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miércoles, junio 24, 2026

Cuando la migración deja de mirar solamente hacia afuera

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En este artículo, el sociólogo Martín Duarte analiza los datos del Censo 2022 y advierte un giro decisivo en la cuestión migratoria paraguaya: el país deja de pensarse como territorio puramente expulsor de población para reconocerse como un espacio de circulación interna, redistribución demográfica y nuevos horizontes de desarrollo.

 

Durante gran parte de su historia contemporánea, el Paraguay fue pensado como un país netamente expulsor de población. La imagen no carece de fundamentos. La guerra civil de 1947, las desigualdades agrarias, la concentración de oportunidades económicas y las recurrentes crisis políticas y sociales consolidaron durante décadas un horizonte migratorio que apuntaba hacia afuera. Para varias generaciones de paraguayos, migrar significó, casi naturalmente, partir hacia Buenos Aires. Más tarde, España y Estados Unidos se incorporaron a ese imaginario de movilidad, trabajo y reproducción social.

Sin embargo, los resultados del informe Migración Interna e Internacional, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística a partir del Censo Nacional de Población y Viviendas 2022, sugieren que esa representación comienza a mostrar ciertos límites. No porque la emigración internacional haya desaparecido, sino porque la movilidad de la población paraguaya parece estar reconfigurándose a partir de renovadas coordenadas. El cambio fundamental no se agota en el paso de una sociedad migrante a una sociedad sedentaria, sino en el desplazamiento de los circuitos de movilidad. La migración continúa siendo una dimensión constitutiva de la experiencia paraguaya, pero ya no se orienta exclusivamente hacia el exterior; cada vez más se despliega entre departamentos, ciudades y distritos del país.

Las cifras son reveladoras. En 2022, el 20,2% de la población residía en un departamento distinto al de su nacimiento, mientras que el 2,6% había nacido en otro país. La diferencia no es menor. Durante mucho tiempo, la cuestión migratoria paraguaya estuvo asociada casi exclusivamente a la emigración internacional. Hoy, en cambio, los movimientos inter e intradepartamentales adquieren una centralidad que obliga a revisar esa mirada. Por cada migrante internacional existen varios migrantes internos, lo que desplaza la atención desde las fronteras nacionales hacia las dinámicas territoriales que atraviesan departamentos, ciudades y distritos.

Desde una perspectiva sociológica, podría decirse que Paraguay atraviesa un proceso de reterritorialización. Durante buena parte del siglo XX, el territorio nacional aparecía frecuentemente como el punto de partida de trayectorias que encontraban en el exterior sus posibilidades de realización social, económica o profesional. Los datos actuales sugieren una situación más compleja.

El espacio paraguayo adquiere una nueva centralidad como ámbito de circulación, redistribución de población y construcción de proyectos de vida. Las trayectorias migratorias articulan cada vez con mayor intensidad barrios y localidades, departamentos y distritos del país, configurando circuitos territoriales que conectan Encarnación con Ciudad del Este, Pedro Juan Caballero con Concepción, Coronel Oviedo con Asunción y múltiples localidades que hasta hace poco ocupaban posiciones periféricas dentro de las principales corrientes de movilidad y territorialización. La experiencia migratoria continúa siendo constitutiva de la sociedad paraguaya, pero encuentra en el propio territorio nacional un entramado más denso de oportunidades, vínculos sociales y horizontes de realización.

El propio informe identifica este fenómeno como una combinación de retracción y recomposición. Por un lado, la emigración internacional muestra señales de desaceleración. El caso más emblemático es Argentina, principal destino histórico de la migración paraguaya desde mediados del siglo XX. Luego de décadas de crecimiento, la población paraguaya residente en ese país se estancó e incluso mostró una leve reducción entre 2010 y 2022. Paralelamente, se observa una mayor retención de población joven dentro del territorio nacional, algo que modifica la estructura demográfica del país y altera una de las características históricas de la emigración paraguaya.

Por otro lado, la recomposición se expresa en la diversificación de los destinos internos. A los polos tradicionales de atracción —Central, Presidente Hayes y Boquerón— se suman departamentos como Misiones, Amambay, Alto Paraná y Cordillera, que registran saldos migratorios positivos durante el período reciente. Lo relevante no es solamente la aparición de nuevos territorios receptores, sino la evidencia de una estructura espacial más compleja, donde distintas regiones comienzan a ejercer capacidad de atracción sobre población proveniente de otros puntos del país. La antigua imagen de un Paraguay organizado exclusivamente alrededor del área metropolitana resulta insuficiente para describir la dinámica territorial actual.

Este cambio también obliga a revisar algunas imágenes tradicionales sobre la migración internacional. La inmigración que recibe Paraguay ya no responde únicamente al perfil histórico de corrientes fronterizas o rurales con bajos niveles educativos. El informe muestra que la población proveniente de Argentina presenta niveles educativos elevados y perfiles urbanos; que la inmigración brasileña incorpora estudiantes universitarios y trabajadores calificados; y que la migración venezolana emerge como un colectivo caracterizado por un importante capital educativo y una alta participación económica. La movilidad internacional no desaparece, pero se vuelve más heterogénea y compleja.

Esta reconfiguración territorial plantea también un desafío para las instituciones públicas. Si una proporción creciente de la población reorganiza su trayectoria dentro del país, resulta indispensable comprender qué está ocurriendo en los nuevos polos de atracción departamental, en las ciudades intermedias y en las urbanizaciones recientes que acompañan estos desplazamientos. La migración interna no supone únicamente un movimiento de personas; implica también la redistribución de capacidades, conocimientos, fuerza de trabajo y expectativas de movilidad social. Allí donde llegan nuevos contingentes de población se redefinen demandas de vivienda, transporte, educación, salud y empleo, pero también emergen nuevas potencialidades productivas y económicas que muchas veces permanecen insuficientemente observadas.

Tomar nota de estos procesos significa reconocer que el desarrollo territorial no puede seguir pensándose exclusivamente desde el área metropolitana ni desde los grandes centros tradicionales de crecimiento. Los saldos migratorios positivos observados en departamentos como Misiones, Amambay, Alto Paraná o Cordillera constituyen indicios de una dinámica territorial que merece ser comprendida con mayor profundidad. ¿Qué actividades económicas están reteniendo población? ¿Qué formas de inserción laboral se consolidan en estos territorios? ¿Qué papel desempeñan las instituciones educativas, la infraestructura urbana o los mercados regionales? Son preguntas que exceden la cuestión migratoria y remiten directamente a las posibilidades de desarrollo del Paraguay contemporáneo.

Quizás la principal enseñanza del informe sea que el escenario migratorio paraguayo ya no coincide plenamente con la imagen de un país condenado a expulsar población hacia el exterior. La migración sigue siendo un rasgo constitutivo de la sociedad paraguaya, pero sus escalas, direcciones y significados están cambiando. Si durante décadas la pregunta fue por qué los paraguayos se iban, una de las preguntas emergentes del presente podría ser otra: qué transformaciones territoriales, económicas, sociales e institucionales están haciendo posible que una parte creciente de esas trayectorias encuentre hoy su horizonte dentro del propio territorio nacional. Y, sobre todo, cómo las políticas públicas pueden reconocer, acompañar y potenciar esta nueva configuración territorial para convertirla en una oportunidad de desarrollo, integración y fortalecimiento de las capacidades productivas del país.

Martín Duarte

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