Paranaländer empareja a Luciano, maldito, y Cheruich Mendoza, cosmopolita: dos chamacocos célebres en su tiempo.
Cheruich Mendoza
«Cuando regresaba me detuvo Cheruich, diciendo:
—Los viejos cuentan que Europa es un río grande en el que, cuando viene tormenta, el viento trae mucha ropa, mosquiteros, pantalones, camisas y los cristianos lo juntan todo para venderlo a nosotros… El agua grande (mar) arrojan las cuentas y botones a la costa y así el que tiene buenos ojos junta mucho y se enriquece porque las cuentas y botones solo de noche tienen agujeros, los caballos sacan a los espíritus del agua y los bueyes de una gruta encantada. Tú cuentas otra cosa y yo quiero saber si es «cuchia» (mentira). Voy contigo para ver las fábricas».
(Caras y caretas, Buenos Aires, 9-10-1909)

A.V. Frič (1882-1944), explorador y etnógrafo praguense, cumplió su promesa y llevó a Cheruich Mendoza a recorrer casi toda Europa, donde bajó a centenares de metros de profundidad en minas de hierro y carbón, subió altísimas cúpulas y torres, contempló valles y pueblos desde un globo, apostó en carreras de automóviles, visitó fábricas, asistió a banquetes, se transformó en conductor de un trineo sobre la nieve de Bohemia, alimentó a las palomas de San Marcos, tomó baños en el mar de Trieste …
Luciano
«Si, señores, sus amigos hemos sentido honda pena cuando al leer el diario de viaje del denodado expedicionario Cancio, corrimos, con la imaginación, el velo del misterio que encubre la tragedia que puso fin a la cara existencia de Boggiani. Imaginaos verle tendido, inerte, allá, en la selva umbrosa del Chaco inmenso de sus nostalgias; sobre su cráneo hundido, la faz broncínea y torva del indio pérfido y traicionero, esperando su última exhalación para robarle; pensando que están lejos, muy lejos, la patria y los seres queridos, sintiendo acercarse la muerte, atenazarle con sus nervios fríos, nublarle los ojos y paralizar su corazón y su pensamiento con su húmedo soplo. ¡La suerte injusta ha sido implacable al depararle tanta crueldad en el breve transito que separa la vida de la región de las sombras!».
(Ante los restos de Boggiani, DON ARSENIO LOPEZ DECOUD, 1902, en “Revista Paraguaya” (Año II – N® 3). Bajo la dirección de Viriato Diaz Pérez – Asunción 1926)
Aquí queda borrado el nombre del chamacoco de «la faz broncínea y torva de indio pérfido y traicionero».
Caretas y caretas, en cambio, informa en las ediciones de los días 29-11-1902 y 6-12-1902 que:
«donde fuera a buscarlo don José J. Cancio, enviado por un grupo de italianos de la Asunción, es la primera noticia recibida. Atemorizados los indios de una toldería de 30 hombres por el señor Cancio y por el baqueano Felipe Pepe, concluyeron Indicando a tres salvajes como autores del homicidio. Dos lograron escaparse, pero el último, Luciano, ha sido conducido a Asunción por el señor Cancio, quien también llevó los restos mutilados del malogrado Boggiani».



