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jueves, junio 18, 2026

La mayoría ignora a los politólogos: el pueblo sigue apoyando el desbloqueo

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Los últimos datos del CIIS (julio–agosto 2025) confirman algo importante: la mayoría de los paraguayos sigue apoyando el desbloqueo de listas. Antes de aplicarse, casi 6 de cada 10 personas (59,9%) estaban de acuerdo con su aprobación. Después de haberlo probado en las elecciones, 4 de cada 10 lo respaldan con convicción (39,8%) y otro 23,5% lo aprueba en parte. Si se suman ambos grupos, sigue siendo una mayoría social clara.

Pero ¿qué significa exactamente “desbloqueo”?

Es una reforma electoral que cambió la forma de votar. Antes, los partidos presentaban listas cerradas: el elector elegía solo el partido, y los candidatos salían electos según el orden que había decidido la cúpula partidaria. Con el desbloqueo, el votante puede elegir dentro de la lista, marcando a la persona que prefiere.

El desbloqueo no fue una ocurrencia de los políticos. Nació de un reclamo ciudadano. Desde principios de los años 2000, organizaciones civiles, medios de comunicación y el partido Patria Querida impulsaron la idea. Querían abrir el sistema y darle al elector más poder frente a las cúpulas partidarias. Con el tiempo, se fue instalando en el país una creencia muy fuerte: que tener listas desbloqueadas significa tener más libertad de elección. Esa idea se volvió casi un reflejo cultural: asociar democracia con poder elegir no solo el partido, sino también la persona.

Paradójicamente, el gran beneficiado terminó siendo el Partido Colorado. ¿Por qué? Porque tiene algo que otros no: organización e institucionalidad. El desbloqueo favorece a los partidos con estructura territorial, presencia en todo el país y capacidad de movilizar votantes. En ese escenario, el Partido Colorado supo mantener su unidad interna y capitalizar la competencia entre sus propios candidatos. La oposición, en cambio, se presentó dividida. Al haber muchas listas pequeñas, los votos se dispersaron entre distintos candidatos y partidos. En el desbloqueo, eso significa perder fuerza: aunque los candidatos individuales sumen muchos votos, si la sigla no alcanza un mínimo general, no consigue bancas.

En los últimos tiempos, algunos politólogos empezaron a criticar el desbloqueo. Dicen que produce demasiadas divisiones y debilita a los partidos. Pero la discusión se ha vuelto muy técnica, sin escuchar lo que dicen los propios ciudadanos. La sociología, por ejemplo, puede ofrecer otra lectura más profunda: el desbloqueo refleja cómo cambió la sociedad paraguaya. Desde 2003, el país se volvió más urbano, más conectado y más individualista. El sociólogo Ulrich Beck explicó que en las sociedades modernas cada persona se vuelve más responsable de su destino: debe elegir, decidir, construir su propio camino. Y eso también se aplica a la política.

El desbloqueo no garantiza que todos los paraguayos estén mejor informados, pero sí les da la sensación de tener el control. No todos comparan programas ni analizan propuestas, pero muchos sienten que al menos podrían hacerlo. Ese sentimiento —la posibilidad de decidir por uno mismo— es poderoso. No se trata solo de razonar, sino de sentirse parte del proceso. El filósofo Bruno Latour diría que esta reforma cambió la red de relaciones políticas: el elector ya no es un espectador pasivo, sino un actor que influye directamente en el resultado. Y Luc Boltanski diría que el desbloqueo responde a una necesidad moderna de reconocimiento y autenticidad: el votante quiere sentir que su elección tiene sentido personal, que no es solo una pieza más del engranaje partidario.

El paraguayo de hoy, más urbano y conectado, no exige control total, pero sí quiere la posibilidad de ejercerlo. El desbloqueo encaja con ese nuevo modo de ser ciudadano: permite sentir la política como algo propio. No importa si el sistema es complejo; importa que el ciudadano perciba que puede influir. Por eso el Partido Colorado, con su estructura territorial, logró adaptar esa libertad a su propio orden. En cambio, la oposición no encontró aún cómo canalizar esa misma energía en proyectos coherentes.

El problema no está en que los ciudadanos elijan, sino en cómo se organizan los partidos para convivir con esa elección. Se necesitan reglas internas más claras, mejor educación cívica y comunicación más efectiva, no un regreso al pasado. El CIIS muestra que el desbloqueo mantiene apoyo social. Y la sociología ayuda a entender por qué: porque el voto preferente no solo elige representantes, también hace que el ciudadano se reconozca como sujeto activo. El desbloqueo, más que una técnica electoral, es una forma contemporánea de participación, donde lo importante no es solo decidir, sino sentir que se decide.

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