Tras más de quince años de espera, el Consejo de Administración del IPS aprobó la implementación del Seguro Social del Artista previsto por la Ley 4199/2010, y con ello abre la puerta para que miles de creadores accedan a cobertura de salud en el sistema público. Es un acto de justicia largamente postergado que dignifica a quienes sostienen, con su talento y trabajo, la memoria viva de la Nación.
La medida es coherente con una tradición doctrinaria: el Partido Colorado ha sido, a lo largo de su historia, el gran motor de la ampliación de derechos en Paraguay. Bajo gobiernos colorados se consagró el sufragio femenino, se promulgó el primer Código del Trabajo con vacaciones pagas, se impulsó la reforma agraria y, ya en el siglo XXI, se inauguraron las transferencias condicionadas que fortalecieron a las familias más vulnerables y se comenzó a edificar un sistema moderno de protección social. Ese hilo histórico —que entiende el desarrollo no solo como crecimiento, sino como construcción de ciudadanía— hoy se extiende al campo de la cultura.
Porque el arte no es adorno ni lujo: es trabajo, es identidad y es también soberanía. Durante décadas se invocó a los artistas desde un lirismo cómodo, pero pocas veces se los reconoció plenamente como sujetos de derecho. Con esta decisión, el Estado afirma algo elemental y, sin embargo, decisivo: la cultura también es un trabajo que merece protección. Músicos, actores, bailarines, artesanos, escritores, gestores y cultores del arte que se desempeñan sin relación de dependencia podrán incorporarse a la cobertura de salud del IPS, de acuerdo con los procedimientos que fija la ley: inscripción y certificación en el Registro Nacional del Artista y, luego, acceso a la protección sanitaria. Así, el Paraguay deja de mirar a sus creadores como excepciones románticas y los integra al mismo piso de dignidad que reconoce al docente, al agricultor o al trabajador de cualquier rubro.
El alcance está claramente establecido y conviene decirlo con precisión: se trata de cobertura de salud, y los detalles de aportes, base imponible y fecha de entrada en vigor se definirán en la resolución operativa del IPS. No hay promesas grandilocuentes ni expectativas desmedidas; hay una implementación concreta de un derecho ya consagrado por ley y, por fin, activado. La formalización del sector artístico empieza por su protección sanitaria y avanza, en términos de política pública, hacia el resguardo de nuestro acervo cultural y la fortaleza de nuestra identidad nacional.
Esta decisión ordena el sistema y reconoce el valor económico, social y simbólico del arte. La cultura paraguaya genera empleo, moviliza cadenas productivas, proyecta la imagen país y sostiene una parte esencial de nuestra cohesión nacional. Formalizar a los artistas es elevar estándares, transparentar la relación entre creación y mercado y darle previsibilidad a un ecosistema que muchas veces quedó a merced de la informalidad. Es también un mensaje hacia las nuevas generaciones: en Paraguay, crear vale, y el Estado protege a quienes crean.
El gobierno de Santiago Peña asume, con esta decisión, un compromiso que trasciende a un sector. La cultura es la memoria organizada de una Nación; es aquello que nos permite reconocernos en un idioma común, en una música compartida, en una historia que resiste a la intemperie del tiempo. Defender a los artistas es defender ese idioma común. Y hacerlo a través de políticas públicas, no solo de homenajes, es el modo responsable de honrar el talento paraguayo.
Hay tareas que siguen: difundir los requisitos de inscripción, simplificar trámites, asegurar que el Registro Nacional del Artista funcione con agilidad, acompañar a los creadores en el proceso de formalización y garantizar la sostenibilidad financiera del esquema. Pero nada de esto disminuye el hecho central: se activó un derecho cuya inercia burocrática había convertido en letra muerta. Hoy empieza a ser vida concreta para miles de compatriotas.
Con esta medida, el arte paraguayo entra en la historia de los derechos, y el Partido Colorado reafirma su vocación histórica de gobernar ampliando la dignidad del pueblo paraguayo. El Paraguay no solo protege a sus artistas: protege su propia alma, y confirma que una Nación crece de verdad cuando reconoce, en quienes la cantan, la tallan y la cuentan, a trabajadores con nombre, con derechos y con futuro.



