A diferencia de lo que sucedía con la antigua izquierda paraguaya, que a su manera reivindicaba al heroísmo de los próceres de la patria representados por el mariscal don Francisco Solano López, la «nueva izquierda» de cuño progresista renuncia a la causa nacional y popular, prefiriendo congraciarse con los relatos hegemónicos. Es la opinión de un uruguayo que vive en estas tierras de héroes.
Por: Juan de Ibarburu (uruguayo)
Lo peor que le sucedió a la izquierda sudamericana es haberse convertido en «izquierda desconstruida», al decir del filósofo francés Jacques Derrida.
En este fenómeno, propio de la masificación del híper consumo tecnoglobalista, los «zurdos» fueron la mayor víctima de sus propios filósofos. ¿Por qué?
La respuesta es sencilla. En la «vieja izquierda», con sus defectos graves de pensamiento y de acción, había elementos positivos por medio de los cuáles ella se sabía identificar (o por lo menos lo intentaba) en las profundas causas sociales y culturales que defendía el pueblo al que ella decía representar.
El sentido de «Patria» y de pertenencia a una tierra común, heredada de una cultura social que genera identidad, si bien se discutía en el «marxismo», no era algo enteramente foráneo a sus círculos ni tampoco se lo veía necesariamente como «alienación» de la propaganda o de la acción de una burguesía explotadora. Muchas veces, se lo comprendía también como parte de una «naturaleza» de las cosas, como una posición natural del «proletariado» que está vinculado a sus costumbres y a su sentimiento popular.
Claro está que había varios teóricos del marxismo que preferían a una «revolución internacional», sin raíces estatales, cosmopolita en esencia. Esta es la vieja dialéctica entre el «trotskismo» contra el «estalinismo», para algunos. ¿Y qué podría decirse al respecto?
Que los «zurdos» que creen en la «identidad nacional», más afines a la línea «marxista leninista» empezada o popularizada por el dictador Stalin, hoy se encuentran en franca y total decadencia, reemplazados por aquellos de «identidad líquida» o más bien, la «no identidad», ese cosmopolitismo que solamente puede permitirse un verdadero burgués de nuestra época gobernada por los archimagnates sin Patria como Mark Zuckerberg, Bill Gates, Jeff Bezos, George Soros y otros más. Tal pareciera ser que a la «nueva izquierda» le encanta recibir las órdenes y seguir a las narrativas de estos señores que están muy lejos de liberar a las masas proletarias de su explotación.
Sí, yo fui «zurdo» alguna vez y cuando hacía mis lecturas sobre los libros de Rosa Luxemburgo, de Vladimir Lenin y del mismo Karl Marx en mi rinconcito de Montevideo, me «empapé» del glosario de términos marxistas bastante como para sentir un poco de vergüenza a esta altura de mi vida.
Esta «nueva izquierda» no solamente es cosmopolita y progresista, alineada enteramente a los intereses de los tecnócratas de nuestra época, alejada de las causas nacionales y populares por más que quieran aparentar otra cosa, sino que también tienen un grave defecto. ¡No creen en el heroísmo!
Mientras que la Rusia de Stalin condecoraba a los más valientes defensores de la «Madre Patria» con la medalla de «Héroe de la Unión Soviética», la «nueva izquierda» se burla de aquellos que luchan por su nación o en el peor de los casos, nunca termina de creer en las causas que ellos defendían.
Este artículo surge más que nada porque en los principales periódicos de la capital, «ABC Color» y «Última Hora», en sus correos semanales o en sus apartados culturales suelen aparecer textos firmados por autores de marcado cuño «izquierdista» (o más bien, «post izquierdistas» desconstruidos), que se dicen defensores de causas proletarias en contra de una burguesía dominante pero que en todo momento denuestan en contra del llamado «lopismo».
