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martes, octubre 13, 2026

Autophagia de Kurupi en Macunaíma

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Paranaländer llega hasta el Kurupi personaje de la novela Macunaíma después de candidatar a esta figura de raigambre popular teete como efigie del flamante billete de 200 mil guaranies.

Esta semana fue la semana de los billetes nuevos, que implicaba no solo un cambio de efigie, en dos casos muy escandalosos se podría hablar, fuera de broma, de verdaderos dioscuros o gemelos incompatibles. El billete de 200 mil guaraníes tendría como gemelo inmortal al Mariscal López y de gemelo mortal a Mariscal Estigarribia. Aberración nefanda. El segundo si bien salvó al Chaco manu militari, de ningún modo es equiparable al primero, salvador del Paraguay y aureolado como una figura numantina-espartana incontestable.. El billete de 100 mil guaraníes tendría a sus dioscuros Mangoré y Flores. Aberración satánica. El primero es nuestra principal y única figura cultural universal.  Basta media hora en youtube para corroborar que sus intérpretes son de todos los puntos cardinales y azimut del planeta. El segundo es un icono regional, conocido en Brasil y Paraguay, nada más. Así que se me ocurrió buscar una alternativa a tales despropósitos. Y mi decisión recayó sobre una figura visceral y popular teete, el Kurupi. Y en ese tren de divagues me acordé que el Kurupí aparece en una escena muy extraña en la novela más importante del modernismo brasilero, Macunaíma.  Pasando de la broma a lo serio, la escena es la siguiente:

 

«E desapareceu. Macunaíma assuntou o deserto e sentiu que ia chorar. Mas não tinha ninguém por ali, não

chorou não. Criou coragem e botou pé na estrada, tremelicando com as perninhas de arco. Vagamundou de déu em déu semana, até que topou com o Currupira moqueando carne, acompanhado do cachorro dele Papamel. E o Currupira vive no grelo do tucunzeiro e pede fumo pra gente. Macunaíma falou:

— Meu avô, dá caça pra mim comer?

— Sim, Currupira fez.

Cortou carne da perna moqueou e deu pro menino, perguntando:

—O que você está fazendo na capoeira, rapaiz!

— Passeando.

— Não diga!».

(Original portugués, 1928)

«Macunaíma argüendeó por el páramo y sintió que iba a llorar. Pero como no había nadie por allá, no lloró. Se dió ánimo y puso pie en el camino, temblequeando con sus piernitas arqueadas. Vagabundeó a troche y moche una semana, hasta que se topó con El Currupira parrillando carne en compañía de su perro Papamiel. El Currupira vive en el mero mero retoño de la palmera manaca y le pide tabaco a la gente. Macunaíma dijo:

—Tata, ¿no me da un poco de caza pa que coma?

—Sí —fue lo que Currupira contestó.

Cortó la barbacoa de su pierna, la medioasó y la tendió hacia el muchacho preguntando:

—¿Y usté mi-chumí, pa dónde bueno camina en la caapuéra?

—Pa Paseo.

—¡No me diga».

 

(Macunaíma. O herói sem nenhum caráter, Mário de Andrade, 1928

Traducción: Santiago Kovadloff y Héctor Olea)

 

«Vagamundeó a troche y moche una semana, hasta que se topó con el Poira parrillando carne en compañía de su perro Papamiel. El Currupira vive en el mero mero retoño de la palmera manaca y le pide tabaco a la gente. Macunaíma dijo:

-Tata, ¿no me da un poco de caza pa que coma?

-Sí –fue lo que Currupira contestó.

Y cortó la barbacoa de su pierna, la medioasó, y la tendió hacia el muchacho preguntando:

-¿Y usté mi-chumí, pa dónde bueno camina en la caapuéra?

-Pa paseo.

-No me diga!»,

 

(Mi ejemplar, versión hispanoamericana de Héctor Olea, Seix Barral, 1977- la más disparatada de todas)

 

En el artículo «Correlación entre mitos sudamericanos (Macunaíma-Kurupira) y grecolatinos (Zeus-Cronos)»  de Elena Jordán Gross, Marco Aurelio Andrade, Ivani do Carmo Correa, Iane María Lessa Andrade  del libro «Algunos mitos latinoamericanos. Su interpretación psicoanalítica, VVAA, 1985», leemos:

«Caminando solo por el boque el héroe se encuentra  con Kurupira, duende carnívoro y glotón que gusta sobre todo de la carne humana, y de ésta la carne tierna de los jóvenes y niños».

Lo que me ha llamado la atención de esta escena, y a los analistas argentos nada, es su naturaleza muy próxima a la autophagia.

Kurupira saja en su propia carne para satisfacer el apetito del curumin Macunaíma, y al mismo tiempo engañarlo con el fin de canibalizarlo. Este acto no llega a la autophagia plena pues Kurupira corta su propia carne no para alimentarse de sí mismo, que sería la definición de autophagia, sino como cebo digamos para conseguir alimento.

Autophagia plena tenemos en varias obras literarias extremas: El autóphagous conceptual de Baudrillard (y Marx) como la esencia del mundo posmoderno y capitalista son ilustradas por las obras de Yuri Mamleyev y Murena.

«Petja, un niño a la edad de 14 años, cultiva diferentes

colonias de hongos, herpes y pústulas en su cuerpo, luego

raspa y se los come. Incluso se prepara una sopa con ellos

(14). Su razón tiene una actitud extremadamente

desconfiada hacia el mundo exterior: «Aceptar algo del

mundo era para él igual que un suicidio religioso o más bien

existencial» (104). Finalmente comienza a alimentarse por

sí mismo con su propia sangre deseando devorarse a sí

mismo, y que le lleva a la muerte al final».

(análisis de la novela Los sublimes –del año 1966- de Mamleyev en The negative World of Yuri Mamleyev, by Eugene Gorny)

 

«¡Manyábanse poco a poco a sí mesmos, los desdichados! E había quen  gostaba comerse hervido a la pucheros, otro firito, el de más allá a la rosbifa inglesa, o sea crudo del natural como salía y non faltaba quien acsábase un bracso intero e goardábalo e roíalo durante semans coal mata hambre firito».

(Folisofía, H.A. Murena, 1976)

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