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viernes, septiembre 18, 2026

El guaraní /jopara migrante de Dolo Trenzadora

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Paranaländer vuelve de un corto tour poético por tierras platinas engripado pero con una maravilla de jopara migrante de Dolo Trenzadora.

El lunes 14 había recalado en Puerto Madero de Montevideo vía Colonia Sacramento. Llegué ya inficionado de una gripe atlántica. Mi dieta montevideana: mandarinas solares, bananas pynchonianas, pan amasado con grasa de chivo y té, tazas y litros de té. En la cabeza de Goliat: de libros y yiyis. Libros pulp, olorosas, hinchadas, voluminosas, pesadas. Yiyis platónicas. El martes 15, después de una noche en vela (acosado por un póra sonoro, una maquina infernal que repetía en loop la discografía completa de Redonditos), me puse a patear Gral. De las Heras chupando gajos semilludos de mandarina pillada en las fruterías andinas en plan malévolo de asaltar la Biblioteca Nacional. Me enamoraba en cada cuadra platónicamente de una de estas yiyis viandantes, paseantes baudelairianas, uiaras flâneur, para desenamorarme ipso facto en la siguiente esquina. En la biblioteca pedí «Opë pohä ñaña rykue=se rompe el gualicho (2023) de Dolo Trenzadora. Pasado un tiempo prudencial para ver emerger de las catacumbas nacionales tal joya, y ya no pudiendo aguantar sonarme los mocos y expulsar la flema de la garganta rotten, me refugié again en la calle.

En la noche fresca de Caballito topeté con Dolo, quien, tras oír mi odisea con la burocracia porteña, me regaló «De raíz gritaré la frontera»» (ediciones Maldemar, 2025).

El libro tiene dos dedicatorias, la segunda es al jopara.

Uno de los 2 epígrafes es de Susy Delgado.

La prologuista Verónica Gómez nos cuenta que el español y el guaraní forman parte del trabajo y la vida de la poeta oriunda de Quilmes, e hija de paraguayos que migraron a Argentina. La prologuista a su vez nos informa, en una nota bene que casi me hace mezclar las lágrimas a los mocos griposos, que también es hija de padres paraguayos y que fue criada en Quilmes entre arpas, guitarras y canciones guaraníes.

Leemos «En mi casa de paraguas», suerte de ars poética:

«En mi casa de paraguayos,

Decir «paragua» era insulto,

pero decir kurepa

(argentino, piel de chancho)

es decir, lisa y llanamente, la verdad.

 

En «Sobre los ojos en la calle» aprendemos una estrofa que un fuerte retintín de los ñe’ënga:

Yvyrakua tova

Oimehápe oikuaa

Oimehápe oikuaa

Yvyrakua tova.

 

En «Satisfacción» ve la hipocresía (tova mokõi) con ojos cansados (resa kane’o).

«Para cada amante» me lleva a incluir a Dolo en el gran equipo de poetas de la sombra junto a Ian Curtis («Shadowplay»), Adelbert von Chamisso («El hombre que perdió su sombra»), Sadeq Hedayat («Solo escribo para mi sombra»), Apollinaire («Sombra tinta del sol/Escritura de mi vida/Arcón de penas/Un dios que se humilla»), Musset («Una mujer es como vuestra sombra,/ perseguidla y huye vosotros,/huid de ella y os perseguirá»), y el paraguayo López Decoud (que cumplió el deseo de Musset que cuando muera planten sobre su tumba un sauce, cuya sombra será dulce y ligera a la tierra en que repose). Copio completo este maravilloso poema:

Roikemi

Entramos

rohetũ

a los besos

roñe’ē ore sapukái asy

hablamos nuestro clamor.

Roikemi

Entramos

Rohetũ

a los besos

ha ndaoreresaráiri

y no olvidamos

ore ta’anga jesu’u

el mordisco de nuestra sombra.

 

Me quedo por aquí porque este poema es una de las cimas del libro y también por mi condición física inestable, a un tris del resquebrajamiento. Espero comprendan que una vulgar columna nunca aspira a las cotas dramáticas de un poema supremo y suicida escrito con la propia sangre.

Dolo Trenzadora, nombre de pluma sáfico, nació en 1985, es estudiante de Letras, astróloga y poeta de 3 libros de poesía donde joparaiza el guaraní con el español.

 

 

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