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jueves, junio 4, 2026

Paraguay entra al GBI-EM de J.P. Morgan: una gran oportunidad que exige responsabilidad y visión de largo plazo

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J.P. Morgan acaba de dar un paso que pone a nuestro país en el radar financiero global de forma más nítida. A partir del primer semestre de 2026, los bonos soberanos de Paraguay en moneda local se incorporan al índice GBI-EM (Government Bond Index – Emerging Markets). Esto ubica a Paraguay en un grupo selecto de apenas 20 economías emergentes, junto a naciones como India, Indonesia, México, Polonia y Tailandia, cuyos títulos en moneda propia atraen la atención de los grandes inversionistas institucionales.

 

Esta inclusión llega después de dos emisiones exitosas de bonos internacionales en guaraníes (Global PYG), que suman cerca de mil millones de dólares y cumplieron con los exigentes criterios de liquidez, accesibilidad y profundidad de mercado. El peso inicial dentro del índice es modesto, alrededor del 0,04%, pero el efecto real va mucho más allá de esa cifra. Los fondos que replican este benchmark tendrán que considerar los bonos paraguayos, lo que puede generar mayor demanda, más visibilidad internacional y, sobre todo, la posibilidad de financiar al Estado a tasas más bajas.

Para nuestro país eso significa algo muy concreto: más espacio para invertir en infraestructura, programas sociales y obras públicas sin presionar tanto las tasas de interés ni recurrir a impuestos adicionales. El Ministerio de Economía y el Banco Central ya lo han destacado: esta movida fortalece la estrategia de emitir en guaraníes y reduce el costo del financiamiento. Paraguay ya cuenta con grado de inversión de Moody’s y S&P, y el objetivo es completar el “triplete” con Fitch durante 2026. Además, según el EMBI de J.P. Morgan, nuestro país se ubica entre los tres de América Latina con menor riesgo país, solo detrás de Chile y Uruguay.

Algunos críticos argumentan que este tipo de reconocimientos solo abren la puerta a un endeudamiento insostenible, especialmente porque la capacidad recaudatoria sigue dependiendo fuertemente de impuestos indirectos y el marco tributario vigente no permite grandes expansiones sin reformas. Dicen que más acceso a financiamiento barato terminará presionando las cuentas públicas y dejando la factura para las futuras generaciones.

Esa visión pasa por alto la realidad actual de las finanzas paraguayas. La deuda pública cerró 2025 en torno al 41,2% del PIB, un nivel moderado y muy por debajo del promedio de países con grado de inversión similar. El déficit fiscal se redujo de forma sostenida hasta llegar al 2% del PIB en 2025 —el mejor resultado desde 2019— y el Presupuesto 2026 fija exactamente el tope del 1,5% permitido por la Ley de Responsabilidad Fiscal. Esto refleja un compromiso claro con la convergencia fiscal: se prioriza el orden en el gasto, se mejora la eficiencia recaudatoria sin subir impuestos y se impulsa el crecimiento económico proyectado en torno al 4% para 2026, que naturalmente amplía la base de ingresos.

Acceder a tasas más bajas gracias al GBI-EM no invita al despilfarro; al contrario, alivia la carga de intereses y libera recursos para inversión productiva que genera más crecimiento y, con él, más recaudación sin tocar el bolsillo de la gente. Los mercados internacionales, representados por J.P. Morgan, no premian con inclusión en su índice a países que muestran señales de insostenibilidad. Al revés: esta decisión confirma que los inversionistas ven disciplina, previsibilidad y una trayectoria fiscal responsable bajo la gestión del presidente Santiago Peña.

Los verdaderos riesgos vendrían de rechazar estas oportunidades por temor infundado o de caer en el gasto corriente sin retorno. Aquí el enfoque es distinto: emisión responsable en moneda local, reglas claras y uso de los fondos en obras que fortalecen la economía real. Eso es lo que los grandes inversionistas premian y lo que permite a nuestro país madurar sin comprometer el futuro.

El ingreso al índice de J.P. Morgan confirma que el rumbo elegido está dando resultados.

Con mayor confianza externa y la mira puesta en consolidar el grado de inversión, Paraguay se posiciona como una de las economías más estables de la región. Los paraguayos podemos mirar con realismo y optimismo: el progreso llegó, y ahora toca administrarlo con responsabilidad para que beneficie a todos.

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