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viernes, junio 5, 2026

Conectar para crecer: una alianza público-privada de alto nivel para cerrar la brecha digital

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Paraguay no puede resignarse a una geografía de dos velocidades. La modernización que impulsa el presidente Santiago Peña exige un salto en conectividad que iguale oportunidades entre lo urbano y lo rural. La vía más rápida, seria y sostenible es una alianza público-privada (APP) de alto nivel, con metas claras, neutralidad tecnológica y control ciudadano.

La decisión de llevar internet de alta velocidad a cientos de escuelas rurales marca un punto de inflexión: el Estado fija el rumbo, garantiza la inclusión y la transparencia; el sector privado aporta capital, tecnología y ejecución. Este es el espíritu de la modernización: resolver problemas reales con instrumentos contemporáneos, sin prejuicios ideológicos ni fetiches tecnológicos.

La brecha digital no es solo cobertura: es calidad, latencia, asequibilidad y uso efectivo. Cuando un aula rural se conecta, no solo mejora el aprendizaje: se abre la puerta a telemedicina, seguridad rural, trámites sin desarraigo, mercados para la producción familiar y capacitación para el empleo. Conectividad es capital humano en tiempo real.

Por eso la APP debe apoyarse en una arquitectura de red híbrida: fibra donde sea eficiente; 4G/5G fijo-inalámbrico y microondas para la última milla; y constelaciones satelitales de órbita baja para las zonas dispersas. El principio rector es la neutralidad tecnológica: que compitan las mejores soluciones para cada territorio, con reglas homogéneas de calidad de servicio.

El diseño institucional es la mitad del éxito. Contratos con pago por desempeño (escuelas, postas de salud, comisarías y municipios efectivamente conectados; disponibilidad ≥99,5%; latencia y ancho de banda verificables), auditorías independientes y tableros públicos de cobertura y calidad.

Tarifas sociales para hogares vulnerables, y un esquema de cofinanciamiento inteligente que combine el Fondo de Servicio Universal, recursos del presupuesto y capital privado, más cooperación de organismos multilaterales. Así se protege el interés público y se reduce el riesgo para acelerar la inversión.

La alianza debe incluir un bloque de apropiación social: formación docente en competencias digitales, repositorios de contenidos educativos, ciberseguridad básica para escuelas y municipios, kits de conectividad comunitaria y un programa de alfabetización digital para familias, emprendedores y adultos mayores. Conectividad sin uso es cable enterrado; conectividad con uso es movilidad social.

Hay, además, un dividendo productivo innegable: cadenas agroalimentarias con trazabilidad y mejores precios; turismo de naturaleza con reservas en línea; Pymes rurales que venden por e-commerce; jóvenes que trabajan remoto desde su ciudad; trámites digitales que ahorran tiempo y costo. Conectar el territorio es también descentralizar el desarrollo.

Paraguay puede y debe liderar en la región un modelo APP ejemplar: metas verificables, licitaciones abiertas, cláusulas anticorrupción, interoperabilidad y soberanía de datos, y un plan de mantenimiento de largo plazo. Incorporar estándares abiertos y formación local (técnicos, instaladores, soporte) multiplica el empleo y deja capacidad instalada.

La modernización no es un eslogan: es una metodología de gobierno. Cuando el Estado convoca con claridad y el sector privado responde con innovación, gana el estudiante que aprende, la familia que se queda en su comunidad, el productor que accede a mercados, el país que da el salto competitivo.

  1. Bajo el liderazgo del presidente Santiago Peña, apostar por una alianza público-privada de alto nivel para la conectividad es apostar por el futuro: un Paraguay sin brechas, integrado, productivo y orgulloso de que la tecnología sirva —por fin— para igualar oportunidades.

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