La expansión de la migración interna, la mayor permanencia de los jóvenes y el crecimiento de ciudades intermedias muestran un país que genera oportunidades en más puntos de su territorio. Paraguay deja de ser exclusivamente expulsor, retiene mejor a su población y comienza a atraer capital humano extranjero.
Durante décadas, la emigración fue una de las imágenes más persistentes del Paraguay. Buscar trabajo, estudiar o construir un proyecto familiar parecía exigir la salida hacia Argentina, España u otros destinos. Los datos recientes permiten afirmar que esa realidad está cambiando. El país todavía tiene emigrantes, aunque hoy retiene mejor a su población, recibe retornos y ofrece oportunidades que antes se encontraban principalmente fuera de sus fronteras. La desaceleración de la emigración y la estabilidad observada en las franjas de 15 a 29 años expresan una transformación concreta: una parte creciente de los paraguayos encuentra razones para permanecer y desarrollarse en su propio país.
El Censo 2022 registró 1.234.699 personas que residían en un departamento distinto al de su nacimiento, equivalentes al 20,2% de la población. Esta cifra es mucho mayor que la cantidad de residentes nacidos en el extranjero y muestra que el movimiento decisivo ocurre dentro del Paraguay. La población se desplaza hacia lugares donde existen empleo, comercio, servicios, educación, vivienda y nuevas inversiones. La migración interna ya no representa solamente el abandono de una localidad, sino la circulación de trabajadores, estudiantes y familias entre distintos polos de crecimiento del territorio nacional.
El Departamento Central continúa siendo el principal receptor y concentra el 47,8% de los migrantes internos, pero el desarrollo dejó de limitarse al entorno de Asunción. Presidente Hayes, Boquerón, Misiones, Alto Paraná, Amambay y Cordillera registraron saldos migratorios positivos entre 2017 y 2022. Este proceso fortalece ciudades intermedias y centros regionales como Ciudad del Este, Encarnación, Santa Rita, Pedro Juan Caballero, Coronel Oviedo, Concepción y Salto del Guairá. En cada uno de estos espacios crecen actividades comerciales, agroindustriales, logísticas, educativas y de servicios que generan empleo y amplían las posibilidades de progreso sin necesidad de trasladarse a la capital o abandonar el país.
La pérdida de población de Asunción debe leerse también dentro de esta reorganización territorial. La capital registró un saldo migratorio negativo de 24.348 personas entre 2017 y 2022, mientras otras zonas ganaron residentes y funciones económicas. No estamos ante un país que simplemente se vacía, sino ante una población que se redistribuye según nuevas oportunidades. Las rutas, los parques industriales, la producción agrícola, el comercio fronterizo, las universidades y la expansión de los servicios están creando una red urbana más amplia. El crecimiento nacional comienza a expresarse en varios centros y permite que más paraguayos encuentren empleo cerca de sus comunidades de origen.
A esta mayor capacidad de retención se suma el crecimiento de la inmigración. Durante 2025, Paraguay recibió 47.687 solicitudes de residencia de extranjeros, una cifra histórica y muy superior a la del año anterior. El aumento continuó durante el primer trimestre de 2026. Brasileños, argentinos, alemanes, españoles, estadounidenses, venezolanos y ciudadanos de otros países eligen instalarse aquí para trabajar, invertir, producir o estudiar. Un país que durante mucho tiempo enviaba población al exterior empieza a ser visto como un destino posible por personas que reconocen su estabilidad, su régimen tributario, su costo de vida y sus oportunidades económicas.
El perfil de quienes llegan refuerza el potencial productivo de este proceso. Estudios regionales muestran que los inmigrantes residentes en Paraguay poseen, en promedio, más años de formación y una presencia relevante en ocupaciones calificadas. Su incorporación puede aportar conocimientos técnicos, inversión, emprendimientos, consumo y conexiones con otros mercados. Esta nueva realidad debe integrarse a una estrategia de desarrollo que priorice las necesidades nacionales, promueva la radicación en ciudades intermedias y oriente el capital humano hacia sectores donde el país requiere profesionales, técnicos, productores y trabajadores especializados.
Paraguay está dejando de ser exclusivamente un país expulsor. Retiene mejor a sus jóvenes, recupera compatriotas, moviliza población dentro de sus fronteras y atrae extranjeros interesados en participar de su crecimiento. La tarea que sigue es consolidar este avance mediante más infraestructura, formación laboral, vivienda, servicios públicos y empleo formal en cada región, junto con controles migratorios claros y compatibles con las prioridades nacionales. El desarrollo se vuelve más sólido cuando alcanza distintos puntos del territorio y cuando un paraguayo puede construir su futuro en Asunción, en el Chaco, en el este, en el norte o en el sur sin tener que buscar necesariamente una oportunidad fuera del país.



