Paranaländer recolecta de una feria un libro como una especie de canto de cisne de las bellezas del Paraguay ymaiteguare, boscoso, majestuoso, paradisiaco, biodiversificado.
«Ultimo Paraguay. Expéditions et aventures du Muséum d’histoire naturelle de Genève» (2009) de Carlo Dlouhy (1933-2017), cuenta las 11 expediciones científicas por el Paraguay -del fracasado hortelano checo metido luego a macatero en el Chaco- para el Museo de historia natural de Ginebra desde 1979 hasta 1991.
El azar guio su vida. Como nadie quería comprar sus coles de Bruselas en un país nutrido a base de carne y mandioca, empezó de macatero simplemente para hacer uso de su camioneta todo terreno. En el Chaco vio la verdad, es decir, aprendió mirar, a maravillarse día a día ante la naturaleza extraña y compleja. Vio el Chaco como un parque zoológico desmesurado y fantástico.
La modernidad, y un crédito español (franquista) trajeron la civilización primero como puente (Remanso) sobre el río Paraguay, y luego otro crédito la construcción de una gran ruta asfaltada bautizada como Transchaco, y, sobre todo, el fin del negocio’i como macatero.
Otro giro azaroso de su vida fue conocer al director de la escuela forestal financiada por la COSUDE, Cooperación Suiza para el Desarrollo, dedicada a programas de reforestación y formación de guardabosques. Y empezó a dar allí clases de zoología de base. Por medio de colegas que volvieron a Suiza, envié especímenes de animales al Museo de Ginebra. Esos especímenes causaron sensación. Decidieron entonces realizar una expedición multidisciplinaria para observar la fauna paraguaya.
El ministro de agricultura Hernán Bertoni dispuso todas las autorizaciones para recorrer el país entonces bajo dictadura. Y la escuela proporcionó dos camionetas 4×4, marca trucha de Toyota Bandeirante. Fabricadas en Brasil, de Toyota solo tenía el nombre, pues usaban un motor de camión Mercedes Benz.
El libro tiene 160 páginas e infinidad de anécdotas de las cuales solo enumeraré un puñado.
Ranas. El asado de recepción preparado por la esposa del autor para los sabios suizos quedó abandonado hasta enfriarse en los platos al salir toda la comitiva de científicos locos en pos de grabar los cantos de las ranas. Se distinguen las especies por sus cantos. Algunas maúllan como gatos en celo, otras suenan como tambores de macumba…
Mbopis. De aproximadamente 50 especies de mbopi que se encuentran en Paraguay, solo hay un vampiro (que se alimenta de sangre de mamíferos), el Desmodus rotundus. Las demás son frugívoras, insectívoras, o se alimentan de néctar como los colibríes, o pescan peces volando al ras del agua extendiendo la membrana que traen entre sus patas traseras como una red…
El bosque Atlántico. Bosque maravilloso, de cuento de hadas, mundo verde (nhe’êry en Mbya) que se extendía en tiempos antiguos desde el borde del mar de Brasil hasta Paraguay. Era más extenso que el bosque amazónico. Hoy en Brasil está casi totalmente aniquilado por el empuje de la civilización. La reliquia que se encontraba entonces (años 60) en Paraguay estaba prácticamente intacta.
Frontera. La frontera (paraguayo-brasilera en Pedro Juan Caballero) es un queso Emmenthal, queso suizo tipo gruyere, atiborrado de agujeros por bacterias.
Mirza, la tortuga mascota de la primera expedición.
Palpígrado. Este arácnido sudamericano no muy frecuente fue la primera pieza colectada durante un asado surgiendo enigmáticamente debajo de las piedras de jardín.
Estancieros. El administrador de la estancia Las Estrellas (situada al borde del río Apa, frontera con Brasil, con un majestuoso bosque galería con monos capuchinos, y una playa recubierta de ágatas polícromos erosionadas por las aguas…) está casado con dos hermanas. Todo el mundo vive en perfecta armonía y los niños corren por todos lados.
Dictadura. «Los regímenes dictatoriales tienen a veces sus méritos. El sistema de la verticalidad de los poderes hace que las personas no se permitan contestar las órdenes emanadas de arriba. Las autorizaciones ministeriales firmadas por Bertoni hacían milagros cuando algún militar osaba impedirnos el paso o algún latifundista prohibirnos montar nuestro campamento a la vera de la ruta».



