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viernes, junio 5, 2026

“Nepalizar” Paraguay: la ruta al caos

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Editorial. Lo que circula en redes sociales ya no es simple desahogo juvenil: es un intento deliberado de instalar la violencia política como salida. Influencers y activistas de ocasión llaman a “derrocar al gobierno”, a organizarse en grupos y hasta proponen la absurda idea de “nepalizar” Paraguay. Comparar nuestra democracia con una guerra civil en el Himalaya es tan ridículo como irresponsable.

Paraguay no es Nepal. Nuestro país, con todos sus problemas, ha logrado en los últimos años estabilidad macroeconómica, reconocimiento internacional con el grado de inversión, programas sociales como Tekoporã o Arancel Cero, que aunque insuficientes, representan avances concretos. Sí, quedan deudas: bajar más la pobreza, mejorar los servicios públicos, construir un sistema de transporte digno y garantizar una educación de calidad. Pero pretender resolver esos desafíos con violencia es apostar al caos.

Las arengas de TikTok —“el voto no sirve”, “estoy dispuesto a dar mi vida”, “entren en el grupo para reunirnos”— no nacen de una fuerza popular genuina, sino de la impotencia de una oposición inexistente. Como no hay partidos capaces de generar relato ni de disputar el poder en serio, algunos buscan suplir esa carencia con discursos radicales. No pueden construir en las urnas y entonces fantasean con destruirlo todo.

El riesgo es claro: si esta retórica prende, Paraguay puede entrar en una espiral de violencia con consecuencias devastadoras. Se perderían años de estabilidad, se paralizarían inversiones, se desplomarían empleos y el Estado quedaría atrapado en una guerra interna sin salida. En nombre de una supuesta “rebeldía generacional”, lo único que se lograría es más pobreza, más miedo y más atraso.

Este malestar es un llamado de atención que debe tramitarse políticamente. Pero no confundamos: lo que hoy se vende como “coraje juvenil” es en realidad el síntoma de la orfandad opositora. Sin organización, sin propuestas, sin liderazgos, se pretende reemplazar la política por la violencia.

Paraguay no necesita ser “nepalizado”. Lo que necesita es una oposición seria, capaz de canalizar la frustración ciudadana en proyectos, en debate, en votos. Porque si dejamos que los aventureros que juegan con fuego se adueñen del relato, el precio lo pagaremos todos: con caos, con sangre y con el futuro hipotecado.

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