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viernes, junio 5, 2026

El infortunio de Eligio Ayala-Parte 1

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Por: Juan de Ibarburu 

Existe un libro muy recordado de la biblioteca de autores paraguayos. Varios lo tienen en sus casas pero pocas veces le echaron una atenta leída. Este libro se titula «Infortunios del Paraguay» y su autor fue el doctor Teodosio González, que tiene bien merecida su fama por los agudos comentarios del escritor que plasmó en esas páginas sus ideas en un momento candente de la historia paraguaya.

El doctor Teodosio González no fue cualquier hombre. Nació en Asunción en 1871, egresó con título de bachiller del Colegio Nacional de la Capital y tiempo después de iniciarse en la carrera de derecho en la Universidad Nacional de Asunción, consiguió culminar sus estudios con el doctorado en jurisprudencia que obtuvo en la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Ejerció varios cargos públicos de importancia en el país, fue diputado por el Partido Liberal y por un breve tiempo ministro de relaciones exteriores de la República del Paraguay. Además, se le reconoce como redactor del Código Penal del Paraguay, obra jurídica que con modificaciones, en cierta medida sigue vigente en el país. Falleció pocas semanas antes del estallido de la Guerra del Chaco, en 1932.

Un amigo personal, a quien considero el mejor historiador paraguayo de la actualidad, me recomendó que leyera este libro «Infortunios del Paraguay», cuya primera edición vio la luz en el año 1931. Debo admitir que esa recomendación fue una de las más valiosas que recibí, no tanto porque este libro sea una «obra maestra» como se dice, sino porque el doctor Teodosio González, con aciertos y errores, habla con la convicción de alguien que no finge sus posturas.

Vivo los suficientes años en el Paraguay, siendo un migrante uruguayo, como para saber que en este país existen dos bandos de historiadores: en el primero están los que fingen que son «neutrales y muy academicistas» pero terminan siempre defendiendo a su sector político o ideológico (de todos los partidos políticos, debo añadir) y en el segundo, los que son «frontales y sin disimulos» a la hora de expresar sus posturas, quienes pueden cometer errores pero en la mayoría de las ocasiones aciertan o están más cerca de decir la verdad que los primeros mencionados.

El doctor Teodosio González pertenece a ese segundo bando. Era liberal militante pero a su vez, sus convicciones patrióticas y personales lo ponían por encima de las banderías políticas. Decía la verdad o por lo menos, lo que él creía que era la verdad y realmente, no se alejaba mucho de ella.

Creo que mucha gente prefiere no afrontar al libro «Infortunios del Paraguay» del doctor Teodosio González porque este señor dedica gran parte de toda su obra a denostar contra las fallidas políticas sociales y económicas del doctor Eligio Ayala, caudillo del Partido Liberal que murió en miserables circunstancias en 1931.

Nadie puede negar que el presidente Eligio Ayala tiene sus admiradores y sus detractores. No soy yo la persona más adecuada para decir al pueblo paraguayo quién debe ser celebrado como un gran estadista y quién no. En cambio, el doctor Teodosio González prepara un delicado menú y salpimienta a su celebrado libro con varias evidencias que demuestran que Eligio Ayala está muy lejos de ser lo que sus panegiristas afirman que fue.

La primera «perlita» que el doctor Teodosio González nos cuenta sobre Eligio Ayala está en el título VI, capítulo VII de su libro citado.

El autor cuenta allí que se reunió con unos banqueros y agentes de bolsa británicos que le habían dicho que Paraguay podía solucionar toda la cuestión de su deuda con Inglaterra (por causa de los ruines préstamos de 1871 – 1872 y 1912 con la banca inglesa) con aproximadamente 1.500.000 pesos oro de la época. González comunicó esto al gobierno paraguayo, con informaciones oficiales que obtuvo de la misma ciudad de Londres. La respuesta que recibió fue sorprendente: el gobierno de Eligio Ayala sabía que esta operación era factible (cancelar todas las deudas paraguayas con Inglaterra comprando esos bonos por 1.500.000 pesos oro en la Bolsa de Londres, de forma furtiva y rápida) pero insistió en llegar a un acuerdo con un tal Mr. Binder, quien llegó al Paraguay en representación de los tenedores ingleses de todos los bonos paraguayos, incluidos los del Ferrocarril Central del Paraguay que fue vendido a precio vil a las empresas explotadoras británicas para que estas lo liquidaran tiempo después, llevándose las ganancias y dejando las ruinas al país.

