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martes, agosto 11, 2026

Una fórmula sin programa: lo que revela la consulta de Prieto a la inteligencia artificial

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Miguel Prieto afirmó junto al periodista Gemavi que consultó a una inteligencia artificial sobre quién debería acompañarlo en la chapa y que el sistema respondió que le conviene Ricardo Estigarribia. La declaración expone el criterio con el que se está armando la oferta electoral rumbo a 2028.

 

Elegir compañero de fórmula es una de las decisiones más serias que toma un candidato presidencial. La Constitución paraguaya establece que el vicepresidente sustituye al presidente en caso de ausencia definitiva, de modo que quien firma una chapa está proponiendo a la ciudadanía dos personas capaces de gobernar. Poner esa definición en manos de un sistema informático plantea una pregunta sobre qué se entiende hoy por construir un proyecto político.

Un modelo de lenguaje no delibera ni conoce el Paraguay: predice qué palabras resultan estadísticamente plausibles a partir de la consulta que recibe y del material con el que fue entrenado. Estos sistemas además tienden a la complacencia con el usuario, un fenómeno documentado por los propios laboratorios que los desarrollan. Si alguien pregunta quién le conviene como vicepresidente, la respuesta depende casi enteramente de cómo formuló la pregunta y de qué nombres puso sobre la mesa.

Después está el criterio invocado, que es la conveniencia. En la declaración no aparece una coincidencia programática, ni un plan de gobierno compartido, ni una trayectoria común en la gestión pública. Aparece rendimiento electoral. Una alianza que se justifica únicamente por su capacidad de sumar votos está admitiendo que carece de otro fundamento, y está destinada al fracaso.

Max Weber sostuvo en su conferencia sobre la política como vocación que el político responsable se define por la ética de la responsabilidad: debe hacerse cargo de las consecuencias previsibles de sus decisiones sin escudarse en las intenciones ni en instancias externas. Delegar el juicio es justamente lo que esa ética prohíbe. Hannah Arendt fue más lejos y ubicó la capacidad de juzgar como la facultad política por excelencia, la que se ejerce entre iguales que argumentan y se persuaden. Un cálculo estadístico no argumenta, no rinde cuentas y nadie puede interpelarlo.

Paraguay tiene un antecedente cercano de lo que ocurre cuando una alianza se arma para ganar y no para gobernar. En 2008, la Alianza Patriótica para el Cambio llevó a Fernando Lugo al Palacio de López con una coalición amplia cuyo único denominador común era desplazar al Partido Colorado. Cuatro años después, el vicepresidente surgido de esa alianza terminó reemplazándolo tras un juicio político de menos de treinta horas. La suma electoral rindió; el gobierno resultante duró lo que duró la coincidencia.

Si el criterio para armar una fórmula puede tercerizarse, también queda por definir dónde está el límite: la selección de un gabinete? El diseño de una política tributaria? La definición de prioridades presupuestarias? La “gubernamentalidad algorítmica” es esa forma de conducción que sustituye la deliberación por la optimización, y su principal efecto consiste en vaciar el momento en que alguien tiene que decidir y responder por lo decidido. La política se corre del lugar donde se discute qué país se quiere hacia la administración de una recomendación.

Existe la posibilidad de que todo haya sido un recurso comunicacional, una manera de instalar un nombre sin asumir el costo de proponerlo. Esa lectura implica usar la autoridad prestada de la tecnología para evitar dar razones propias, lo que devuelve al mismo punto de partida: falta una explicación de por qué esa persona y no otra, sostenida en algo más que la aritmética de las encuestas

Faltan casi dos años para las elecciones generales y la oposición paraguaya todavía no resolvió si va a construir un programa común o apenas una sumatoria de aparatos. Ninguna herramienta puede tomar esa decisión por ella. Lo que corresponde explicarle al electorado es qué se propone hacer con el poder en caso de obtenerlo, y esa respuesta no está en ningún modelo entrenado en Silicon Valley.

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