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viernes, junio 5, 2026

ANEAES avanza hacia la formalización y conocimiento de la Educación Superior del país

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La ANEAES consolida su rol como garante de la calidad universitaria con un sistema de evaluación por fases y una nueva evaluación formativa que trazará el mapa de la Educación Superior en Paraguay. Por: Abg. Héctor Báez Blanco

La ANEAES ha recorrido un camino de maduración institucional que merece ser comprendido en toda su dimensión histórica y política. Creada en el año 2003, dio sus primeros pasos operativos en 2006, y reafirmó su autonomía con la promulgación de la Ley N° 4995/2013. Hoy, con orgullo, podemos afirmar que se ha consolidado como garante de la calidad en la educación superior, no solo como agencia técnica, sino también como política pública sostenida a lo largo de diferentes gobiernos. Su mayor innovación ha sido la implementación del Sistema de Evaluación por Fases, que marca un salto cualitativo en el aseguramiento de la calidad: una primera fase orientada a los requisitos mínimos, una segunda enfocada en la innovación y mejora continua, y una tercera que apuesta por la autorregulación institucional como horizonte estratégico.

En paralelo, la mayoría de las universidades paraguayas, en especial cerca del 90 % de gestión privada —muchas creadas entre 2005 y 2008 y que aún no superan las dos décadas de existencia— siguen transitando una etapa de consolidación institucional. Este dato no es menor: habla de un sistema en construcción, que todavía no acumula generaciones completas de tradición universitaria, pero que al mismo tiempo tiene la oportunidad de fundar los cimientos de una cultura de calidad sostenible.

El contraste histórico lo ilustra con claridad. En Paraguay, la Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción” se aproxima a sus 65 años de vida, mientras que la Universidad Nacional de Asunción supera los 135 años. A nivel regional, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos del Perú, fundada en 1551, tiene ya más de 470 años, al igual que la Real y Pontificia Universidad de México de ese mismo año. Y si ampliamos aún más la mirada hacia la historia universal, encontramos instituciones como Bolonia (1088), Oxford (1096), Cambridge (1209) o Salamanca (1218), que superan ampliamente los ocho siglos de existencia. Frente a esa perspectiva, nuestras universidades son jóvenes, y precisamente por ello tienen el desafío y el privilegio de erigir una tradición académica propia, inclusiva y de excelencia.

Debe recordarse que la tardía consolidación de la Educación Superior paraguaya no obedece a falta de voluntad política o social. Por el contrario, el Paraguay de mediados del siglo XIX, bajo el gobierno de Carlos Antonio López, impulsó un proyecto modernizador ejemplar para la región: se fundaron escuelas, se enviaron jóvenes a formarse en el exterior y se gestó una generación de intelectuales notables como Cecilio Báez, Juan E. O’Leary, Manuel Gondra, Juan Crisóstomo Centurión y Gregorio Benítez. Sin embargo, la Guerra de la Triple Alianza truncó de manera dramática ese proceso, provocando un quiebre estructural en la formación de capital humano y en la continuidad del proyecto educativo.

Del casi exterminio nacional surgió la necesidad de reconstrucción. La fundación de la Universidad Nacional de Asunción, hace más de 135 años, fue una respuesta estratégica para formar a los líderes que conducirían el destino del país. Desde entonces, la educación superior se fue consolidando con lentitud: primero a través de la Universidad Nacional y algunas iniciativas privadas, luego con la masificación de la oferta a partir de los años 2000, y finalmente con la creación de un organismo garante de calidad como la ANEAES, que hoy representa la única política pública de educación superior mantenida con continuidad, más allá de las coyunturas y de los gobiernos de turno.

No obstante, instalar la cultura de la calidad en el sistema no es tarea sencilla. El 90 % de las Instituciones de Educación Superior aún están en una fase de consolidación, en la que su prioridad es la supervivencia institucional antes que la maduración de una visión estratégica de calidad. Allí radica la importancia de la función de acompañamiento de la ANEAES: no se trata de un órgano sancionador o distante, sino de un socio que guía a las instituciones en un itinerario gradual de mejora. La evaluación por fases llega en un momento crucial, pues permite avanzar paso a paso, sembrando la cultura de la calidad en un terreno todavía joven pero fértil.

Si este proceso se sostiene con visión estratégica y compromiso compartido, los beneficios serán palpables: no solo en la formación de los estudiantes, sino también en el fortalecimiento institucional del país. La consolidación de la calidad en la educación superior es, en definitiva, un factor de engrandecimiento de la República del Paraguay, siempre libre y soberana, y llamada a proyectar su capital humano como pilar de desarrollo y competitividad en el siglo XXI.

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