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viernes, marzo 20, 2026

Creydt junto a Prestes por Jorge Amado

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Paranaländer hojea una edición de L’Humanité de los años 50 y lo encuentra compartiendo la mesa revolucionaria con Luís Carlos Prestes a la luz de la mirada casi mística de Jorge Amado.

 

Jorge Amado (1912-2001) escribió su biografía novelada del líder Luís Carlos Prestes (1898-1990), el famoso revolucionario brasileño, en los años 40 cuando por orden de Getulio permanecía encarcelado. El órgano oficial del partido comunista francés L´Humanité, publicó varios fragmentos de la obra que estaba proscrita. El que evocamos aquí hoy es la de la edición del 8 de diciembre de 1950, pues Amado habla allí sobre nuestro compatriota Oscar Creydt (1907-1988), principal figura del movimiento comunista paraguayo.

En la edición mexicana del libro de Amado se lee cómo Creydt cuenta sobre su primer encuentro con Prestes: “Conocí a Luís Carlos Prestes en el año 1928, en la ciudad de Santa Fe, Rep. Argentina. Dirigía, en calidad de ingeniero, la construcción de una importante avenida en esa ciudad, capital de la provincia de Santa Fe. Me habló de la situación económica de Brasil, de la crisis del café, de la inestabilidad del régimen gubernativo imperante, demostrando una fe serena en el porvenir. En esa época, Prestes comenzaba a interesarse en la lectura de literatura marxista. Estaba en un periodo de análisis, de autoexamen, de crítica retrospectiva”. La fecha es un año antes de que fuera uno de los firmantes del Nuevo Ideario Nacional, proclamación incendiaria de agosto de 1929 que exigía una insurrección popular. Es decir, aún era más anarquista que comunista después de su inicial etapa antilopizta (a los 21 años, es decir, en 1926, aparece con el título de Don como vicepresidente de la Junta Patriótica Paraguaya junto al Dr. Alejandro Dávalos, un mamotreto titulado El Mariscal Francisco Solano López). Es decir, entonces, en esos tiempos prístinos, comía todavía en la mesa de su examinador de tesis Cecilio Báez y el presidente Eligio Ayala. Otra mención a Prestes dice: “Fue en el Salón Auguesteo, Buenos Aires, con motivo de un acto público organizado por la Liga Antiimperialista. Prestes pronunció un discurso sobre la situación de Brasil, planteando ya la necesidad de una revolución de carácter antiimperialista y agrario. Esto era un gran paso hacia adelante. Más grande aún lo fue por el hecho de que Prestes en ese acto ocupó la tribuna justamente con Rodolfo Ghioldi, líder del Partido Comunista Argentino, del partido de la clase obrera de la Argentina”.

A continuación, el texto de L’Humanité, sin cotejar con la edición española ni la original portuguesa: «Y trabaja. Se gana la vida y la de sus compañeros de exilio. Gran ingeniero, técnico indiscutible en su profesión, consigue contratos. En 1928, se encuentra en Santa Fe, en el interior de Argentina, donde dirige la construcción de una avenida en la capital provincial. Los revolucionarios americanos lo buscan allí. De ahí se remonta su amistad con Oscar Creydt, el paraguayo, quien, por aquel entonces, también buscaba un nuevo camino. En su deseo de encontrar un líder para la revolución latinoamericana, Creydt recurre a él, como todos los demás. Creydt provenía de un Paraguay devastado, hambriento y sacudido por levantamientos, golpes de estado e intentos de revolución. Desde el paso de la Columna, el nombre Prestes era conocido allí. Este nombre, que había viajado por toda América, estaba rodeado de heroísmo, revestido de leyenda. Los revolucionarios pequeñoburgueses de América vieron en él al gran líder que tanto habían esperado. En esta peregrinación a Prestes, había algo que evocaba la búsqueda de un Mesías. Y Creydt, al igual que los demás, al igual que el aventurero Maroff, al igual que los apristas del Perú, al encontrarse en presencia de este joven delgado, que parecía más un profesor que un general, comprendieron que Prestes no quería ser un mesías, que combatía con vehemencia el «prestismo», considerándolo una palabra y no una solución; comprendieron que buscaba en los libros, en el estudio de los problemas argentinos y de los partidos que proponían soluciones a estos problemas, el camino, su camino, el camino de su pueblo y de los pueblos de América. Ya había superado la fase mesiánica de la revolución, de la revuelta sin contenido, sujeta a la casualidad de una coyuntura favorable. Su concepción de la revolución ya no se limitaba a los cuarteles de una capital. No atribuyó el fracaso de las revoluciones de 1922 y 1924 a causas fáciles y pasajeras. Ni siquiera lo atribuyó a factores militares desfavorables. Comprendió que este fracaso tenía una causa más importante. Los revolucionarios americanos se sorprendieron con su actitud. Algunos también evolucionarían, encontrarían el camino correcto. Este fue el caso de Creydt. Para él, el ejemplo de Luis Carlos Prestes, el glorioso general, el líder indiscutible —quien admitió con franqueza que aún buscaba su camino— sería más útil que cualquier otro. El ejemplo de Prestes ayudaría a todos estos inquietos a desprenderse de la vanidad inútil, a abrir los ojos a los problemas y a encontrar soluciones».

 

Fuente:  El CABALLERO DE La ESPERANZA (Vida de Luis Carlos PRESTES)

Por JORGE AMADO

En L’Humanité. Órgano central del partido comunista francés. 8 diciembre 1950. Traducción del brasileño por Julia et Georges Soria.

 

 

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