Paranaländer for ever atraído por los diarios y horrorizado por las guerras fratricidas se toma una tarde veraniega para leer los diarios de la guerra civil de 1947 del padre Alonso de las Heras.
Me leí de un tirón el viernes de siesta el «Diario del Padre César Alonso de las Heras. Durante la guerra civil de 1947».
Alonso de las Heras (Tristán Suárez, 1913-Asunción, 2004) dejó en custodia de Ana Martini los 3 cuadernos de colegio donde dejó apuntes rápidos durante la llamada guerra civil del 47. La transcripción corrió por cuenta de la paleógrafa Elizabeth Barriocanal Carísimo, y Juan Marcelo Cuenca Torres añadió las citas referenciales.
El comienzo es un poco dubitativo, se entiende, porque el levantamiento acontece lejos de la capital, en marzo del 47. Se anima en agosto, mes del fin de las hostilidades, y cuando Asunción vivía en medio de la paranoia de un cerco y de la amenaza de una posible caída.
A continuación, transcribo cosas muy a vuelo de pájaro y sin afán de ningún resumen o conclusión sinóptica.
La importancia de los medios de comunicación, sobre todo radio y diarios, entonces.
La única palabra guaraní usada por el cura hispano-argentino, es pynandi, y en un contexto peyorativo. Ah, me olvidaba de pyrague.
La enseñanza durante el semestre sangriento prácticamente no tuvo receso. Alonso siguió dando sus clases de raíces griegas y latinas. Disminuían los alumnos, ya sea porque se enrolaban voluntariamente para la guerra o los retiraban los padres por precaución.
Son mencionados todos los curan franchutes que hoy son ya toponimia de la city, Pucheau, Noutz, León Condou, etc.
Parte de su rutina diaria también era asistir a misa en La Teresas.
El colegio San José aloja en esa época a la juventud oligárquica del país, quiérase o no, sobre todo si repasamos, los apellidos: Vasconcellos, Wasmosy, Domínguez, Irala, Fracchia, Ferraro, Riera, Encina Marín, Breuer, Aseretto, Tardivo, Meyer, De Gásperi, Decoud, Jacks, Bedoya, Insfrán, Battilana.
Mambrú es el apodo que los rebeldes le ponen a Morínigo. A quien no lo quiere nadie, ni los colorados que son los que lo defienden contra la coalición cívico-militar de febreristas, liberales y comunistas. La radio rebelde se manifiesta de modo explícito en esto: nos levantamos contra Morínigo, no contra los colorados.
Sobre León Kare, el coronel Franco: que tenía un verdadero harem. Que a los soldados les habían prometido casas y dinero y lindas yiyis cuando entraran en Asunción. Durante la rendición condicional del bando revolucionario, Franco huyó. Muchas violaciones de mujeres liberales y coloradas. Franco siempre fue el peor enemigo d ellos azules. Valdovinos defendió a punta de pistola el Oratorio contra los liberales el 14 de agosto de 1946. En estos gestos lee Alonso la impracticabilidad de un gobierno revolucionario si llegara a triunfar. Su lema es: mueran los partidos y viva el Paraguay.
Sobre Natalicio: la hija del Mariscal Estigarribia lo admira. Le cuenta en su excelente francés al padre que recorre las trincheras uniformado. Es el alma de la resistencia. Alonso en cambio desdeña su discurso que se sostiene sobre la soberanía del pueblo, que el mismo es del pueblo, que el pueblo colorado defiende la civilización americana. Aunque el hermano de Natalicio tiene un hijo alumno del san José. Al final le valora el gesto de perdón, que la patria medie las diferencias, etc.
Suelen tomar la palabra por la Radio Nacional: O’Leary, casi siempre pesimista. Juan Eulogio Estigarribia promete paz, no habrá odios ni horca para nadie. Víctor Moríngo, habla de victoria.
Entre los jóvenes del Blas Garay (centro de jóvenes colorados que defendían al gobierno haciendo tareas de vigilancia e inteligencia) merece mencionarse a Washington Ashwell, estudiante de economía y secretario del centro.
Hugo Rodríguez Alcalá le visita un par de veces. Le lee poemas que está escribiendo y el padre le da su opinión.
Cretinoides. Yo pensé enseguida en Cecilio, pero no es el positivismo liberal aquí la fuente sino es léxico del mismísimo padre Noutz. Lo usa un revolucionario en un comunicado. Un ex alumno del colegio seguramente.
La máquina liberal. Riera dice que la meta es desmontar la máquina liberal. Interesante concepto.
La Academia Literaria se reúne una vez sí otra no.
Lo más profundo y auténtico aparece en la página final: el cura Alonso festeja el retorno de la normalidad que extrañamente se da en la forma del pito de un policía. Y aprueba la consigna final colorada de la pacificación de la familia paraguaya. ¿Deja vu anacrónico de la proclama del golpe del 89?



