B: ser ella misma candidata en caso de que la postulación de Ortega “no prenda” o no logre consolidar apoyos amplios. Los números la respaldan: encabeza prácticamente todas las mediciones de intención de voto entre el electorado opositor en la capital.
En ese contexto, la candidatura de Soledad Núñez se debilita visiblemente. Pese al impulso mediático y la insistencia en definir la unidad por encuestas, Núñez ha quedado aislada, sin el respaldo real de los principales actores de la oposición. Solo cuenta con el apoyo del minúsculo partido de maletín PDP, propiedad de Rafael Filizzola, senador por el obsequio que le hizo el Partido Liberal al darle un lugar en sus listas en las últimas elecciones.
Por su parte, Agustín Saguier, precandidato del PLRA, mantiene firme su postulación y rechazó abiertamente el mecanismo de encuestas propuesto por Núñez. En el seno liberal ya no se discute si habrá candidatura propia, sino a quién apoyar entre Johanna Ortega y Kattya González, lo que confirma que la exministra quedó sin base política ni estructura detrás.
El encuestador Adolfo Grau, en entrevista con @780AM, describió con claridad el escenario mediático:
“Los medios, como siempre, metiéndose en las campañas, tienen una candidata específica a la que están adornando, tratando de vender lo mejor posible”.
La frase sintetiza el momento: mientras Kattya González consolida su rol como la gran electora del espacio opositor, Soledad Núñez enfrenta el costo de haber construido su candidatura sobre el vacío —sin territorio, sin partido y sin apoyos reales.



