Camilo Pérez tiene dos fuerzas: un bajo nivel de conocimiento que permite construir desde cero un relato de renovación, despegado del desgaste municipal. Y un currículum deportivo que exhibe gestión de infraestructura, grandes eventos e inserción internacional. Con esa combinación, se busca presentarlo como “el gestor de los grandes eventos” para una Asunción moderna y ordenada.
La decisión de Honor Colorado de impulsar a Camilo Pérez para Asunción es un intento de «borrón y cuenta nueva», pero también una maniobra de rediseño político. Surge tras una gestión municipal que dejó a la ANR con una pesada hipoteca de imagen: deuda creciente, crisis de basura, servicios deteriorados y una percepción de desorden administrativo.
La figura de «Nenecho» ha quedado como el símbolo de este ciclo de desconfianza hacia la Municipalidad. En este escenario, el oficialismo admite que no puede llegar al 2026 ofreciendo «más de lo mismo». Necesitan quebrar la continuidad de una marca desgastada, pero preservando el color partidario, históricamente fuerte en la capital. El desafío de Honor Colorado es relanzarse como el intérprete legítimo de los asuncenos.
Camilo Pérez encaja en ese razonamiento como un perfil híbrido: no es un outsider puro, pero sí alguien cuyo capital político se construyó fuera de la arena municipal y del día a día de la rosca asuncena. Durante más de una década, su imagen pública se asoció al éxito organizativo en el deporte.
Desde la presidencia del Comité Olímpico Paraguayo, la conducción de ODESUR, protagonismo en la realización de los Juegos Suramericanos Asunción 2022 y, recientemente, la apuesta por posicionar a Asunción como sede de grandes eventos como Juegos Panamericanos.
Estos “éxitos organizativos” forjaron, a su vez, sus credenciales como administrador, ya que él puede demostrar gestión de infraestructura, articulación público-privada, inserción internacional y un relato de “Paraguay puede jugar en ligas mayores”.
Su perfil se alinea con las expectativas de una capital moderna, a la altura del «Nuevo Paraguay». Desde la lógica de Honor Colorado, dos activos centrales explican la apuesta.
El primero es el bajo nivel de conocimiento masivo que tiene Pérez en el electorado de Asunción. Lejos de ser un problema, esto se convierte en un lienzo en blanco sobre el cual plasmar un relato nuevo, despegado de la administración actual. Un candidato con tanto margen de crecimiento permite al oficialismo marcar el tono de la campaña, presentando a Camilo como «el gestor de los grandes eventos» antes de que la oposición logre etiquetarlo como una continuación de la vieja gestión.
El segundo activo son sus logros deportivos y de organización, ya que sirven como prueba empírica de que fue capaz de ejecutar proyectos complejos, movilizar inversiones, atraer turistas y posicionar a la ciudad en el mapa regional, algo que se traduce fácilmente en un discurso de «ciudad moderna, abierta al mundo y ordenada».
Sin embargo, el movimiento no responde solo a la necesidad de mostrar gestión; también obedece al clima cultural. La oposición probablemente propondrá figuras competitivas con una agenda más progresista en términos de valores y culturalmente, en línea con el ciclo que en su momento llevó a Mario Ferreiro a la intendencia cuando el progresismo todavía tenía un impulso simbólico fuerte en el electorado urbano.
Hoy el contexto es distinto: el discurso “progre” viene en retirada a nivel global y local, especialmente en temas de identidades, familia, orden y autoridad. La ANR intenta leer ese cambio.
Por eso, se encamina a ofrecer un candidato que prometa modernidad urbana, transparencia y combate a la corrupción, pero montado sobre un marco valórico más conservador en lo cultural y ligado al orden público y la transparencia en lo institucional, en sintonía con una sociedad que tolera cada vez menos la informalidad y los privilegios opacos.
Camilo representa modernidad institucional con la garantía de preservar los valores tradicionales. Como toda apuesta, supone desafíos. El principal es interno: convertir a un dirigente deportivo con vínculos históricos con distintos sectores de la élite política y económica en un candidato que conecte con la base colorada, el barrio, la seccional, sin que eso diluya la promesa de renovación.
Si bien Pérez no es un cuadro político de militancia tradicional en la capital ni proviene de la estructura de base, su posible candidatura cuenta con un blindaje de máximo nivel.
Tiene el respaldo tanto del Presidente de la República como del conductor político de la ANR, Horacio Cartes. Este apoyo directo no solo compensa su falta de trayectoria en las seccionales, sino que envía el mensaje hacia adentro del Partido de que Camilo es una apuesta estratégica consensuada por el núcleo de poder del coloradismo
Honor Colorado intenta hacer una síntesis audaz.
Alguien lo suficientemente ajeno al barro de la municipalidad actual como para encarnar la ruptura, pero lo suficientemente integrado al sistema partidario como para no depender de un armado improvisado.
La pregunta de fondo es si las estructuras coloradas en Asunción pueden ser el vehículo de un mensaje «anti vieja política» y si dicha narrativa generará el entusiasmo necesario para ganar las internas, presumiblemente contra Dani Centurión.
Desde el punto de vista estratégico, la apuesta es fuerte porque concentra la campaña en tres ejes narrativos muy claros: refundar la Municipalidad como institución confiable, asociar a Asunción con una idea de ciudad global, ordenada y receptora de grandes eventos, y prometer un corte con la corrupción que marcó los últimos años.
Si Camilo articula un discurso duro contra la corrupción y la informalidad, anclado en su experiencia organizando competencias internacionales y en la lógica de estándares olímpicos, puede llegar al electorado independiente y a sectores desencantados que hoy ven a la ANR como responsable del deterioro de la capital.
Honor Colorado entiende que la continuidad pura es inviable. Por eso, fuerza un cambio de rostro con un perfil que condensa tres promesas: capacidad de gestión probada, modernización urbana y limpieza institucional.
El éxito dependerá de si Camilo logra transformar sus credenciales deportivas en empatía política, construir conocimiento positivo rápidamente y convencer a la ciudadanía de que no es la cara amable de un sistema desacreditado, sino el inicio de una corrección de rumbo real dentro de la ANR.