Yo conocí a suficientes «zurdos» de mi época, cuando verdaderamente había luchas verdaderas, y todos ellos eran inequívocamente «lopistas», admiradores del heroico mariscal Francisco Solano López. Cierto que con la errónea interpretación de la historia «marxista leninista», en la que se retrataba al valiente líder paraguayo como un «héroe anti imperialista» que a pesar de sus defectos y de sus orígenes burgueses, se puso a la «Patria al hombro» para combatir contra los sistemas de dominación hegemónicas que el imperialismo británico y sus sucursales sudamericanas deseaban imponer a la tierra paraguaya.
Tuve tiempo de tomar el mate con Jorge Abelardo Ramos en mis mocedades más recónditas y estando este ilustre argentino ya en sus últimos días. Conocí a paraguayos admiradores de Rafael Barrett y de Óscar Creydt. Y si me estiran la lengua, podría contarles algunas cosas que pocos recuerdan sobre mi conocido «Pepe» Mujica y su señora la Topolansky pero prefiero no hacerlo.
Todos estos señores, que vieron días difíciles y que tuvieron sus luchas por la causa «proletaria», vuelvo a repetir, eran a su manera admiradores del mariscal López y se reivindicaban a sí mismos como «lopistas» porque entendían a ese «lopismo» como una verdadera arma contra el imperialismo hoy imperante.
¿Es cierto que la «derecha» instrumentaliza también al «lopismo» para sus fines, que muchas veces distan mucho de los ideales que representó el heroico mariscal López? Sí, pero esto no les importaba a los autores que mencioné, entre otros que también los hay. Ellos luchaban por dar significado propio a la lucha heroica e histórica del Paraguay, que junto a sus montoneros y sus caudillos, resistió contra la dominación del imperialismo.
Me sorprende, pues, que estos jóvenes escritores del nuevo «marxismo desconstruido» que son más progresistas y liberales a la manera neoyorquina antes que otra cosa, estén todo el tiempo buscándole la quinta pata al gato, criticando a los «nacionalismos», hablando de supuestos «chauvinismos paraguayos» como si fuera que este pueblo, tan sufrido y tan agredido por sus vecinos, no tiene derecho ni razones para apelar a sus atavismos defensivos para salvaguardar lo poco de identidad y de cultura popular que aún le queda.
¿O pensarán estos jóvenes autores, algunos de ellos con muy loables títulos de doctorado en historia pero que parece ser que nunca lucharon más allá de esforzarse por despertar temprano, que al sistema hegemónico hoy imperante le interesa promover al heroísmo del pueblo paraguayo que combatió detrás de su indomable caudillo en contra de los sistemas de dominación ultra capitalistas de hoy en día?
Los «marxistas leninistas» de antes y hasta los «trotskistas» tenían a todo esto bastante claro. ¿Qué les pasa a los «post marxistas» desconstruidos, progresistas cosmopolitas que son los revolucionarios de cafetín de nuestros tiempos?
¡Están a un pasito de decirnos que Mark Zuckerberg es un «héroe del pueblo» por dejarnos utilizar gratis a sus aplicaciones de inteligencia artificial! ¡Y todo porque, por alguna extraña razón, «odian» al llamado «lopismo»!
Y bueno, esto es lo que pasa cuando la «izquierda» se mercantiliza, se convierte en un commodity, en un «rebranding» de la mercadotecnia a la manera de los gringos. ¡Seguramente que pronto veremos, en el Netflix o en el Disney+ que tanto consumen nuestros «zurdos desconstruidos», al mariscal López con piel de raza negra convirtiéndose en el héroe del anti imperialismo!
¡Pero eso último jamás sucederá! Al sistema actualmente hegemónico y dominante nunca le interesará elevar y popularizar a una figura que en verdad puede ser desafiante para sus intereses. Solamente falta que los «zurditos desconstruidos» se den cuenta de esto, alguna vez, cuando se dejen de sus cafetines «Starbucks».
Bueno, este uruguayo viejo y cansado vuelve a su matecito, en la maravillosa tierra guaraní del héroe anti imperialista Francisco Solano López, le duela a quien le duela y le desconstruya a quien le desconstruya.



