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domingo, octubre 4, 2026

Dura derrota del “experimento” Camilo Pérez para el Partido Colorado

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Camilo Pérez cayó en la política colorada como un aerolito informe venido del cielo. Sin historia partidaria, sin una relación construida con las bases y con un lenguaje político que nunca terminó de encontrarse con ellas, fue presentado como el «gran experimento» capaz de renovar la oferta electoral de la ANR. Ganó ampliamente las internas, recibió luego el apoyo de prácticamente todos los movimientos y llegó a las municipales rodeado por una estructura que parecía suficiente para hacerlo intendente, cosa que no ocurrió.

El problema quizá estuvo desde el comienzo en confundir novedad con representación. Camilo era nuevo, ciertamente, pero nunca quedó del todo claro qué representaba dentro del Partido Colorado. Su tono de voz, vagamente comprensible, su manera de presentarse ante el electorado y ese extraño esfuerzo por mostrarse al mismo tiempo como colorado y como alguien ajeno a la política terminaron configurando una candidatura difícil de encajar en la tradición partidaria.

Los candidatos a la Junta hicieron sus campañas, movilizaron sus equipos, trabajaron sus barrios y defendieron sus propios votos. Pero no hubo nunca una verdadera amalgama entre una figura construida como «outsider» de ocasión y la enorme maquinaria humana que sostiene al Partido Colorado en Asunción.

Y las urnas terminaron mostrando esa fractura de la manera más brutal. Mientras Camilo Pérez era derrotado, la Lista 1 en la Junta Municipal se imponía con mucha mayor fortaleza en la elección de concejales. El colorado que cruzó el voto no renegó necesariamente de su partido, votó a sus dirigentes, a sus candidatos territoriales, a las personas que conocía y con quienes tenía algún vínculo político, pero se permitió prescindir del candidato a intendente.

Por eso sería demasiado cómodo reducir la derrota a una interna mal cerrada o buscar responsables entre los distintos movimientos. Camilo tuvo el respaldo que necesitaba. Después de las internas, el Partido Colorado hizo aquello que tantas veces se reclama: se unificó detrás de su candidato. Y, sin embargo, una porción suficiente del propio electorado colorado decidió no acompañarlo.

Queda entonces una pregunta bastante más incómoda para la ANR: ¿hasta qué punto puede fabricarse desde arriba un candidato y esperar que las bases simplemente lo adopten? Un partido no es una franquicia electoral donde cualquier figura exitosa puede ponerse una camiseta roja y recibir automáticamente la adhesión de una comunidad construida durante generaciones. Tiene símbolos, recuerdos, afectos, lealtades, códigos y también grandes aspiraciones colectivas que sus candidatos deben saber interpretar.

Camilo llegó como un aerolito y se fue de la misma manera, sin terminar de integrarse al paisaje político que pretendía conducir. La lección para la ANR es bastante más grande que una elección municipal: se pueden importar candidatos, fabricar novedades y construir campañas, pero todavía no se ha inventado una consultora capaz de fabricar pertenencia.

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