Las encuestas suelen ser objeto de sospechas, pero hasta la fecha no existe una sola medición que muestre un escenario aunque sea reñido en Asuncion. El todas la diferencia a favor de Camilo Pérez es contundente. Más allá de los números, la diferencia responde a factores estructurales: la unidad alcanzada por la ANR, su despliegue territorial, la fortaleza de su lista de concejales y una oposición que llega a la elección atravesada por disputas estratégicas que ya proyectan el escenario de 2028.
A pocos meses de las elecciones municipales, la candidatura de Soledad Núñez no consigue alterar la tendencia que reflejan las mediciones conocidas. Aunque los porcentajes varían entre encuestas, todas coinciden en un dato políticamente relevante: Camilo Pérez aparece al frente con una ventaja apreciable y, hasta ahora, no se observa un escenario de competencia verdaderamente reñida.
Una elección nunca está definida antes de que los ciudadanos voten. Sin embargo, existe una diferencia entre una campaña competitiva y otra en la que uno de los candidatos todavía debe convencer al electorado de que realmente puede imponerse. Ese parece ser hoy el principal desafío de la candidata opositora.
La explicación no se encuentra únicamente en las cualidades personales de los candidatos. La campaña refleja, sobre todo, la distinta capacidad de organización de los espacios políticos que los respaldan.
Para la ANR, Asunción representa la madre de las batallas. Recuperar la capital tiene un enorme valor simbólico y estratégico, pero también constituye el primer gran ensayo político con vistas a 2028. La capital fue uno de los territorios que más contribuyó al triunfo presidencial colorado en 2023 y, por ello, conservar o ampliar esa fortaleza tiene un significado que trasciende largamente una elección municipal.
Esa percepción ayuda a comprender el elevado grado de cohesión que exhibe el oficialismo. La unidad no es solamente un discurso. Quienes compitieron en la interna hoy trabajan activamente por la candidatura de Camilo Pérez, y el respaldo incluso alcanzó a referentes de otros sectores del partido. La lógica predominante es que el objetivo común está por encima de las diferencias internas.
A esa unidad política se suma una estructura territorial difícil de igualar. La ANR presenta una lista de candidatos a concejales con dirigentes que poseen equipos propios, organización barrial, recursos y capacidad de movilización. Cada candidatura constituye una campaña en sí misma y, al mismo tiempo, fortalece la candidatura de Camilo Pérez.
En la oposición ocurre exactamente lo contrario. La expectativa es que sea Sole Núñez quien arrastre a toda la lista de concejales. Y no es difícil entender por qué: salvo un puñado de dirigentes liberales con trayectoria, muchos de los candidatos carecen de instalación pública y de estructura territorial propia.
Gran parte de los candidatos a concejales de Sole solo son conocidos por sus madres, sus abuelas y algún tío cercano. Difícilmente una lista pueda aportar volumen electoral con tantas figuras fantasmas. Lo grave de estas figuras es que ni siquiera compensan su irrelevancia territorial con algún tipo de arrastre en redes sociales, donde tampoco son conocidos, salvo para, de vuelta, sus familiares cercanos y quizás ex compañeros de colegio.
También existe un componente sociológico que suele pasar desapercibido. Camilo Pérez disputa los mismos sectores sociales y económicos donde la oposición esperaba construir una ventaja. No representa el perfil clásico del dirigente partidario tradicional, sino el de un empresario exitoso que comparte códigos, ámbitos y vínculos con buena parte del electorado al que también apunta Sole Núñez. El candidato de la ANR dejó sin financiamiento a la candidata opositora por su fuerte inserción en las clases altas nacionales.
La alianza opositora enfrenta, además, una dificultad adicional. El PLRA continúa siendo el único partido con implantación territorial real dentro de ese espacio, pero debe compartir protagonismo con sectores que poseen escasa capacidad de aportar votos propios. En consecuencia, quien aporta la estructura no conduce plenamente la alianza y quienes pretenden conducirla no cuentan con una estructura equivalente.
La última interna colorada terminó de reforzar esa percepción. La elevada participación y la contundente victoria de Honor Colorado consolidaron la imagen de un oficialismo movilizado, disciplinado y sin señales visibles de fractura. Aquello que podía convertirse en un factor de desgaste terminó funcionando como una demostración de fuerza.
Existe, además, una diferencia estratégica entre ambos espacios. Para la ANR, Asunción es, como ya dijimos, la madre de las batallas y toda la organización actúa en consecuencia. El objetivo inmediato es recuperar la capital, pero también enviar un mensaje político de fortaleza con vistas al ciclo presidencial de 2028. La elección municipal ordena al partido detrás de un propósito compartido.
En la oposición ocurre exactamente lo contrario. Mientras el Partido Colorado concentra todas sus energías en ganar Asunción, el espacio opositor aparece atravesado por una disputa silenciosa sobre quién conducirá ese sector en los próximos años. La campaña municipal convive con una competencia de proyectos personales, liderazgos y egos que ya miran hacia la siguiente elección presidencial.
En el fondo, en Asunción también se está definiendo otra batalla. Se juega si Miguel Prieto termina absorbiendo buena parte del espacio político que históricamente ocupó el Partido Liberal Radical Auténtico o si el centenario partido logra demostrar que todavía conserva la centralidad suficiente para seguir siendo el eje de cualquier alternativa de poder. Mientras la ANR discute cómo ganar la capital, una parte importante de la oposición discute quién conducirá la oposición después de la elección.
Por eso, el problema de Sole Núñez no parece reducirse a una cuestión de campaña, comunicación o imagen personal. Enfrenta una competencia entre dos modelos políticos profundamente distintos: de un lado, un partido unido, movilizado y con una poderosa estructura territorial. Del otro, una candidatura que debe cargar sobre sus hombros buena parte del peso electoral de una alianza que todavía no consigue ordenar sus propias tensiones.
Si esa realidad no cambia en las próximas semanas, las encuestas no estarán describiendo únicamente una ventaja circunstancial de Camilo Pérez. Estarán reflejando una diferencia mucho más profunda entre una fuerza política que llega convencida de estar disputando la madre de las batallas y otra que, al mismo tiempo que intenta ganar Asunción, todavía debate quién será su conductor hacia 2028.



