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lunes, marzo 31, 2025

Guanes poeta-filósofo

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Paranaländer se pone a leer la prosa teósofo-filosófica del poeta y periodista parawayensis Alejandro Guanes (1872-1925).

Alejandro Guanes (1872-1925) no publicó ninguno de sus dos libros en vida: “De paso por la vida” (recopilación de sus poesías y traducciones -sobre todo su famosa adaptación del Ulalume de Poe- previamente aparecidos en la Revista del Instituto, en El Diario y en la Antología paraguaya de 1910) extrañamente salió en 1936. Sus meditaciones teosóficas publicadas en El Orden fueron agrupadas en el volumen titulado “Del viejo saber olvidado” (1926) por el prologuista Viriato Díaz-Pérez.

Faltaría, hoy que estamos a dos meses del centenario de su muerte, un tercer volumen que junte su labor periodística,  incluso satírica que firmaba como El Sobrino Camándulas.

Antes de comentar su prosa filosófica como miembro de la Sociedad Teosófica del Paraguay,  quiero comentar algunas anécdotas de su vida a la vez novelesca (huyó para casarse en Caapucú y mató a un jakaré) y gris de empleado público durante el liberalismo, por ejemplo su dieta teosófica estaba conformada por: tres bananos, dos naranjas, una zanahoria, un tomate, unos nabos.

Según Pablo Max Ynsfrán era un médium. De hecho dedicó un poema al espiritista Allan Kardec. Estando en Villeta durante la revolución de 1904, fue atacado de unas premoniciones que luego se supo eran de la muerte de su hijo Hiram.

Tiene dos conexiones con Borges: compartían como uno de sus libros preferidos “La inteligencia de las flores” (1907) de Maeterlinck. Y el tema que inquietó también a Pascal de la esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna. En “Dos abismos” desarrolla esta idea comparando el alma humana al microsol pues es reflejo de la divinidad. Su obsesión espiritualista le lleva a veces a contradecir el estatus quo increíblemente. Cuando relativiza a los siete sabios griegos por ej., pues el conócete a ti mismo délfico le parece ilusorio, pues el alma es uno de esos dos abismos insondables.

En “Uno y trino “ es un fiel platónico al adherir fuertemente bien con belleza y verdad. Desde este punto de vista Céline,  cuya obra literaria es una de las grandes bellezas del siglo, no sería artista para Guanes al no cultivar en su cotidianidad la bondad.

Otra pequeña transgresión es la de considerar una doctrina populachera, es decir, exotérica,  el mando de Cristo de dar la otra mejilla. En “Justicia divina” legítima el mal y sufrimiento del mundo como necesarios para el plan divino.

Cita a Blavastsky, fundadora de la teosofía, y a “El canto del bienaventurado” (Bhagavadgita), que presenta a Arjuna,  el Hamlet indio, recibiendo las enseñanzas del karmayoga (la acción desapegada que ya no presupone ni la solicitud ni el reunciamiento) de Krisna.

De todos modos la vida es una caída, o infinidad de recaídas del alma cuyo palacio es el cerebro y su patria ultratumba y ultratiempo y ultraespacio.

Se puede leer “Del viejo saber olvidado” en el sitio archive.org

 

 

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