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viernes, junio 5, 2026

Che Róga Porã: la tasa más baja de financiamiento del continente impulsa una nueva etapa de acceso a la vivienda en Paraguay

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En una entrevista exclusiva en El Trueno TV por América TV, el ministro Juan Carlos Baruja explicó que Che Róga Porã ofrece hoy la tasa de interés más baja de América para financiamiento de vivienda, con un seis coma cinco por ciento anual, plazos de hasta treinta años, prioridad a materiales y mano de obra nacional y un impacto indirecto de alivio sobre el mercado de alquileres. No fue solo una frase efectista en un set de televisión. Ese retrato coincide con lo que publican los propios organismos que operan el programa y con la forma en que la política habitacional del gobierno está siendo presentada dentro y fuera del país. 

Los datos duros sostienen buena parte de ese discurso. La Agencia Financiera de Desarrollo detalla que los créditos de Che Róga Porã se otorgan exclusivamente en guaraníes, con una tasa fija de seis coma cinco por ciento para el prestatario final y plazos que llegan hasta los treinta años, con montos de hasta doscientos diez salarios mínimos o alrededor de seiscientos nueve millones de guaraníes en valores de noviembre de este año.  La Presidencia y el MUVH presentan esa tasa como histórica y preferencial para vivienda y la describen de manera consistente como la más baja del mercado y la más baja de la región, tanto en comunicados oficiales como en declaraciones del propio ministro Baruja que reproducen medios y redes institucionales.  No existe todavía un ranking multilateral que ordene todos los programas hipotecarios de América Latina, pero la evidencia disponible en fuentes públicas muestra una convergencia clara. El Estado paraguayo se está jugando políticamente a instalar Che Róga Porã como la referencia regional en crédito habitacional barato y de largo plazo.

Ese esfuerzo tiene ahora una segunda etapa más sofisticada. Che Róga Porã dos punto cero amplía el alcance original y se vuelve una plataforma de acceso a vivienda para familias de hasta cinco salarios mínimos con créditos de hasta quinientos millones de guaraníes, manteniendo la misma tasa histórica de seis coma cinco por ciento anual y plazos de hasta treinta años.  La versión renovada incorpora modalidades que van desde la construcción en terreno propio hasta la compra de terreno con construcción, la adquisición de viviendas terminadas, incluidos departamentos y dúplex, y la ampliación o refacción de viviendas existentes.  No se trata solo de un ajuste técnico. Es una señal de que el gobierno escuchó las dificultades de la primera fase y afinó el instrumento para abarcar más realidades. A eso se suma otro gesto político fuerte. El presidente Santiago Peña anunció que Che Róga Porã dos punto cero se extiende a paraguayos residentes en el exterior, de modo que las remesas de quienes viven en Estados Unidos, España o Argentina puedan traducirse en patrimonio inmobiliario en su propio país. 

Al mismo tiempo aparece la pieza urbana que le faltaba al rompecabezas. Che Róga Porã dos punto centro apunta al microcentro de Asunción y a las zonas urbanas cercanas a la capital, con montos de crédito más altos y un objetivo explícito de repoblar el casco histórico a partir de ofertas habitacionales que aprovechen los incentivos fiscales previstos para el dos mil veintiséis, como la reducción de impuestos inmobiliarios.  Es un giro interesante. La política deja de mirar solo la periferia y entra a disputar también el corazón de la ciudad, donde la vivienda puede ser una herramienta de recuperación urbana, seguridad y actividad económica.

Detrás de estos anuncios hay algo más que números de cuotas. El portal oficial del programa y las comunicaciones de la AFD insisten en la idea de cuotas al precio de un alquiler, pago que empieza después de la mudanza y topes pensados para que la cuota no supere el cuarenta por ciento del ingreso familiar.  En un país donde el déficit habitacional es elevado y donde el alquiler fue durante años la única opción para miles de familias, esa arquitectura financiera cambia la conversación íntima de cada hogar. La pregunta deja de ser cuánto se va en renta este mes y pasa a ser si vale la pena transformar ese esfuerzo en patrimonio propio.

El impacto económico también se deja ver. Los reportes del MUVH y de la AFD destacan decenas de desarrollos habitacionales en marcha en Central, el Chaco, Villarrica, Concepción, Minga Guazú y otras zonas, con cientos de viviendas en construcción y una cadena de empleo que va del obrero al olero y del electricista al pequeño proveedor de materiales.  Cada lanzamiento de proyecto muestra el mismo patrón. Viviendas con cuotas que arrancan alrededor de un millón novecientos mil guaraníes, obras ejecutadas por empresas y profesionales paraguayos, uso intensivo de materiales nacionales y un discurso que vincula la casa propia con dinamismo económico local. 

En ese contexto la afirmación de Baruja sobre el impacto indirecto en los alquileres no suena descabellada. Todavía no hay un estudio sistemático que mida la evolución de los precios de renta atribuible al programa, pero sí hay un efecto visible sobre la estructura de opciones. Cada familia que cruza la línea del alquiler al crédito accesible reduce la presión sobre la demanda de viviendas en renta y, al mismo tiempo, obliga a los propietarios a repensar precios y condiciones frente a un mercado donde la alternativa de comprar deja de ser una fantasía. La política pública no sólo entrega casas, altera la geografía de expectativas en el mercado inmobiliario.

Lo más interesante de Che Róga Porã y de sus nuevas versiones es que la historia no se explica por una chequera estatal sin límites. Se explica por una alianza público privada bien diseñada. El Estado fija las reglas, reduce el riesgo a través de la AFD y del Fondo de Garantía de Vivienda, coordina con bancos, financieras y cooperativas, regula la calidad de los proyectos y usa su capacidad de articulación para que los desarrolladores privados inviertan con otra escala.  En vez de ponerse en el lugar de constructor único, asume el papel de director de orquesta que organiza intereses distintos alrededor de una prioridad nacional.

Por eso este programa se vuelve un espejo incómodo para otros ministerios. Cuando se demuestra que es posible ofrecer la tasa más baja de la región en créditos de vivienda, movilizar más de cien millones de dólares en inversiones, extender la política a los paraguayos en el exterior y diseñar variantes específicas para el interior del país y para el centro de Asunción, la excusa de la falta de presupuesto puro y simple pierde fuerza.  Lo que emerge como condición es otra cosa. Liderazgo político, creatividad institucional, capacidad de gestión y voluntad de asumir al Estado como regulador responsable y no como espectador resignado.

Che Róga Porã, en su versión original, en su dos punto cero y en su versión dos punto centro, muestra un camino. Una política habitacional que combina crédito barato, reglas claras, alianzas privadas y visión territorial puede convertirse en modelo para transporte, energía, conectividad y otras áreas donde la demanda social es alta y el espacio fiscal es limitado. Lo que el ministro Baruja defendió en un set de televisión es, en el fondo, una definición de rumbo. Un Estado que deja de usar la escasez como coartada y empieza a usarla como incentivo para pensar mejor. Un gobierno que entiende que la casa propia no es solo un techo, es también una máquina silenciosa de movilidad social y de dinamismo económico.

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