En contra de lo que sugerían las finanzas del Paraguay, el presidente Eligio Ayala llegó a un infame acuerdo con Mr. Binder. El gobierno paraguayo se encargaría de pagar cerca de 6.000.000 de pesos oro a los tenedores de bonos británicos, lo que era aproximadamente 4.337.442 pesos oro por encima de lo que Paraguay hubiera gastado sí se realizaba la operación de compra de dichos bonos directamente en la Bolsa de Londres.

El presidente Eligio Ayala sufrió críticas de los miembros de su propio partido político por esta actuación onerosa para la economía del Paraguay pero él contestó, en un mensaje oficial que realizó ante el Congreso:

«Alguien que presume de gran economista ha atacado este arreglo sentenciando que el Estado hubiese hecho mejor en comprar solapadamente los títulos de la deuda externa a los precios ínfimos a que se cotizaban antes del arreglo; pero el gobierno no quiso hacer esto, porque era una especulación indecente y fraudulenta… No pagar la deuda para desvalorizar los títulos y aprovecharse de la desvalorización para comprarlos, es una especulación fraudulenta… El poder ejecutivo no está arrepentido del arreglo, porque fue caballeresco, leal y franco… Mirando por el buen nombre del país, para no aprovechar la situación a que se habían visto obligados los acreedores ingleses a causa del abandono por el Paraguay del cumplimiento de sus obligaciones».

Teodosio González responde de manera lapidaria que en primer lugar, el presidente Eligio Ayala termina indirectamente reconociendo él mismo y en un mensaje oficial ante el Congreso, que la operación que realizó con Mr. Binder y los tenedores de bonos ingleses fue onerosa para el país pero que lo hizo así por «caballerosidad» y supuestamente «por el buen nombre» del Paraguay; a lo que contesta González que «vaya y pase» que se opere así para entidades privadas pero no para el Estado Paraguayo, con todas sus pobrezas y miserias, que encima debía pagar a los supuestos «caballeros» ingleses por los infames empréstitos de 1871 y 1872 que fueron de 1.562.000 libras esterlinas en bonos pero que solamente llegaron al Paraguay unas 400.000 de ellas pues el resto se lo retuvieron los mismos ingleses «a título de comisión, gastos, coimas, inmigrantes, picos, palas y azadones… Ese argumento de la caballerosidad era un sarcasmo, un escarnio, una blasfemia», como lo remataba el autor de «Infortunios del Paraguay».

Resumiendo, con este oneroso y ruin acuerdo, el presidente Eligio Ayala «sacrificó tontamente 4.337.442 pesos oro, con los cuáles hubiéramos podido armar y equipar por completo un ejército de las tres armas de 35.000 soldados, adquirir seis cañoneros de río y 30 aeroplanos, para defender nuestro Chaco y el pleito con Bolivia hubiera sido corto, pero en cambio, quedó nuestro gobierno como modelo de “caballero… financista”. Y después no faltó quien propusiera que al cañonero “Humaitá”, comprado con el sudor del pueblo, se le cambiase el nombre por el de “Eligio Ayala”», en punzantes palabras del doctor Teodosio González, a las que no añadiremos nada pues son muy elocuentes.

En el asunto ferrocarrilero, el presidente Eusebio Ayala señaló que llegó a un acuerdo con los ingleses representados por Mr. Binder para que estos instalen una vía férrea desde el Ferrocarril Central (en Asunción) pasándose por Luque, Capiatá, Itá y desde allí rumbo a Carapeguá. ¡Pero los ingleses pusieron ningún solo riel, al menos, ninguno según este plan y según lo que cuenta Teodosio González!

Anota con contundencia el doctor Teodosio González:

«Y la actitud del gobierno de manifiesto favoritismo a favor del Ferrocarril, se acentúa hasta sublevar la conciencia, teniendo en cuenta el apuro con que se concluyó de pagar esas cuentas colosales, muy dignas de revisión y de poda, sin esperar que la empresa cumpla su promesa correlativa de construir el ramal a Carapeguá y en momentos en que en el Hospital Nacional, los enfermos graves de tuberculosis, recibían por día solo un huevo y un pocillo de cien gramos de leche, faltaban vendas para la sala de operaciones y muchos internados tenían que dormir en el suelo y en los corredores por falta de camas, en fuerza de la penuria fiscal de fondos que lloraba a diario el presidente».

En esto último, pareciera ser que las cosas no cambiaron desde tiempos del presidente Eligio Ayala hasta hoy mismo.

¡Pero los infortunios de Eligio Ayala continuarán!

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