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viernes, junio 5, 2026

Camilo Pérez y la revolución olímpica: cómo el deporte está cambiando la imagen de Paraguay y de Asunción

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Durante décadas, Paraguay fue visto en el mapa deportivo internacional como un invitado correcto, pero secundario. Eso cambió. En muy pocos años, el Comité Olímpico Paraguayo, bajo la conducción de Camilo Pérez López Moreira, convirtió al deporte en una de las políticas más inteligentes de proyección internacional del país: infraestructura de nivel mundial, calendario de grandes eventos, presencia en los máximos organismos del olimpismo y, ahora, la confirmación de Asunción como sede de los Juegos Panamericanos 2031, el mayor evento deportivo del continente.


No es casualidad. Desde la organización de los Juegos Suramericanos Asunción 2022, Paraguay dio un salto cualitativo: el Parque Olímpico en Luque se consolidó como una “ciudad deportiva” con más de 100 hectáreas, velódromo homologado internacionalmente —uno de los pocos de Sudamérica—, estadios especializados, canchas de entrenamiento y espacios pensados para el alto rendimiento, pero también para el uso a largo plazo, evitando los “elefantes blancos” que suelen dejar otros megaeventos.

Ese legado, potenciado y ampliado, es la base sobre la cual hoy Paraguay puede competir de igual a igual con gigantes de la región para captar sedes y atraer atletas, turistas e inversiones.

La figura de Camilo Pérez López Moreira es clave para entender este giro estratégico. Presidente del Comité Olímpico Paraguayo desde 2011, ha sido reelegido sucesivamente y hoy combina ese rol con la presidencia de ODESUR, la vicepresidencia de Panam Sports y la membresía del Comité Olímpico Internacional, además de integrar los comités de organización de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 y Brisbane 2032.   

No se trata solo de cargos honoríficos: esa red de responsabilidades posiciona a Paraguay en la mesa donde se decide el futuro del deporte mundial. Es desde ahí que se gestionan candidaturas, se atraen eventos y se defiende, con datos en la mano, la capacidad del país para organizar competencias complejas con presupuestos disciplinados.

Los resultados ya son visibles. Asunción no solo organizó con éxito los Juegos ODESUR 2022 —calificados como una de las mayores fiestas deportivas de la historia del país—, sino que aprovechó la experiencia para convertirse en sede de eventos en serie: Juegos Panamericanos Junior, campeonatos mundiales, fechas del Mundial de Rally, entre otros.   

Cada torneo trae delegaciones, prensa, dirigentes y sponsors que descubren un país que rompe prejuicios: aeropuertos funcionales, hotelería que crece y se moderniza, logística eficiente y una capital que, poco a poco, se acostumbra a convivir con atletas de 40 países hablando idiomas diversos en sus calles, restaurantes y espacios públicos.

El impacto no es solo simbólico. Estudios presentados en el marco de la candidatura y de los Juegos Junior muestran que los Juegos Suramericanos 2022 movilizaron inversiones del orden de los 80 millones de dólares en infraestructura deportiva, con retornos económicos estimados muy por encima de esa cifra gracias al turismo, los empleos generados y la activación de servicios asociados.   

El modelo que impulsa el Comité Olímpico Paraguayo, acompañado por el gobierno, es claro: obras pensadas para el largo plazo, articulación público–privada, y un uso intensivo de los escenarios para que cada guaraní invertido tenga efecto multiplicador. De ahí que el deporte empiece a ser reconocido también como política económica, no solo como espectáculo.

Todo esto tiene una consecuencia directa en la imagen internacional del país y, en particular, de su capital. Asunción, históricamente percibida como una ciudad periférica, se reposiciona como hub deportivo del Cono Sur: un nodo donde coinciden el calendario olímpico, la proyección del Mundial 2030 de fútbol y la nueva generación de eventos de alto rendimiento.   

La marca “Asunción 2031” sintetiza esa apuesta: no se trata únicamente de catorce días de competencia, sino de un proceso de transformación urbana, turística y cultural que ya empezó y que tendrá su punto más alto cuando el continente entero vuelva los ojos hacia Paraguay para seguir los Juegos Panamericanos.

En este escenario, el liderazgo de Camilo Pérez López Moreira se vuelve un activo país. Su capacidad para combinar gestión local —ordenando el sistema deportivo paraguayo, acompañando a las federaciones, defendiendo mejores condiciones para los atletas— con una intensa agenda internacional, explica por qué hoy Paraguay inspira confianza en organismos que antes miraban solo a las grandes potencias de la región.   

Cuando un dirigente paraguayo se sienta en las mesas del COI y de Panam Sports y presenta cifras, proyectos y resultados, ya no habla desde la periferia: habla desde un país que se animó a jugar en primera.

Lo que está en marcha es algo más profundo que una sucesión de eventos deportivos. Es una política de Estado que asocia deporte, economía, turismo e identidad nacional.

El gobierno de Santiago Peña, al respaldar plenamente la estrategia del Comité Olímpico Paraguayo, entiende que cada atleta que compite aquí, cada familia que viaja para alentar a su selección y cada periodista que transmite desde Asunción contribuye a cambiar la historia larga de cómo se mira al Paraguay desde afuera. Y ese cambio, empujado por la gestión y la visión de Camilo Pérez López Moreira, ya no tiene marcha atrás.

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