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jueves, septiembre 10, 2026

Hay una manera de informar que reduce los suicidios, y otra que los aumenta

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Hoy se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, bajo un lema que pide cambiar la narrativa. La palabra no es casual: entre las cuatro intervenciones que la OMS reconoce como respaldadas por evidencia, una consiste en cómo informan los medios.

 

En 1974, el sociólogo estadounidense David Phillips documentó que los suicidios aumentaban en los días posteriores a la cobertura destacada de un caso en la prensa. Lo llamó efecto Werther, por la novela de Goethe que en el siglo XVIII fue prohibida en varias ciudades europeas tras una ola de imitaciones. Medio siglo de investigación posterior confirmó el fenómeno.

En 2010, un equipo dirigido por Thomas Niederkrotenthaler, de la Universidad de Medicina de Viena, publicó en el British Journal of Psychiatry un estudio que analizó qué tipo de cobertura producía qué efecto. Encontró que las notas centradas en personas que atravesaron una crisis suicida y salieron de ella se asociaban con una disminución de los casos. Lo bautizaron efecto Papageno, por el personaje de La flauta mágica de Mozart que desiste de quitarse la vida después de que tres muchachos le muestran que existen alternativas. Una revisión sistemática publicada en The Lancet Public Health en 2022 respaldó el hallazgo.

Un medio que informa sobre este tema opera, para bien o para mal, sobre una de las cuatro palancas que la OMS identifica como efectivas. Las otras tres son limitar el acceso a los medios letales, enseñar habilidades socioemocionales a los adolescentes y detectar y acompañar tempranamente a quien presenta conducta suicida. En esa lista no figuran las campañas de concienciación, los lazos ni los meses temáticos. La evidencia de que reduzcan la mortalidad es débil

Circula ampliamente, incluso en medios serios, que el suicidio es la segunda causa de muerte entre personas de 15 a 29 años. El dato está desactualizado: tanto la OMS como el Ministerio de Salud paraguayo lo ubican hoy como la cuarta causa en ese grupo. El problema sigue siendo grave y no necesita inflarse. La precisión importa por una razón concreta: exagerar las cifras es una de las prácticas que las guías de cobertura responsable desaconsejan, porque instala la idea de que se trata de algo inevitable.

Cambiar la narrativa implica hablar del tema de otra manera: sin espectacularizar, sin detallar circunstancias, sin presentar el hecho como consecuencia lógica de un problema puntual, y dando espacio a las historias de quienes atravesaron una crisis y encontraron salida. Eso último es lo que la investigación identifica como protector, y es exactamente lo que menos aparece en la prensa, porque una recuperación no tiene la urgencia noticiosa que tiene una muerte.

El Ministerio de Salud sostiene que la mayoría de las personas que llegan a una crisis de este tipo dan señales previas y que el factor de riesgo más importante es un intento anterior. Ambas cosas implican lo mismo: existe un período en el que la intervención es posible. Que ese período se aproveche depende de sistemas de salud, de escuelas, de familias y también, en una medida que no suele reconocerse, de lo que hace un medio de prensa cuando decide cómo contar.

Si estás atravesando una situación de angustia o conocés a alguien que la esté atravesando, podés llamar al 155 «Te escucha», la línea de crisis del Ministerio de Salud. Es gratuita y confidencial, atiende las 24 horas los 365 días del año y se disca directamente desde cualquier teléfono, sin prefijos. Para casos de niños y adolescentes también está disponible el Fono Ayuda 147 del Ministerio de la Niñez y la Adolescencia. Ante una emergencia, acudí al servicio de urgencias del hospital más cercano.

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