El presidente brasileño invocó la Guerra de la Triple Alianza para justificar el gasto militar de su país. Lo hizo con dos errores históricos y una omisión que pesa más que ambos: no mencionó cómo terminó esa guerra para el Paraguay.
Este viernes, durante una visita a la fábrica de la empresa de defensa Avibras en el interior de São Paulo, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva defendió la necesidad de que Brasil cuente con fuerzas armadas equipadas y con capacidad disuasiva. Para ilustrar el argumento recurrió a un episodio histórico: “A nosotros nos gusta la paz, pero no podemos olvidar que, un buen día, Paraguay decidió invadir Brasil. Invadió Corumbá y, al mismo tiempo, invadió Uruguay y al mismo tiempo Argentina. Y esa guerra, que parecía que no iba a ser gran cosa, duró cinco años.”
Si bien Paraguay declaró la guerra a Brasil el 13 de diciembre de 1864 y ocupó Corumbá semanas después, falta explicar por qué. El 30 de agosto de ese año, la cancillería paraguaya había advertido por escrito al Imperio que consideraría casus belli cualquier ocupación militar del Uruguay. Brasil avanzó igual: el 12 de octubre, el general José Luis Mena Barreto cruzó la frontera uruguaya por Cerro Largo con doce mil hombres y tomó la Villa de Melo dos días después, mientras la escuadra del almirante Tamandaré operaba en el Río de la Plata y bombardeaba Paysandú. El objetivo era derribar al gobierno blanco de Atanasio Aguirre y entregarle el poder a Venancio Flores. Para Asunción, eso significaba quedar rodeada por dos potencias que controlaban sus únicas salidas fluviales al Atlántico.
La respuesta paraguaya llegó en noviembre, con la ruptura de relaciones y la captura del vapor brasileño Marquês de Olinda. La ofensiva sobre Mato Grosso venía preparándose desde antes: en 1864 el coronel Francisco Isidoro Resquín recorrió disfrazado de hacendado las zonas de la futura invasión. Resquín, cuyos escritos figuran entre las fuentes primarias más consultadas del conflicto, sostuvo que Asunción manejaba información sobre una alianza en formación entre Brasil y Argentina y sobre preparativos militares contra el Paraguay. Ese diagnóstico explica la decisión de golpear primero.
Por otro lado, la segunda parte de la frase del mandatario resulta insostenible. Paraguay nunca invadió el Uruguay: era aliado de su gobierno legal, y fue Brasil el que ingresó con tropas a ese territorio dos meses antes de que empezara la guerra. Lula invirtió el orden de los hechos justamente en el punto donde su propio país aparece cruzando una frontera ajena.
A la inexactitud histórica se suma una omisión de otro calibre: dónde Lula decidió detener el relato. La Guerra de la Triple Alianza terminó con el Paraguay destruido. El país perdió cerca del 40% del territorio que reclamaba, repartido entre Brasil y Argentina. Las tropas brasileñas ocuparon Asunción hasta 1876, seis años después del final del conflicto. La magnitud de la mortandad sigue en debate académico —las estimaciones más altas hablan de dos tercios de la población y las más conservadoras de alrededor de un quinto—, pero ninguna corriente discute que se trató de una catástrofe demográfica sin equivalente en el continente.
Nada de eso apareció en el discurso. Un jefe de Estado invocó ante una maqueta de misil una guerra que su país ganó, de la que salió con territorio ampliado y con el vecino derrotado bajo ocupación militar, y la presentó como ejemplo de la vulnerabilidad brasileña.
Para contextualizar: Lula habló en una fábrica de armamento, en año electoral, a tres meses de una elección en la que busca su cuarto mandato. Fue un discurso dirigido a un auditorio brasileño y a un debate presupuestario interno, y lo más probable es que la mención a Paraguay haya sido improvisada. Eso explica el episodio pero no alcanza para justificarlo.
Sobre todo porque la guerra tampoco es, para Brasil, un asunto cerrado. Al terminar el conflicto, el ejército imperial se llevó el archivo público paraguayo y el cañón El Cristiano, fundido con campanas de iglesias y capturado en Humaitá. Uruguay devolvió sus trofeos en 1885 y condonó la deuda de guerra; Argentina lo hizo en 1954. Brasil entregó dos lotes parciales durante sus dictaduras y ahí se detuvo: El Cristiano sigue exhibido en el Museo Histórico Nacional de Río de Janeiro y los archivos nunca volvieron, pese a los reclamos de sucesivos gobiernos paraguayos. La negociación más avanzada por el cañón ocurrió en 2010, al final del segundo mandato de Lula, cuando la decisión quedó en manos del propio presidente. No la resolvió.
Para el Paraguay, la Triple Alianza es el hecho que define su historia moderna: explica su demografía, sus fronteras y buena parte de su relación con los vecinos. Que el presidente del principal socio comercial del país la use como material de campaña, y que al hacerlo confunda quién invadió a quién, amerita por lo menos una aclaración. Y amerita que desde Asunción se la pida.



