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domingo, julio 12, 2026

Que desfilen las Fuerzas Armadas: honor y gloria al pueblo que defendió la patria

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Todo Estado moderno celebra su fecha patria con un acto solemne de afirmación soberana y un homenaje a quienes entregaron la vida por ella. El desfile militar concentra ese gesto en su forma más plena. Allí el Estado se muestra ante su pueblo, ordenado en columna visible, y honra a los caídos que hicieron posible su existencia.

El 14 y 15 de mayo conmemoran el nacimiento del Paraguay independiente, y la magnitud histórica de esa fecha pide tropas en formación, banderas al viento y honores castrenses a nuestras gloriosas Fuerzas Armadas.

La identidad paraguaya nació con coraje y se consolida con el esfuerzo de un pueblo siempre dispuesto a dar la vida por nuestra independencia nacional. La Guerra de la Triple Alianza enfrentó al país con la coalición más poderosa de Sudamérica, y la respuesta fue una resistencia sin precedentes en la historia continental. Curupayty quedó grabada como una de las grandes victorias del coraje paraguayo, donde un ejército inferior en número derrotó a fuerzas muy superiores gracias a la pericia del mando y la entrega del soldado. Esa epopeya se prolongó hasta Cerro Corá, con un pueblo entero —hombres, mujeres y niños— sosteniendo la bandera nacional contra el desastre.

La Defensa del Chaco confirmó esa estirpe medio siglo después. Boquerón, Nanawa, Campo Vía y El Carmen integran una de las grandes campañas militares de la primera mitad del siglo XX. La conducción del mariscal Estigarribia, la disciplina del soldado paraguayo y la adhesión patriótica de un país entero permitieron conservar dos terceras partes de un territorio que la diplomacia y la geografía parecían haber condenado. El Chaco enseñó al continente que el Paraguay defiende su suelo a costa de la vida cuando hace falta.

Toda nación seria celebra sus conmemoraciones con gran despliegue militar. Francia lo hace cada 14 de julio en los Campos Elíseos, en presencia del Presidente de la República y de los cuerpos diplomáticos. Argentina honra a los granaderos de San Martín cada 9 de julio y en cada acto fundacional del Estado. Estados Unidos celebra su independencia el 4 de julio con formaciones castrenses y demostraciones aéreas en todo el territorio. Rusia exhibe su poder cada 9 de mayo en la Plaza Roja, México marcha cada 16 de septiembre, Brasil cada 7 de septiembre, Chile cada 19 de septiembre, e Israel honra a su ejército en cada aniversario nacional. Todo Estado serio se concibe a sí mismo en unidad con su capacidad de defensa, y exhibe esa unidad en formación marcial.

El presente reabre estas cuestiones con fuerza renovada. La frontera vuelve al centro del debate continental, el territorio recupera densidad estratégica y la defensa aparece otra vez como categoría política decisiva. Paraguay habita una región atravesada por amenazas cambiantes, donde el crimen organizado transnacional, la ciberguerra, la presión sobre los recursos naturales y las disputas por el agua y la energía configuran un escenario que pide respuesta institucional firme. La era de la complacencia geopolítica cedió el paso a una etapa de definiciones.

El aumento sostenido del presupuesto militar es una obligación estratégica del Estado paraguayo. Una nación que pretende decidir su propio rumbo necesita capacidad disuasiva real, equipamiento moderno, infraestructura de inteligencia y presencia efectiva en sus fronteras. Cada guaraní invertido en defensa es guaraní invertido en autonomía y en porvenir nacional. La defensa se cuenta entre las inversiones más elementales de cualquier república que aspire a ser dueña de su destino.

La inteligencia artificial ya está en el núcleo de los sistemas de defensa modernos. Vigilancia satelital, análisis predictivo, plataformas autónomas, ciberseguridad militar e integración masiva de datos definen el terreno donde se juega la soberanía del siglo XXI. Paraguay debe entrar a ese terreno con doctrina propia, formación especializada y desarrollos nacionales que capturen valor local. La era industrial dejó paso a la era algorítmica, y los Estados que entiendan rápido el cambio conservarán su soberanía efectiva.

La profesionalización acelerada de las fuerzas armadas completa el cuadro estratégico. Carrera militar dignificada, formación científica continua, articulación efectiva con la academia y la industria, captación del mejor talento joven y modernización doctrinal son las grandes líneas del trabajo por delante. El soldado paraguayo del siglo XXI une la tradición de Curupayty y Boquerón con la formación tecnológica que exige el momento. Las fuerzas armadas a la altura del Paraguay que viene son herederas y vanguardia al mismo tiempo.

Paraguay vive un momento histórico en el que los pueblos vuelven a tomarse en serio a sí mismos. La identidad nacional, la soberanía, la frontera y la defensa recuperaron el centro del debate público en todo el mundo. El desfile del 14 y 15 de mayo es la oportunidad para que el Estado paraguayo se muestre ante el continente como lo que es: una república con dos epopeyas militares mayores en su haber, un pueblo siempre dispuesto a defender lo suyo y una conciencia nacional que se renueva con cada generación.

Las repúblicas se levantan sobre el sacrificio de quienes empuñan armas por su patria. Esa es la verdad histórica que la necesidad de un desfile el 14 y 15 de mayo pone ante los ojos de todos. El clima pacifista de los hippies de Woodstock, las seudo vanguardias artísticas estériles y la moda globalista woke habitaron otro continente espiritual, ajeno por completo a la fundación material de las naciones, y descansan hoy en el cementerio de la historia. Sus agentes y tentáculos locales tienen allí su lugar. El Paraguay debe rendir honra a su soldados y afirmar lo mejor de sí mismo: una patria con memoria, con doctrina y con armas.​​​​​​​​​​​​​​​​

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