La marcha que decía hablar en nombre de la Generación Z apenas reunió un centenar de personas con consignas repetidas. En paralelo, miles de jóvenes colmaban el Anfiteatro de San Bernardino en ReciclArte.
La tarde prometía épica juvenil, la marcha “Generación Z Paraguay” reunió, con generosidad, a menos de 600 personas, como mucho, en el centro de Asunción. Y lo que se vio no fue la estética propia de quienes nacieron entre 1997 y 2012 —la generación digital, hoy de 13 a 28 años—, sino las mismas pancartas, los mismos eslóganes y las mismas demandas de siempre. En otras palabras: una marcha más del grupúsculo estándar sin partido del Paraguay.
Lo que emergió, lejos de la frescura prometida, fue la escena de los viejos changadores de la protesta, con repertorios que podrían haberse escuchado hace treinta años. La Generación Z real, que constituye un gran sector del país en pleno bono demográfico, apenas se enteró. Y si lo hizo, no pareció interesarse.
El saldo oficial fue rutinario de protestas lideradas por minorías intensas: 31 detenidos y ocho agentes heridos, según la Policía Nacional. Una conclusión burocrática para un intento de movilización que no trascendió ni en la calle ni en las redes.
Mientras tanto, a 50 kilómetros y en otra frecuencia, el Anfiteatro José Asunción Flores de San Bernardino cerraba ReciclArte 2025: dos jornadas con miles de asistentes, artistas locales e internacionales y la confirmación de que el verdadero pulso generacional estuvo allí. Las crónicas culturales lo definieron como uno de “los eventos más destacados del país”, y no fue exageración.
El contraste es evidente: en Paraguay, la capacidad de movilizar sigue en manos de estructuras organizadas, como los partidos políticos de masas y movimiento sociales. Lo demás queda en la categoría testimonial. La supuesta “marcha Z” no mostró juventud ni novedad; apenas el eco cansado de consignas sin receptor.
Así, el finde largo dejó dos imágenes opuestas: en Asunción, un centenar de marchantes repitiendo viejas fórmulas; en San Bernardino, un anfiteatro repleto de jóvenes viviendo la experiencia cultural que realmente los representa. Si la pregunta era dónde está la Generación Z, la respuesta fue clara: no en la plaza, sino en el recital.



