Hoy, 1 de octubre, miles de hogares cocinan jopara para demostrarle al Karai Octubre que hay abundancia. Pero, en esta analogía, el personaje no visita a las familias paraguayas: visita al Paraguay entero, imaginado como una gran casa, y revisa sus cifras de crecimiento, pobreza, empleo y cuentas públicas. Allí encontraría señales de abundancia y progreso, pero también deudas, desigualdades y problemas guardados en el fondo de la despensa.
Paraguay creció 6,6% el año pasado, más que cualquier otro país de América Latina. Si el Karai Octubre entrara hoy por la puerta de esta casa, lo primero que vería sería una cocina en movimiento, gente trabajando y una olla grande al fuego. La escena probablemente lo haría dar media vuelta sin decir nada, que es exactamente lo que la tradición pide de él.
La pobreza bajó del 19,6% al 16% en un solo año, y la pobreza extrema del 3,7% al 2,4%. La familia come mejor que hace veinte años, manda más chicos a la escuela y discute hoy cosas que antes no se discutían porque había problemas más urgentes.
Las tres grandes calificadoras internacionales, que son las que vienen a mirar si una casa paga lo que debe, ya pasaron este año. Dos le dieron el visto bueno y la tercera la dejó a un paso, con buena nota de conducta.
Sin embargo, el Estado debe unos 1.300 millones de dólares que todavía no pagó, sobre todo a farmacias y empresas constructoras. Acá empieza lo que el Karai Octubre vería si se agacha a mirar debajo de la cama, que según la leyenda es donde se esconde. Parte de lo que hay en la despensa no es nuestro: son bolsas que prestó un vecino y que seguimos sin devolver. La casa se ve llena, y una porción de lo que se ve tiene nombre de otro.
Seis de cada diez trabajadores paraguayos están en la informalidad, más de un millón setecientas mil personas. Trabajan, producen y sostienen a sus familias, y no aportan al fondo del que después sale la jubilación, el hospital y la escuela. En la casa hay un cuarto grande donde todos trabajan duro y nadie pone para la olla común, porque nunca los invitaron a la mesa donde se pone.
El Estado también gasta hoy más de lo que recauda, y la ley lo obliga a emparejar las cuentas en 2028. Los cálculos ubican ese ajuste en unos 1.500 millones de dólares para hacer en un solo año. Traducido a la casa: dentro de dos cosechas hay que devolver una suma grande, y todavía no está decidido si va a salir de gastar menos, de que entre más, o de las dos cosas a la vez.
Esta casa administra bien lo poco que entra, y lo viene haciendo desde hace años con elogios de todos los que la visitan. Administrar bien lo poco tiene un límite, y es el punto en que ya no se puede apretar más y lo único que queda es que entre más.
En las ciudades la pobreza es del 13,6% y en el campo del 22,1%, casi el doble. El Karai Octubre que camina de casa en casa encontraría la mesa bien servida en Asunción y bastante menos en Caaguazú o en San Pedro. En la construcción, ocho de cada diez trabajadores están en negro. El cuarto del fondo de esta casa es el que menos vio llegar la mejora, y es justamente el cuarto donde nació la costumbre de cocinar jopara el primero de octubre.
La pregunta que el mito le hace a cada familia es si guardó durante los meses buenos. Paraguay tuvo una década larga de meses buenos y guardó bastante. Lo que no hizo en esos mismos años fue ampliar la mesa donde se pone para la olla común, ni pagar todo lo que fue quedando anotado. El Karai Octubre se va cuando ve la mesa servida y vuelve dentro de un año. El que revisa las cuentas tiene fecha fija para 2028, y entre hoy y esa visita quedan dos cosechas.



