Lo tildaron “renegado sin votos”, primer nepobaby del Paraguay que accedió a cargos públicos donde brilló por su intrascendencia.
El periodista Pipo Dios arremetió con dureza contra Hugo Estigarribia, cuestionando su papel como analista de la Asociación Nacional Republicana (ANR). En un extenso texto difundido en redes sociales, lo acusó de haber sido un “abogado seco y renegado” que abandonó al Partido Colorado “por bobo, creyendo en un supuesto guiño de Efraín Alegre que solo él vio”.
Estigarribia, que en distintos momentos buscó venderse como una suerte de “reserva moral” de la política paraguaya, nunca logró instalarse realmente en esa posición fuera de un par de periodistas que lo promovieron. Su único paso por el Congreso fue gracias a las listas sábanas, y en todas las elecciones a las que se presentó no llegó a reunir más de cien votos.
Pipo Dios lo describió como un “nepobaby” que accedió a cargos públicos por influencia de su padre, sin mayor relevancia en la Secretaría de la Juventud, y luego como senador “sin pena ni gloria”. Según el periodista, de allí pasó al “desván de los inservibles y fracasados, resentido con la dirigencia que jamás le dio pelota”.
El ataque también apuntó a su herencia política. Recordó que durante el stronismo fue su padre quien se ocupó de adular a Sabino Augusto Montanaro en la directiva del Club Centenario, y quien acuñó la célebre y controvertida frase: “la palabra de un soldado vale más que mil leyes”, convertida luego en símbolo de un dogma jurídico vacío.
La embestida alcanzó igualmente a los medios de comunicación que lo citaron como referente. “Fue un ‘ñembo referente’ de la disidencia colorada, cuando ni siquiera era colorado ni representaba a nadie”, disparó el periodista, afirmando que la prensa debía “buscar gente con arraigo real en la ANR en lugar de cachivaches políticos que terminaban permanentemente en el ridículo o el japi total”.
A este historial se debe sumar uno de los fiascos más cómicos de la política nacional: Estigarribia dejó el Partido Colorado por una suerte de broma de Efraín Alegre, quien le prometió una vicepresidencia imaginaria para luego dejarlo en la nada, consolidando su lugar en la galería de los desengañados sin retorno.
Estigarribia representa un espécimen de la tierna podredumbre stronista, blanqueado por quienes confunden su inutilidad crónica en política con algún tipo de integridad ética. Ese equívoco, alimentado por cierta prensa, le permitió sobrevivir en el debate público a pesar de su insignificancia electoral y de su fracaso como dirigente.
En definitiva, el citado personaje es poco más que un fantasma de las redacciones para opinar desde la nada sobre asuntos varios. Una figura inflada, sin votos, sin peso real y sin autoridad moral. Su lugar en la política paraguaya nunca fue el de un referente, sino el de un decorado vacío, útil apenas para quienes necesitan disfrazar de análisis lo que no pasa de ser puro resentimiento.



