El PLRA enfrenta un vacío de liderazgo tan profundo que incluso en las elecciones municipales sus propios candidatos son dejados de lado. Agustín Saguier, aspirante a la intendencia de Asunción, ha visto cómo su partido prefiere apoyar a una figura externa antes que respaldar a uno de los suyos.
Por: Héctor Gayoso.
El Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), que alguna vez fue el principal contrapeso político del Partido Colorado y un pilar de la historia democrática paraguaya, atraviesa hoy una crisis que va más allá de lo electoral: ha perdido la fe en sí mismo. Su dirigencia, dispersa en facciones sin proyecto común, parece resignada a acompañar iniciativas ajenas antes que construir las propias.
En Asunción, el caso de Agustín Saguier expone esa decadencia con crudeza. A pesar de haber sido designado como candidato del partido dentro del bloque opositor Unidos por Asunción, Saguier fue abandonado por sus propios correligionarios, que decidieron volcar su apoyo a una figura externa: Soledad Núñez.
En lugar de fortalecer una candidatura liberal, los referentes partidarios, concejales municipales y presidentes de todos los comités de la capital —sin excepción— optaron por alguien ajeno a su estructura, evidenciando la falta de confianza incluso dentro de sus propias filas.
A través de una nota presentada al presidente del PLRA, Hugo Fleitas, los dirigentes firmantes solicitaron que el Directorio Nacional apruebe la alianza electoral con el movimiento encabezado por Soledad Núñez y oficialice su nominación como candidata a la Intendencia. El documento sostiene que “49 de 49 comités de Asunción del PLRA” respaldan esa iniciativa.
Pero el problema no se limita a la capital. En el interior del país, la figura de Miguel Prieto —exintendente de Ciudad del Este— se ha convertido en un espejo incómodo para el liberalismo. Prieto, sin estructura nacional y sin los recursos de los viejos partidos, logró consolidar un liderazgo que puede gustar o no, pero que ocupa el espacio que el liberalismo dejó vacío. De hecho, tras su destitución de la Municipalidad de CDE, fue él mismo quien impuso nuevamente a su candidato para representar a la oposición, dejando al PLRA como furgón de cola.
Además de que muy probablemente bajen su candidatura propia en Asunción, no tienen candidatos en Ciudad del Este; en Encarnación, el intendente es Luis Yd, también opositor pero ajeno al PLRA. Es decir, en las principales ciudades del país el partido ni siquiera pugna por la intendencia municipal. Como dijo hace algunos días el exsenador Alfredo Jaeggli sobre sus correligionarios: “Ahora lo que quieren es concejalías nomás”.
Para las próximas elecciones generales ocurre lo mismo: no hay convicción de que el centenario partido pueda ofrecer desde sus filas un candidato presidencial. Ninguna figura partidaria tiene posibilidades frente a los nombres independientes que rondan las carpas opositoras.
Mientras tanto, el PLRA continúa enfrascado en disputas internas y liderazgos que no logran trascender su propio círculo. Las figuras que alguna vez representaron la esperanza de renovación han quedado diluidas entre las luchas de poder y el desencanto generalizado. El resultado es un partido sin narrativa, sin épica y, lo más grave, sin fe en su propio destino.
El caso de Saguier no es solo un episodio municipal: es el síntoma de un partido que ha perdido el rumbo. Frente al avance de nuevos actores y al pragmatismo de los aliados, el liberalismo paraguayo parece condenado a ser un acompañante en lugar de protagonista. Y cuando un partido deja de creer en sus líderes, en su historia y en su capacidad de transformación, deja también de ser alternativa.



