El precandidato a intendente de Asunción, Dani Centurión, reiteró su disposición a someterse junto a Arnaldo Samaniego a una encuesta fiscalizada para dirimir quién encabeza la disidencia colorada de cara a las municipales. El que resulte con menor intención de voto deberá declinar su candidatura y respaldar al otro.
La disidencia colorada de Asunción enfrenta un dilema que se repite en cada ciclo electoral: ir unida o fragmentarse ante el oficialismo. Daniel Centurión, precandidato a intendente de la capital, salió esta semana a instalar una propuesta concreta para resolverlo antes de que sea demasiado tarde: una encuesta fiscalizada entre él y Arnaldo Samaniego, con resultado vinculante para ambos.
Los términos que ofreció son claros. Que el equipo de Samaniego elija la empresa encuestadora, que él ponga los veedores y fiscalizadores, y que quien quede un punto abajo se baje y apoye al otro. «Si 1% Arnaldo está con mayor intención de votos sobre mi candidatura, yo declino. Pero así también, si 1% yo estoy arriba, él tiene que declinar y apoyarme», planteó. Reconoció que las conversaciones aún no se dieron entre los propios candidatos — están hablando los equipos — pero insistió en que el mecanismo es científico y no requiere mayor complejidad. «Acá no hace falta descubrir la rueda», dijo.
En una entrevista con radio Ñandutí, el precandidato apuntó que todos los actores que se precian de disidentes hablan de sus números como si ya estuvieran definidos. «Dice: yo estoy 20% arriba de fulano. Hagamos entonces una encuesta fiscalizada entre los que decimos que somos disidentes», desafió. Para Centurión, esa prueba es la que separa el discurso de la voluntad real de unidad, y quienes la rechacen estarán demostrando que «se hacen los churros».
Aun así, aclaró que la unidad no es para él una condición sine qua non. Si Samaniego y su equipo no aceptan el mecanismo, la disidencia irá dividida y él seguirá en carrera. «Si no hay retorno, no hay problema. Vamos a enfrentarle al oficialista y a ellos también», afirmó. Lo que sí considera innegociable es el diagnóstico de fondo: ir fragmentados ante un oficialismo que controla el gobierno central, el municipal y la estructura partidaria es, en sus palabras, «poco inteligente».



